Por Rasmus Sonderriis

“La demora en la venta de LAN no ha sido de mi voluntad” declara Piñera sobre su primera promesa electoral incumplida. ¿Pero qué es lo que le ha trabado la lengua para pronunciar la palabra “véndanse”? Chile tiene una bolsa abierta todos los días hábiles con gran liquidez y miles de inversionistas de todo el mundo dispuestos a aprovechar la oportunidad de una buena oferta. Eso sí, para vender rápido habría que bajar el precio. ¿Y cuánto?
Según la opinión técnica-profesional de analistas bursátiles consultados por The Clinic, para subastar las acciones de LAN dentro de una semana, habría que bajar el precio con alrededor del 1% al 1,5 %. Eso sí, de vender directamente en la bolsa, Piñera debería tributar unos 50 millones de dólares más que si encuentra un comprador para toda su empresa Axxion, que figura como dueña de los papeles de valor.
En otras palabras, Sebastián Piñera tasó su promesa electoral en un valor menor al 1,5% de su propiedad sobre LAN más unos 50 millones de dólares, un monto sustancial por cierto, pero una ínfima parte de su patrimonio total. Según el presidente de RN, Carlos Larraín: “Que la venta de LAN se atrase 10, 15 ó 30 días, es de quinta importancia.” Es decir, la plata que vaya a ganar o perder Piñera con esa venta es de cuarta, tercera, segunda o primera importancia. Simplemente no se explica de otra manera.
En estos momentos el Presidente Piñera tiene un gran incentivo monetario, aunque no político, para restringir aún más la competencia en la aviación civil chilena. Por eso, los opositores más paranoicos conciben de una tesis siniestra: que el mandatario tenga intenciones de aprovechar sus nuevos poderes para hacer subir el precio antes de vender. La mera expectativa de esto es suficiente para producir un aumento en el valor asignado por el mercado. Si en los días que vienen suben las acciones de LAN, incluso sin que sea provocado por la intervención directa del magnate, esa será la sospecha que salpicará, justa o injustamente, el comienzo de su presidencia. Él acusará a sus críticos de ser mezquinos y malpensados, pero no puede estar sorprendido por las aprensiones que su actuar ha causado incluso en sus propias filas.
Cualquiera diría que ser un presidente exitoso trasciende lejos la posesión de unos pesos más o menos para alguien con tanta fortuna como Piñera. Pero la venta de sus acciones era de las pocas promesas que no dependía de ninguna acción por parte de terceros: ninguna voluntad del Congreso, de aliados o de algún gremio, sino solamente una decisión personal y un modesto sacrificio en dinero. Por suerte, no podemos deducir que el gobierno del Presidente Piñera sea deshonesto, pero dado el daño evidente que este “atraso” ya ha causado incluso a su propia alianza durante sus primeros días en el poder, ya es posible afirmar que el nuevo mandatario está dispuesto a sacrificar capital político a cambio de pesos en efectivo.