POR CLAUDIO PIZARRO
Fue sacerdote de los Legionarios de Cristo durante 17 años. Pasó por el centro vocacional de Ontaneda, en España, en la época más cruda de abusos y vio cuando un sacerdote abusaba de un menor en un baño. Con los años se enteró de otros casos, intentó hablar con Maciel y se lo impidieron. En el año 2002 abandonó definitivamente la orden y se fue a vivir a España. Pero no se quedó de brazos cruzados. Habló con el Cardenal Medina y a través de él consiguió una entrevista con Ratzinger. Aquí cuenta, con lujo de detalles, que fue lo que vivió y por que cree que la Legión debe ser intervenida.


Marcial Maciel y el sacerdote Cerda, cuando todavía no tenía sospechas sobre el padre fundador.

¿Qué piensas del comunicado de los Legionarios admitiendo “graves comportamientos” de su padre fundador?
Es sumamente importante porque por primera vez reconocen lo que era un grito unánime de todas las víctimas y también, de forma indirecta, de quienes fuimos engañados por Maciel. Esto tiene una inmensa trascendencia, porque los que acusamos hemos quedado como los que decíamos la verdad y los que se excusaban, tratándonos de enemigos de la Iglesia, han quedado como mentirosos que han engañado a todo el mundo.

¿No te parece extraño que pidan perdón diez días después que concluyera la inspección ordenada por el Vaticano?
Se podría considerar un cierto oportunismo pero el tiempo lo dirá. Las palabras se las lleva el viento y las víctimas lo que quieren no es sólo una palabra de perdón, también quieren hechos concretos.

¿Cómo cuáles?
Estamos hablando de indemnizaciones, ayudas económicas, porque cuando uno se va a confesar, desde el punto de vista teológico, se tiene que reparar una falta que se cometió. Y aquí la hubo. En este punto el comunicado me parece flojito porque a los que denunciaron a Maciel se los ha denigrado públicamente y tienen su vida totalmente hecha polvo. Especialmente los seminaristas que dieron la cara.

¿Crees que el reconocimiento sea un preámbulo a una intervención a la orden?
Por lo que he escuchado a Álvaro Corcuera (Director General de los Legionarios), creo que sí. Él se adelantó a decir que pronto habrá un Capítulo General. Obviamente se están poniendo el parche antes de la herida, porque lo lógico sería que con la visita canónica, el Papa nombre a un comisario pontificio, es decir, alguien que tenga la autoridad de ordenar la congregación.

¿Y, en términos prácticos, que significaría esto?
Que toda la cúpula es culpable, directa o indirectamente, pues son los que han consentido que ocurriese todo esto. Si bien para la congregación Maciel era un santo, un dios, un ser superior, eso no quita la responsabilidad que cada uno tuvo de haberlo enfrentado. Ellos son los responsables auténticos, los grandes encubridores.

¿A quién te refieres específicamente?
Te hablo de Luis Garza, el Vicario General, que dijo que no sabía nada. O Evaristo Sada, que era el secretario personal de Maciel y lo acompañaba para todos lados. Y tanta otra gente, como el padre John Devlin, su secretario personal para América Latina. A todos estos, si el Vaticano actúa con contundencia, debería mandarlos a sus hogares. La corrupción ha llegado a un punto que esta gente tiene que salir. No queda otra. Deberían evitarle al Papa que los eche…

Los Legionarios dicen en la carta que garantizan plena seguridad a los menores. ¿Les crees?
Mientras no haya una limpieza real, eso no lo pueden asegurar. Tiene que ser una limpieza de raíz. Los que han sido abusadores tienen que irse y decirlo públicamente porque son un peligro para la sociedad. Mientras no se tomen medidas de protección, eso no lo pueden garantizar.

¿Todavía hay pederastas en la Legión?
Posiblemente, los expertos lo dicen: la persona que ha sido abusada se transforma en abusador. Es lo normal, pero hay casos que no coinciden como el de los seminaristas abusados. Mientras no haya una auténtica claridad, en qué se basan esas garantías, no se puede hacer mucho. ¿O acaso van a pedir rezar más, se van a poner cilicios, pegar latigazos o juntarse entre cuatro cuando estén con un niño?

