POR CATALINA MAY • ILUSTRACIÓN: MAX BOCK
¿A usted le gusta el fútbol? Entonces prenda la tele, abra los diarios o salga a la calle y gócelo. Pero si no le gusta, o le carga, o bien le es indiferente pero le hastía el bombardeo de información futbolera, lea el siguiente compendio de voces antimundialeras. Gaspar Galaz, Carla Cordua, Sonia Montecino, Armando Uribe, Raquel Correa y Raquel Olea, entre otros, hacen aquí sus descargos y plantean críticas al componente alienante del torneo mundial.

Al diseñador Cristián Canto no le gusta el fútbol. No lo juega ni siquiera en Playstation. “Las únicas veces que voy a ver fútbol es porque me invitan y hay un asado”, explica. Cristián trabaja en el área de marketing de Canal 13 y en su oficina sus colegas aprovechan los monitores para no perderse ningún detalle del mundial. Él, según cuenta, metido en el epicentro del bombardeo mundialista, hace esfuerzos para abstraerse: “Simplemente me pongo mis audífonos y hago mi pega”. Pero Canto es director de arte de esa área del canal del angelito y cuando se pone sus audífonos para escapar del mundial escuchando música y trabajando, muchas veces sigue más metido que si estuviera viendo algún partido:

-A veces mi trabajo tiene que ver con el mundial, pero es gráfica deportiva al final, y yo la encuentro interesante. El canal tiene un logo de la Roja, por ejemplo, que es el león que tiene en la boca una pelota con África. Yo hago la imagen corporativa del canal y este logo tiene que ver con cómo hemos acompañado a la selección durante toda su campaña. Yo perticipé en su desarrollo y también en muchas otras cosas al respecto- cuenta Canto. Y agrega, graficando qué tan imposible le resulta escapar completamente del waka-waka: “Vengo saliendo de una reunión sobre cómo vamos a seguir nosotros durante el mundial, siendo que Canal 13 no tiene el mundial”.

Algo parecido le pasa al fotógrafo Fernando Ramírez, quien tampoco siente ningún interés por el fútbol: “Atonta, distrae, anestesia. Te hace olvidar los problemas. Es parecido al alcoholismo. Al igual que el alcohol, cierta cantidad de fútbol no hace mal, pero en estos meses todo el mundo anda borracho. El mundial no me carga como un evento deportivo. Lo que detesto profundamente es todo lo que lo rodea, especialmente en televisión”. Él, como corresponsal de la agencia fotográfica inglesa Demotix en Chile, tampoco ha podido utilizar su trabajo como medio de escape.

-Mi tema es el fanatismo, ya sea de orden religioso, nacionalista o, en este caso, deportivo. Para un fotógrafo esta es una situación donde es más fácil trabajar porque las emociones están muy presentes. No significa que esté de acuerdo con tanta locura, pero cuando la locura es tu tema, disparas nomás. Si yo dejara de trabajar por no estar de acuerdo con lo que pasa, no podría hacer nada.

EMBRUTECIMIENTO COLECTIVO

Durante los últimos meses, cualquier chileno hijo de vecino que vea televisión y/o lea diarios y revistas, ha tenido que enterarse casi por obligación -porque todo se ha tratado de esto y han desaparecido las opciones- de cada detalle de la vida privada y deportiva de los futbolistas: ha conocido a sus padres, a sus mujeres, a sus hijos y ¡a sus vecinos!; se ha enterado de qué autos manejan, de qué comida les gusta y del tipo de reloj en que cada uno mira la hora. Hoy, cuando estos “héroes” están en Sudáfrica, el foco ha virado hacia los hinchas chilenos “en el continente negro”, y los medios nos muestran a NN que han dejado trabajo y familia por seguir a “la Roja”. ¿No será mucho?

Pero hay otros que no aceptan este mes tontonamente futbolizado y monotemático. Muchos a quienes no les importa ni “el milagro del chupete Suazo”, ni “el sonido de las vuvuzelas”. Muchas mujeres que prefieren ver a Beckham sin polera en una foto de moda antes que todo transpirado persiguiendo una pelota (y que ni siquiera saben que el inglés está lesionado y no jugará en Sudáfrica). Muchos que se escandalizan con las transacas mundialeras y con el patriotismo exacerbado y que no pueden entender que “once pelotas corriendo detrás de una pelota”, como dice la escritora Pía Barros, paralicen a un país.

-No me gusta el fútbol, me siento absolutamente foránea. Me hablan cosas de las que no tengo idea y que realmente me aburren. Las personas que sólo hablan de fútbol estos días, conmigo no pueden. Ya estoy perdiendo la paciencia. Yo doy talleres todos los días en distintos grupos, y no sólo los hombres, sino también las mujeres, estaban pidiendo prórroga para un día que no sé qué, que el partido que no sé cuánto en la mañana, y ya los mandé a la mierda no más: no se puede correr nada aquí, y el que quiera que se vaya a otro lado-, cuenta la escritora.

El artista Gaspar Galaz está de acuerdo con ella: “El fútbol es una especie de embrutecimiento colectivo. Es una cosa masiva que hay que cuestionar, porque habla mal del colectivo. ¿Qué deja el fútbol? Yo lo comparo con el Festival de Viña, que al mes y medio ya nadie recuerda y no sirve para nada. Es un fenómeno comercial, hay una industria del fútbol y de la publicidad que lo rodea. También está esto de darle al colectivo una anestesia que lo hace olvidar todo. Es artificial, alguien construye todo esto”.

