• Bomberos y pescadores acusan: apretaron cachete

POR CLAUDIO PIZARRO, DESDE TIERRA CHORERA • FOTOS: ALEJANDRO OLIVARES

Poco se ha hablado del histórico puerto de la octava región. Pero por estos días pasa de todo. Los marinos han encontrado minas en la playa, han aparecido personajes insólitos, como aquel que arrastraba un ataúd lleno de comida por las calles. O la historia de un ex marino que todas las noches pasa revista en las fogatas de los cerros y la de un poblador que faenó sus plantas de marihuana y se las regaló a sus amigos. Son historias mínimas. Algunas atroces. Pero lo más terrorífico fue enterarnos que la Armada, según pescadores y bomberos, fue alertada acerca de la posibilidad de un tsunami. Aseguran que arrancaron y no le avisaron a nadie.
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“¡¿Qué pasa con la weá, conchetumadre?! ¡Estamos solos aquí y nos vamos a morir! Da alguna información!”, gritó el capitán de la embarcación de madera Denisse Macarena, de apenas 15 metros de largo, a quien en ese momento lo escuchaba por radio desde la Gobernación Marítima de Talcahuano. Recién había sido el terremoto y el pequeño bote navegaba frente a Penco, con 25 mil kilos de carga, en las inmediaciones de la bahía de Concepción. Ramón Araya, contramaestre de la embarcación, recuerda que comenzaron a saltar y vieron “como se apagaban las luces por todos lados”.
-La mar era como si estuviera dura, saltábamos como 30 centímetros sobre el agua, pensábamos que se iba a quebrar el barco, nos afirmábamos de cualquier cosa. Minutos después la ciudad se empezó a iluminar por los incendios -recuerda.

Después del terremoto los pescadores cortaron la red y enfilaron la embarcación rumbo a Talcahuano. Cuando pasaron por el faro flotante Belén, se les paralizó la sangre.

-El faro tiene hacia abajo 22 metros de profundidad y en ese momento tenía apenas tres metros… La mar se estaba recogiendo y ellos (los marinos) seguían con la weá que no había tsunami -cuenta el contramaestre, que logró llegar con vida a su hogar, junto a otros siete compañeros, luego de 10 horas a la deriva esquivando containers.

El panorama en tierra después del terremoto era similar. Quienes se colgaron a la frecuencia 16, conocida como Banda Marina, coinciden en que la Gobernación Marítima contó con los antecedentes necesarios para alertar a la población y no lo hizo. Un ingeniero en transporte marítimo, funcionario del puerto de Talcahuano, acudió luego del terremoto a su oficina, sacó la radio y huyó con su familia a los cerros. Una vez a salvo, sintonizó la frecuencia naval y escuchó toda la información que se transmitía por la banda.

-Los marinos insistieron hasta última hora que no había tsunami y estaban en eso cuando un pesquero que estaba un par de millas más allá de la isla Quiriquina dio un informe sobre el alza de mareas. Los compadres le piden información de cuánto es el alza. Minutos después el mercante les dice que se trata de dos metros y fracción, casi tres. ¿Y viene con ola o sin ola?, preguntan los marinos y ellos responden que es un alza. OK, dicen los marinos -cuenta el funcionario portuario.

El ingeniero siguió escuchando desde los cerros cuando otra embarcación ingresó a la frecuencia. Se trataba de un lanchón menor que comentó a la gobernación que habían encallado cerca del muelle.

-De inmediato me ubiqué en el cerro y vi que la mar se había recogido. En ese momento empezaron a pitear los barcos. Entre el informe del barco que estaba en la Quiriquina y el aviso del lanchón, habrán pasado unos 45 minutos ¡Si tuvieron todo el tiempo del mundo los hueones! -alega.

Después de escuchar el último mensaje, el ingeniero respiró hondo y comentó: “aquí quedó la cagá”. “A partir de ese minuto la capitanía de puerto de Talcahuano cerró sus transmisiones, o sea, apretaron cachete”, concluye.

