FOTOS: ALEJANDRO OLIVARES
El paisaje urbano del sur cambió de golpe y porrazo hace tres meses. Carpas, ranchitas, mediaguas forradas y de las otras reemplaaron a casas modestas pero firmes, formando precarios conjuntos de viviendas a los que el gobierno llamó aldeas para no confundirlos con los campamentos y su estigma de pobreza sin esperanzas.