“MARICONES EN ONTANEDA”

¿Por qué abandonaste La Legión?
Cuando estaba en Ontaneda, en el año 90, me ocurrió lo siguiente: como a las tres de la mañana un chico español, que tenía 12 años, viene a la caseta, un cuarto común que teníamos con los apostólicos, y me dice :“yo no sabía que en Ontaneda había maricones”. Yo tampoco, le contesté, es primera noticia que tengo. El chico me dice que vaya al segundo piso y “verá al padre Gustavo Ramos abusando de un apostólico”. Para mí fue un shock enorme…

¿Qué viste?
Bueno… que estaba este hombre metido en el cuarto de baño con un niño y, obviamente, no creo que estaban rezando el rosario.

¿Qué hiciste después?
Esa noche me quedé sin dormir y, a las 9 de la mañana siguiente, llamé al director territorial, el padre Héctor Guerra, le expliqué lo que había sucedido y me dijo que el padre Jorge Carrillo, en ese entonces rector del centro, que estaba en ejercicios espirituales, iba a regresar y poner remedio a la situación. También me dijo que no dejara que Gustavo Ramos se acercara a los apostólicos. Y obedecí.

¿En qué quedó todo?
Ramos finalmente salió de la Legión. Pero lo que me indignó fue que, en vez de echarlo por la puerta de atrás, lo despidieron con pompas. Jorge Carrillo hizo una fiesta diciendo que Gustavo Ramos se iría para terminar sus estudios porque le faltaba poco. Por lo menos me siento feliz de haber liberado a la Iglesia de un cura pederasta.

En aquél tiempo Ontaneda era el epicentro de los abusos, ¿Qué más sabes de aquellos años?
Bueno, el período más fuerte fueron los años 81-82 donde prácticamente tuvieron que vaciar entero el centro y enviar a todos los apostólicos a sus casas. Antes, en el año 73, Juan José Vaca, uno de los denunciantes, implica directamente en su abuso al rector de Ontaneda, un padre al que llamaban Penilla. Después vino el período de principio de los noventa, cuando estuvo Carrillo.

¿Por qué, después de lo que viste, continuaste en la Legión?
Fue un proceso. Mi primera crisis fue constatar que aquellas personas que yo había denunciado seguían ligados de alguna manera a la congregación. En 1991 le dije a mi superior que me quitara de Ontaneda o me iba para mi casa. Me mandaron para Roma. Allá descubro otro caso de abuso a un chico que conocía y me comentó que Xavier Legorreta, hijo de un millonario mexicano, le había masturbado y chupado el pene.

¿Nuevamente acudiste a tus superiores?
Sí. Luis Garza me dijo que le dijera a la familia del chico que Legorreta iba a ser expulsado. Al tiempo este señor desapareció de Roma. Pero en el año 98 me mandaron a trabajar a España y, ¡oh sorpresa!, me encuentro a Legorreta siendo miembro del tercer grado todavía.

“SODANO, EL ENCUBRIDOR”

¿Cuándo, por fin, decidiste abandonar la congregación?
Pedí una entrevista con Maciel para cantarle las cuarenta y me la negaron. Entonces, pensé: sigo aquí y termino siendo un demente o me voy y rehago mi vida. Eso fue en el 2002. Pero hasta el día de hoy sigo siendo, canónica y legalmente, un sacerdote de la Iglesia Católica.

A partir de entonces te dedicaste a acusar públicamente a la congregación…
Sí, cuando faltaban pocos meses para que Juan Pablo II muriese, fui a Roma y me entrevisté con el Cardenal Jorge Medina Estévez, hecho que él ha reconocido públicamente. Le expliqué todas las cosas y le entregué un dossier muy grande que tenía.