SIN BAJAS

La información entregada por el ingeniero la corrobora Marco Oyarzo, comandante de Bomberos de Talcahuano. La noche del terremoto, antes del tsunami, el segundo comandante a cargo de la institución, bajó desde los cerros a la gobernación marítima y no encontró a nadie.

-Nuestro funcionario se tuvo que retirar. Frente a eso no podíamos hacer nada. ¿Con quién nos enlazábamos? Eso no es normal porque se supone que si no hay tsunami debió haber habido gente en la gobernación. No había ni siquiera personal de guardia -agrega Oyarzo.

La oficina de Relaciones Públicas de la base Naval de Talcahuano, sin embargo, tiene otra opinión.

-Difícil sería que no encontraran a nadie pero, efectivamente, en la guardia puede que no hubiera nadie porque se evacuó. Pero en el centro de mando había gente -dice allí el capitán Jorge Bastías.

-¿Y que pasó con la banda marina? ¿Tenían equipos electrógenos para seguir funcionando?

-Ehhh, no… O sea habían equipos alternativos, pero había pasado un terremoto hacía media hora y estábamos en proceso de armar todo de vuelta -comenta a The Clinic Bastías.

Cristián Lagos, dirigente del sindicato número 1 de Asmar, no comulga con las explicaciones de la institución.

-En el fondo estos huevones se echaron al pollo. Lo que pasa es que en el año 2006 hubo una falsa alarma de tsunami y la señal salió de acá. Mucha gente arrancó, colapsó la autopista y el condoro le costó el puesto al comandante de la Segunda Zona, por eso nadie se quiere hacer responsable -acusa.

Luego del terremoto, el almirante Roberto Macchiavelo se comunicó, a través de un enlace hecho por Carabineros, con el intendente Jaime Tohá. Le dijo que no había tsunami y el intendente lo repitió en una visita que hizo esa noche a radio Bío Bío donde entregó la información de la Armada.

Pero, como cuentan los bomberos, a esa hora la Armada había evacuado su base.

Sin embargo, lo más trágico de la cadena de errores estaba por desatarse: algunos bomberos que a esa hora escuchaban por radio la información de la Banda Marina, comenzaron a transmitirle a la gente que no había posibilidad de maremoto y que podían volver a sus casas.

Hay funcionarios muy afectados por esta situación -explica el comandante Oyarzo.

Y no es para menos. Muchas personas volvieron a sus hogares. Fueron precisamente aquellos que confiaron ciegamente en las autoridades. En la población Santa Clara, en el sector de Salinas, nueve personas murieron producto del tsunami. En la base naval de Talcahuano, en cambio, no hubo ninguna baja.

LANZAS Y FLECHAS

A la mañana siguiente, Talcahuano estaba prácticamente en el suelo. Luego del maremoto, una intensa niebla cubrió los cerros y el olor a pescado, tan característico del puerto, se propagó por las calles como un vaho siniestro. La gente estaba aterrada. Hasta el cura se marchó en cuanto amaneció.
Algunas personas todavía estaban atrapadas en sus casas y otros, con las puertas de sus departamentos trabadas, tuvieron que pasar el cataclismo allí. Hugo Aguilera, de 22 años, vio todo desde la ventana de su departamento en un segundo piso y completamente solo.

-Estaba tiritando, no sabía qué hacer, pero lo más más cuático fue cuando vi un barco que venía en dirección a mi casa y, a pocos metros, viró para el lado después de chocar con un poste -relata.
Yuri Rossini, otro vecino de la zona cero, estaba en completo estado de shock. En cuanto nos vió merodear por el lugar murmuró con ojos exorbitados: “Jamás, aunque te imagines, vas a sentir lo que sentí yo”.

Fabio Echeverría, un ingeniero forestal cesante, también perdió todo. Su departamento, en un primer piso frente al muelle, en la manzana 74, sufrió los embates de las olas sin contemplación.

-Si no fuera por mi hijo que me decía: “papá, prométeme que vamos a sobrevivir”, yo no habría arrancado y hubiéramos cagado porque no sabíamos nada -recuerda.

Pero lo peor estaba por venir. Después del maremoto empezaron los saqueos. El feeling que provocó el caos en la masa lumpen fue lo primero que afloró. Una multitud se abalanzó sobre los supermercados y las grandes tiendas comerciales de la ciudad.