-Odio el fútbol. Cuando chico mi papá me llevaba al Estadio Nacional, pero me alejé de las canchas cuando emergió ese espíritu nacionalista, xenófobo y fascista que se ha adherido al fútbol desde que nacieron las barras bravas y figuras mesiánicas como Bonvallet. De ahí que deteste también los mundiales. Además con el tiempo he dejado de lado la competitividad, por lo tanto ya no me interesa eso de vencer al adversario, menos si es un país vecino. Desconfío además de la FIFA y sus mundiales me parecen una forma de alienación moderna. El mundo entero se hipnotiza frente al mundial, mientras el derrame de petróleo del Golfo de México sigue y sigue contaminando-, agrega el periodista Rodrigo Miranda, dejando entrever que muchas veces el problema no es con el fútbol, con el deporte propiamente tal, sino con todo el circo que lo rodea.

WAKA – WAKA E IDENTIDAD NACIONAL

“Yo no odio el fútbol. Me molesta la obsesión, la manera como ya no hay casi noticias en la televisión, todo está lleno de esa cuestión, es como una enfermedad mental. Me molesta la actitud nuestra. Habiendo tanto problema serio, que estén en esta tontera como malos de la cabeza… Además, esto busca una compensación y cuando vean que nuestro equipo no es la gran cosa, va a venir un colapso mental del país. Hay una cosa provinciana y muy triste, un nacionalismo de aldea. Me parte el alma de la pena. Me da pena que seamos tan poca cosa”, dice la filósofa Carla Cordua.

La invasión futbolística en los diarios y noticiarios de televisión es algo que molesta profundamente a mucha gente. Así lo explica la periodista Raquel Correa: “El exceso de información me parece tremendo. El noticiero del canal 7 anoche fue una hora de puro fútbol. Si hay horario para el deporte está bien, pero no el noticiario completo. Yo ahora estoy viendo las noticias de la tarde y es enfermante, realmente”. El escritor Armando Uribe, por su parte, dice: “Cuando miro las páginas de los diarios y revistas, me salto todo esto. No me ocupo tampoco de algo como lo que vi en el diario El Mercurio, en la sección de Artes y Letras: aparecen grandes datos sobre los que se han ocupado literariamente al fútbol. Eso me parece ridículo. Además, esto es comercio y negociado. Estos campeonatos no son de fútbol amateur, son pagados, y configuran grandes empresas que están en luchas por destacarse a través de una gran cantidad de publicidad favorable a su negocio”.

-El mundial produce una ritualidad mediática-hipnótica y una efervescencia chovinista; tiene por cierto la gracia de producir “comunidad”, pero con un congregacionalismo que no va más allá de una ilusión. Si ya los noticieros son una catarata infinita y aburridísima de información sobre fútbol (que un señor se esguinzó, que el otro durmió mal, que el entrenador pasa por un mal momento, que los meniscos del de más allá y etc.), el mundial es el paroxismo. Pienso que es una muestra de la sociedad contemporánea idiotizada, ya no localmente, sino globalmente. Ojalá tuviéramos información sobre los conflictos actuales de Sudáfrica y sirviera para conocer su cultura, los efectos actuales del apartheid, la posición desmedrada de las mujeres, entre otras cosas. Pero de lo poco que he visto, sólo se exhiben clichés y folklorismo tribal-, asegura la antropóloga Sonia Montecino.

También la académica Raquel Olea tiene algo que decir al respecto: “La visión que dan de Sudáfrica me parece artificiosa. Hay cuestiones que son ominosas. Vi un réclame con una especie de salvaje, de pre humano, que le hace propaganda no sé si a un canal de televisión, o a DirecTV, pero es una cosa brutal. Además, esta cosa del Tonka Tanka y el waka – waka… Hay una cosa sexista ahí. Hoy todos los países están midiendo su pito, quién lo tiene más grande”. Y continua: “La cuestión del mundial es una manipulación fundamentalmente comercial. Las deudas de la gente aspiracional van a subir de forma feroz. Toda esa gente que se va a Sudáfrica y arma de todo esto una gran farándula, un gran carnaval, o sea, yo lo encuentro lamentable, qué quieres que te diga”. Y Sonia Montecino mete la cuchara: “La gente se endeuda por este u otro motivo, lo que es claro es que las casas comerciales son las que más gozan con el ‘fervor’ hacia el ‘dios del fútbol’ y sus ofrendas en créditos”.

Y para concluir, Raquel Olea cuenta una desagradable experiencia vivida estos días, a propósito del mundial: “El otro día estuve con un grupo de gente y todos estaban preocupados de si los niños en el colegio tienen horas destinadas para ver el mundial, preocupados de si lo ven en la casa, lo ven en el gimnasio, en la sala de no sé qué. Yo era la única que estaba en minoría hablando en contra de eso y todos me decían: ‘Pero cómo, ¡si es parte de nuestra identidad!’. Nuestra identidad no pasa de ninguna forma por el mundial de fútbol, que es un fenómeno global y comercial. Me chorea profundamente esa idea”.