Por Carla Celis
Es su primera película: una mega producción, la película más cara del cine chileno. Un largometraje que arranca lagrimones a los almirantes que la han visto. Se gastó 12 millones de dólares y fue financiado por la Armada y por la familia Luksic, además de otras empresas. Ahora, cuenta, está trabajando en una parodia de James Bond, y una película sobre Galvarino hablada en mapudungún. “Ya mandé a contruir un fuerte para que se vaya envejeciendo mientras tanto”, dice. Acá, habla de su película Esmeralda 1879, de cómo logró convencer a los financistas para realizar su película, y del Huáscar a escala y de acero que construyó para la filmación. “Ahora hay dos huáscar en Chile”, dice.


La réplica de la Esmeralda, producida para la película de Llanos.
________

¿Por qué elegiste la Guerra del Pacífico?
Lo que pasa es que en el cine hollywoodense viene una secuencia fuerte de súper héroes. La industria norteamericana cachó que podían tomar de nuevo los comics, y darles como caja. Entonces yo traté de pensar en algo así para hacer en Chile, y cuando empecé a pensar en eso, me di cuenta de que no tenemos a nadie, pero sí tenemos héroes de verdad. Ahí fue donde enganché. Quería mostrarle a la gente cómo es un héroe, cómo se forma un héroe.

¿Y qué tiene de héroe Prat?
Es como un humano común y corriente, pero que tuvo la posibilidad de hacer un hecho histórico super pelúo, y cuando le tocó, él no mide las consecuencias de sus actos. Se lanza. Aunque en la guerrra yo creo que no mides nada, te tiras no más porque ya no te queda otra. Los tipos están claros de que, o se defienden, o se juegan la vida por su patria.

Y además de Prat, ¿pensaste en otro personaje?
La verdad es que en ningún otro. Prat tenía todo lo necesario para hacer una buena película. Tenía lo naval, tenía el combate en el mar -además que algo así nunca se había hecho en Chile-, y pensé que eso iba generar una narración más entretenida.

¿Por qué las FFAA te financiaron? ¿Tienes algo que ver con ellos? Sabemos que más que financiar, las FFAA prefieren que no se toque a sus héroes.
No, para nada. No tengo nada que ver con ellos, tampoco soy pariente, sobrino o lo que sea de algún capitán. Fui como soy no más. Pensé que quería hacer una película, que necesitaba mucha plata y empecé a agotar los recursos. A pedir plata en todos lados.

¿Y con quién conversaste?
Conversé con el almirante de la época, el Almirante Codima

Se debe haber entusiasmado, porque él admiraba a Prat.
No lo sé, pero creyó en mí y después el almirante Edmundo González también me ayudó a terminar todo esto.

¿Cómo te ayudaron? ¿Te dijeron como era la historia?
No, me abrieron las puertas de los museos históricos para ver y leer las cartas, porque de ahí saqué la historia. Me interesaba más sacar un pedacito de la historia escrita por un sobreviviente. Y además de lo que sabía de Wenceslao Vargas, me importaba que ellos como jóvenes miraran a su capitán y dijeran por qué Prat.

¿Y por qué Prat? ¿Por qué tanto?
Eso es lo que yo también quería saber, y descubrí que no era el súper star de la armada antes de convertirse en héroe. Él era un abogado a cargo de un buque, y cuando van a pelear al Callao lo dejan con pura gente que probablemente no servía para el combate y ahí está el cuento.

Están los que dicen que Prat no es un héroe, si no que todo fue más bien circunstancial.
Eso es un agravio. Oye ¡Respetemos lo nuestro! Todas las estupideces que a veces se dicen yo las encuentro como una “humorada” sin sentido, que falta el respeto a algo nuestro. Hay que tener ese cambio, ese cambio nos va a permitir a nosotros crecer más intelectual y culturalmente. Miremos cómo respetan los argentinos a sus héroes, cómo respetan los gringos, que inventan hasta el rambo para tener algo, y aquí tenemos tremendos héroes que se enfrentaron también a acorazados. Galvarino, Caupolicán, ellos también. Y cuando digo acorazados me refiero a tipos con armadura. Por el ius sanguinis tú te vas diciendo, puta, los chilenos tenemos algo que nadie reconoce. Hay hechos tremendos de valentía en nuestra historia.

¿Y sentiste la presión de la Armada para contar determinada visión de Prat?
No, porque la armada creyó mucho en mí.