-El puerto estaba pa la cagá y la gente métale saqueando. Cuando veía la huevá daban ganas de ponerse a llorar -dice Pepe Ávila.

Al igual que en otras ciudades, la turba luego del saqueo trasladó a sus casas todo tipo de enseres y una importante cantidad de electrodomésticos. La principal tienda afectada fue Mundo Hogar, de la familia Ananías.

Pero lo que más descolocó a Ávila fue una escena que vio cerca del muelle. A falta de carros de supermercados, los saqueadores agarraron unos féretros de la funeraria Urrutia, los amarraron con una cuerda y comenzaron a arrastralos por las calles.

-Si los hueones se parecían a Django, el hueón de las películas de vaquero, que arrastraba un ataúd -recuerda.

Alejandra Fuentes, cuenta que vio a un anciano afuera de una tienda preguntando “si había un terno por ahí”.

-Si po, ahí en la calle -le respondió un saqueador, cuenta la mujer.

-¿Dónde? -insistió el viejo.

-Ese que está ahí, ese de ciprés -le volvió a decir el hombre, apuntando con la boca fruncida una urna de madera.

El humor negro es quizá el único recurso de la gente para capear el estrés post-traumático. Las anécdotas en el pueblo son innumerables. Nicolás Felipos, un estudiante universitario de 23 años, recuerda que en los supermercados los flaites daban órdenes de cómo ser más eficientes a la hora de la rapiña.

-Había uno que gritaba: “ya, vamos poniendo orden, por acá saliendo, por allá entrando, si todos queremos robar” -rememora el joven.

No son pocos los que advierten la ironía de la frase:

-Si estos huevones estaban más organizados que los políticos -agrega Marcos Díaz, un ingeniero civil que vio los desmanes.

La llegada de los militares fue tomada como una bendición. Muchos en el pueblo hacen el paralelo con el terremoto de 1906 de Valparaíso e invocan la imagen del Almirante Gómez Carreño. Hay quienes, derechamente, quieren ver sangre derramada.

-El almirante fusiló a todos los ladrones, pero para eso hay que tener pantalones. Hay que agarrarlos, comprobar si han robado y bala con los hueones -dice Manuel Correa en la plaza del pueblo.

Cuando comenzaron las detenciones, la gente aplaudía a los militares en las calles. Es por eso que, cuando alguno pedía algún favor, todos corrían para atenderlos. Hace unos días atrás, cuenta Nicolás Felipos, escuchó que un militar le pedía agua a una señora en un cerro.

-¿Con gas o sin gas? -le contestó la mujer sin reparar en el detalle acusador.

La tensión ha hecho aflorar una caterva de extraños personajes. La mayoría estaba esperando un episodio como éste para emerger de las sombras. Víctor Rozas, un ex suboficial de la Armada, es uno de ellos. Es frecuente verlo por el cerro David Fuentes dando instrucciones a los jóvenes que están en las fogatas. Días más tarde, fue invitado a la Teletón a contar su experiencia.

-La otra noche pasó y le enseñó a los cabros cómo reventar los tobillos a los flaites y después les decía: “si se les pasa la mano, lo tiran a una casa derrumbada, después yo hablo con los milicos y les digo que se cayó. Y si vienen a preguntar: ¡todos con la misma historia, me oyeron!”- cuenta Nicolás Felipos.

Cada uno en Talcahuano vive la catástrofe a su manera. También el “Loco Pancho”, del pasaje Urrutia, que por estos días se pasea con escopeta defendiendo su barrio. “Después de los saqueos quería puro pitearme un flaite, si me creía comando”, comenta. Aparte de defender su sector el Loco, acorde a los tiempos de escasez, faenó sus matas de marihuana y las repartió con sus amigos. “Ahora me dicen comandante Pancho”, cuenta con algo de orgullo.

La defensa de los barrios ha hecho proliferar una infinita variedad de constructores de armas. Hay quienes se han creado lanzas con puntas de rejas, han amarrado cuchillos con palos y no ha faltado quien ha salido con arco y flecha a las calles como César Santa Cruz, un comerciante del sector de Higueras.