¿Cómo fue la reunión con Medina?
Hablamos en su casa. Antes lo había llamado por teléfono desde España, le expliqué mi situación, y le dije que quería conversar algunas cosas. Llegué a Roma un domingo y me citó para el lunes por la mañana. Hablamos largo rato y me dijo que se comprometía a dos cosas: que hablaría con el cardenal Ratzinger y que el mismo le entregaría el dossier a Juan Pablo II.

¿Qué contenía la carpeta?
Varios testimonios de chicos que habían sido abusados en España y el caso de Aaron, un chico irlandés, que había pasado por lo mismo. Además, le entregué el libro de Alejandro Espinoza donde contaba lo que le había sucedido. Medina me escuchó y dijo que él iba a hablar. Ese mismo día, en la tarde, lo llamé a su casa y me dijo que el miércoles me iba a recibir Ratzinger.

¿Dónde te juntaste con Ratzinger?
En la oficina del Santo Oficio, la antigua Inquisición. Él estaba afuera y nos fuimos a caminar por la plaza de San Pedro. Estuvimos como media hora. Le dije: traigo esto (el dossier) y quiero que lo vea. Luego le empecé a contar todas las cosas que sabía y las dudas que tenía de cara a la congregación. Y, curiosamente, poco antes de que falleciera Juan Pablo II, inició la primera investigación contra los Legionarios.

¿Costó mucho?
Es que en el Vaticano, como cualquier institución grande o multinacional, hay intermediarios. Creo que aquí hubo mucha responsabilidad de quien fuera secretario de Juan Pablo II, monseñor Estanislao Dziwisz, que era muy amigo de los Legionarios y seguramente por los dineros que le daban no hizo nada. Porque esa es la verdad, Maciel fue un mago de comprar gente con dinero, de comprar voluntades. Eso no hace falta discutirlo porque se ha demostrado.

¿Qué otros peces gordos de la Iglesia crees que han recibido dinero?
El Cardenal polaco que te comenté (Dziwisz) y el cardenal Ángelo Sodano, otro gran encubridor de Maciel y todas sus fechorías. Un sacerdote comprado con dinero y que los Legionarios le daban todo lo pedía.

¿Cuáles son tus argumentos para acusarlo?
No por nada el hermano del Cardenal Sodano, arquitecto, fue el que construyó lo que se conoce como el Centro de Estudios Superiores, la Universidad Regium Apostolorum y la casa donde viven los Legionarios en Roma, una ciudad donde es súper difícil construir por la cantidad de papeleos. Lo normal es tardarse 15 años pero él se demoró sólo tres. Se trataba en el fondo de favores por favores.

¿Qué piensas de las críticas a Benedicto XVI luego de comprobarse los abusos de más 800 niños en Irlanda?
Me parecen injustas, porque ha sido la única persona que ha escuchado a los que llevan denunciando esto durante más de 40 años y siempre se habían encontrado con un muro que no los dejaba pasar más allá. Creo que ahí está el punto de valentía del actual Papa.

¿Responsabilizas, entonces, a Juan Pablo II?
A mí me critican mucho pero me importa un pepino. Creo que lo que está haciendo Benedicto XVI en este campo es muchísimo más grande de lo que hizo Juan Pablo II. La beatificación de Juan Pablo II se va a ver salpicada por todos estos escándalos. Cómo un hombre que se preocupó tanto en combatir la Teología de la Liberación, el comunismo, no dedicó ni un sólo minuto a todo esto. A cuántos sacerdotes de la Teología de la Liberación recriminó públicamente y a cuántos curas pedófilos enalteció, como hizo con Marcial Maciel, que lo puso como guía mundial de la juventud. Para mí es un escándalo, una vergüenza.

Por estos días anda en Chile Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, y se va a entrevistar con Piñera. ¿Qué piensas de este encuentro?
Ahora que ha ganado la derecha, con Piñera en el poder, los Legionarios se sentirán muchos más respaldados. Ellos se han sabido mezclar muy bien con las clases políticas de derecha y se deben sentir bastante tranquilos en ese sentido.