Pero se sabe que son medios intocables. Cuando se hizo la obra de teatro “Prat”, de Manuela Infante, pusieron el grito en el cielo.
Es que lo hacen de repente y le cambian el sentido, y ahí donde cambian las cosas. Yo creo que si tú les dices que vas a contar la historia tal como está escrita, tal cual, no deberías tener problemas. Y en mi película todo existió, todo estaba en las cartas que leí. La vida de Prat era súper ejemplar: un tipo dedicado a su familia, estudioso, lo mandan a afuera a cumplir deberes de espionaje, vuelve y lo mandan a cargo de un buque, trata de salvar La Esmeralda, etc.

¿Por qué crees que los marinos que la han visto salen llorando?
Yo creo que tiene que ver con la mezcla de muchas cosas. Cuando se mezcla imagen y sonido, eso te habla también, te dice: “oye, mira, valora lo nuestro”. Esa mezcla es la que hace emocionar a la gente cuando mira la película. Te envuelve y crees realmente que pudo haber sido así. Yo he visto a almirantes, generales, hacer estos movimientos (secarse las lágrimas) y cuando ví eso, dije: ya, estoy listo, jaja.

¿Hubo alguna anécdota durante la grabación?
Cuando estábamos en Iquique y bajamos la réplica del Huáscar al agua, le pusimos bandera peruana -nos daban permiso de hacer eso sólo cuando filmábamos- y ahí venían todas los alegatos y las frases no pronunciables de parte de la gente que estaba ahí y embaraciones menores. Lo mismo pasó cuando pusimos la bandera peruana en la aduana, desde las micros se escuchaban los garabatos: ¡Bajen de ahí esa cuestión! Entonces la gente estaba muy metida, así que la trabajábamos rapidito para que no se enojaran.

¿Y qué te parece eso?
Es el sentir nacional de patria. Lo mismo yo iba sintiendo en la calle cuando me gritaban esas cosas, era también algo como “vamos bien”, porque algo está pasando. Lo mismo de dejar a Grau como un caballero en la película -porque así fue- hace la que la película tenga esta fuerza extraña que tiene, porque así es.

Es bien masculina la película eso sí.
Pero a las mujeres también les llega, y lloran y les gusta, porque se sienten representadas con esa pura pasada que hice de la Carmela.

¿Su aparición fue a propósito? Porque no creo que en las cartas dijera que se le apareció a Prat.
Sí, esa parte es mía. Y ahí está el detalle, que no necesitas tener a la chica de la película cien por ciento metida, cuando bastan segundos para dejar plasmada la importancia de la mujer en la vida de un hombre.
¿Y toda la producción fue acá en Chile?
Sí, todo. Incluso usámos pólvora de la época. Juntamos balas de cañón antiguas, de esa época, que los mismos iquiqueños tenían guardadas y que nos regalaron y armamos las explosiones con esa pólvora para que se viera mucho más real, porque son explosiones distintas.

¿Cuánto demoraron en hacer los buques?
Un año más o menos. Eran set flotantes, pesaban cerca de 50 toneladas cada uno. Y ahí nos subíamos todo el equipo, así que era fundamental que quedaran bien hechos y no se fueran a hundir con todos nosotros, jaja.

Y fuiste donde los Luksic a pedir plata ¿Te dijeron que sí altiro?
Ellos fueron los primeros que se me ocurrieron, y me dijeron que sí afortunadamente. Fue algo mágico cómo me creyeron y cómo les cumplí. Lo hicieron por Chile, lo donaron sin pedirme nada. Yo les dije que lo hicieran por el país, nada más. No les dije que lo hicieran por el cine ni nada. Por el país. Porque cuando tú haces algo sólido por el país, ellos lo piensan y te ayudan. Yo pensé que me iban a dar cinco, que me iban a dar 10. Nada po, era el total.

¿Y tú también crees que estás haciendo algo por el país con esta película?
Claro, y por eso lo logré. Creyendo que estaba haciendo algo por mi país. Creyendo también que estaba aportando algo al cine, y me pongo a la fila de todos los realizadores chilenos. Soy el último que llegó -y con una tremenda producción-, pero tengo mucho respeto por todos ellos, yo sólo me vengo a sumar. Quería mostrar que en Chile se pueden hacer cosas buenas, con buena producción, buena historia, con detalles, porque este película yo la siento bien redondita.