-El arco me lo regaló mi hermano y como no tenía nada con qué defenderme, salí con la huevá a las fogatas -recuerda.

El loco Pancho remata: “Si está huevá parecía Corazón Valiente”.

MINAS EN LA PLAYA

Después de tanto instinto primitivo a la deriva, con el correr de los días, la adrenalina tendió a apaciguarse. Pero los problemas para Talcahuano, todavía sin agua y luz en gran parte de la ciudad, no escasean. Menos para los marinos que el martes de la semana pasada fueron alertados que un extraño objeto había encallado en una playa ubicada frente al colegio A-21. Para sorpresa de los uniformados se trataba de una mina. El artefacto habría sido arrastrado después del tsunami desde las bodegas de armamentos de la Armada ubicadas a más de un kilómetro de distancia.

-De inmediato comenzó un operativo de evacuación y llegaron efectivos del GOPE para enfrentar cualquier tipo de eventualidad -comentó una alta fuente de bomberos.

Pero no se trataba de un sólo artefacto. Después de revisar la playa los uniformados descubrieron otra mina a orillas del mar y, según fuentes de la institución, otras tantas flotando en el mar.

-Se trata sólo de pedazos de fierro que, en rigor, no pueden explotar -aseguran en la oficina de RR.PP. de la Armada. (*)

Pese a que se trataba sólo de “unos cuantos pedazos de fierro”, la institución elaboró un comunicado alertando a la población.

-Estamos hablando de municiones, cualquier tipo de elementos que sea manipulado por gente que no sabe puede tener alguna consecuencia, ojalá que no pase nada. Por eso pedimos que no abran los contenedores porque no se sabe lo que hay adentro -señala la Armada.

Los rumores, desde entonces, han crecido tanto como las mareas.

-Me informaron que encontraron un cargamento que traía bombas y armamentos, no sé si es efectivo, yo no lo vi pero para nosotros es preocupante. Ahora, ¿de dónde salió esa bomba? No sé- comenta un vecino anónimo.

La preocupación no es infundada, pues la sección de armamentos de la Armada, ubicada justo al extremo de una península y compuesta por alrededor de ocho galpones, fue arrasada por el mar.

En la Armada dicen que todavía es muy difícil cuantificar las pérdidas.

-Hemos encontrado casi todo, pero no te puedo decir qué ni cuánto. En todo caso no era nada muy grande. No podemos dar cifras -aseguran en la institución.

Pero el peligro para los choreros, nombre con que se llaman coloquialmente los habitantes de Talcahuano, está lejos de terminar. Hace dos días hubo una emergencia química en isla Rocuant, producto de un derrame de amoníaco. Un destacamento de la marina, provisto con máscaras de gas, evacuó la zona.

Bomberos de Talcahuano, en tanto, se mantiene alerta por la alta concentración de pescados que todavía permanece en algunas embarcaciones en calle Blanco.

-Hemos tenido información que están emanando gases, específicamente ácido sulfídrico, que mata en el acto a la gente que lo inhala y puede entrar vía aérea y cutánea. Se van a hacer las mediciones pertinentes para el retiro de esos barcos -asegura el comandante Marco Oyarce.

La escasez de agua en el puerto ha llevado a la gente a consumir líquido de las vertientes. De ahí que las intoxicaciones, gastronteritis, vómitos y diarreas sean las patologías más tratadas en el hospital de Higueras.

-Lo peor de todo es que no han llegado medicamentos -dice la doctora Alejandra Espinoza que atiende a la gente a un costado de la plaza del pueblo.

De no mediar la ayuda del gobierno, el asunto puede empeorar. La gente, aburrida de tanta espera, tiene un dicho para explicar el retraso: “Dios está en todas partes pero atiende en Santiago”.
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* Casi una semana después de publicado este reportaje en la edición de papel de The Clinic, la Armada alertó a la población por la prensa de la presencia de material peligroso en la Bahía de Concepción, pero no reconociendo la presencia de minas, sino de bengalas.