POR MARCELO MELLADO

Siempre he sido de bares porteños y de picadas, y en casi todas hay cantores populares que le hacen al bolero, al vals peruano y al tango (y en general a la balada pop). Y dentro de ese repertorio está quizás la más hermosa y emocionante de las canciones que yo recuerde: “Es mi niña bonita” (algunos vocalizan “Eres”), atribuida al gran Lucho Barrios. Cuando he tenido la oportunidad de solicitársela a algún cantor lo he hecho con emoción lacrimógena, no lo puedo negar. Y siempre se las he dedicado a mis tres hijas. Obviamente, es la mujer uno de los objetos temáticos que ese texto prioriza. Hoy 9 de mayo, en que escribo esta columna, es el día de la madre y probablemente en todos los restoranes y picadas en donde llegue la familia a celebrar a la “reina del hogar” será interpretada “El día más hermoso”, que Lucho Barrios dedicó a las madres. “Camino hasta su casa con un pequeño obsequio/ aunque ella se merece el mundo y mucho más”.

Más que un homenaje o recuerdo de Lucho Barrios como los que han abundado en la prensa, quisiéramos aquí referirnos a algunos aspectos de su obra. Y queremos tomar el tema “Es mi niña bonita” como un paradigma que sintetiza varios tópicos propios de este registro del canto popular. Debemos recordar que la opción masiva por el canto popular es también una opción por el discurso poético, lo que desmentiría el supuesto no consumo de poesía por la población; puede que no se la lea, pero ese es otro problema, que debe tener que ver con el régimen de la poesía que manejan los grupos fácticos que controlan ese campo cultural (grupos editoriales, político-culturales y académicos). Lo que no cabe duda es que la canción popular proviene de la actitud lírica llamada carmínica (o de la canción), centrada en una situación de audición. Las otras actitudes, dicho en clave patético-pedagógica, son la enunciativa, que es más narrativa, y la apostrófica, que interpela al tú o al otro como objeto interrogativo, y que tienen una cierta hegemonía cultural dada, al parecer, por la tradición libresca.

El bolero, lo hemos dicho en otras oportunidades, proviene de la voluntad poética modernista de matriz rubendariana, con sus perlados y nacarados, que es la zona léxica con que se construye la poética kitsch que está en la base del bolero. Gracias a cantores populares como Lucho Barrios la poesía, en su resolución más lírica, es escuchada y asumida como algo valioso, cumpliendo la función de emocionar a una buena parte de la población.

“Es mi niña bonita” alude al tópico de la cultura del primogénito masculino, como continuidad de una supremacía, rupturada por el amor filial femenino (“luego te nace una niña/ sufres una decepción…”). En este contexto, la secundariedad de la mujer, centrada en una paternidad que enjuicia y legitima, aparece caracterizada, su prosopografía, recurriendo a una metaforización floral (“con su carita de rosa” o “hecha de nardo y clavel”). En general, se constata en el texto de Barrios una tendencia a la loa homenajística, cercana a la salmodia; en el caso de “Es mi niña bonita”, a la filialidad femenina; en el tema “El día más hermoso” se realza a la madre, y en el famosísimo “Valparaíso Mi Amor” se alaba a la ciudad puerto.

El otro elemento clave de la comparecencia de este gran autor es su escena “estelar”, la del cantante popular, ya sea en vivo, a nivel de salón o de grandes espacios y en la escena discográfica. Simplemente era pura voz, su grano de voz, como diría un clásico analítico. Sin duda, el modelo interpretativo bolerístico siempre estará regido por las florituras emotivas de la voz, que no es otra cosa que una metonimia del cuerpo estremecido que canta.