Por PATRICIO SEGURA Foto: ALEJANDRO OLIVARES
Estimado Sebastián:
Inicio estas líneas reconociendo que no voté por ti. Ni en primera ni en segunda. Porque qué se le va a hacer, transparencia y nobleza obligan.

Y no voté por ti porque soy parte de los millones de chilenos aferrados obstinadamente a las concepciones maniqueas de la Guerra Fría. Del segmento que tu sector llama tipos resentidos (y de paso estatistas, pelientos, vulgares… de ahí el tuteo) que, a decir verdad, debo reconocer que sí lo soy. Pero, al contrario de lo que se pueda pensar, no por mi historia individual (motivos tendría al provenir de una familia clase media baja) sino en rebelión a un sistema social y económico que perjudica a muchos, millones de compatriotas, aquéllos que vienen perdiendo en este juego por ya demasiado tiempo.

Soy de los que aún creemos que tu sector defiende esencialmente a las grandes empresas, que blande un conservadurismo que le hace estar más preocupado por la entrepierna de los ciudadanos que por sus libertades y que ha puesto al papel moneda (crecimiento mediante) como medida de todas las cosas. Por cierto que no somos todos los chilenos, pero sí creo que somos bastantes. Y claro, estoy hablando del cliché oficial asociado a la derecha porque, para qué nos pisamos la capa entre superhéroes, cierta izquierda y la Concertación muchas veces han bailado al son de la misma música.

Pero sigamos con los lugares comunes.

El mundo está cambiando. Y tu sector, Sebastián, tiene que demostrar que asimiló esa transformación. Que acusó el golpe. Y eso significa avanzar hacia una centro derecha moderna, que es legítimo que mantenga su preocupación, por ejemplo, por una institución tan importante como la familia (la familia bien constituida, como les gusta decir), la eficiencia y la capacidad de gestión dentro de la empresa y el Estado. Y por el emprendimiento individual como puntal de la economía que propugnan.

Sin embargo, hay ámbitos en los que indefectiblemente tienen que variar la mirada, si quieren lograr parte de la adhesión de ese gran sector que aún los ve con desconfianza. Y así lograr una segunda oportunidad, porque tengo una teoría: que hoy estés en La Moneda se debe más a la molestia con la Concertación que a un repentino amor por la oferta de tu coalición. El voto de castigo (sufragando por ti, en blanco, nulo o absteniéndose) se hizo carne en tu satisfecho 17 de enero. La centro derecha habrá tenido la mayoría electoral, pero aún no alcanza la política ni menos la social. Por lo menos la derecha tradicional.

Ante tal escenario tienes que dar señales fuertes de que no eres el monstruo tipo Ebenezer Scrooge que pintan tus opositores más enconados. Que perteneces a una derecha distinta, de ésa que aprendió, de ésa que, desde su legítima perspectiva, sí brega por los grandes temas del país, los de las grandes mayorías, los del bien común.

Hay muchos ámbitos en los que puedes avanzar, incluso en aquéllos que siempre les han sido esquivos. Un buen ejemplo es la cultura, que para muchos de tus aliados se mantiene como nicho de izquierdistas. Otro, trascendental para una región como Aysén, es el medioambiental. Urgente dada la voracidad que genera esta tierra voluptuosa en bienes comunes.

Hoy vienen a nuestra casa por la energía, así como ayer las salmoneras llegaron por las incontaminadas aguas de nuestro litoral. Mañana serán los glaciares, y qué decir de los bosques y los minerales.

Pero lo que se ve complejo, puede ser una gran oportunidad. Y en Aysén, en esta Patagonia, puede ser tu oportunidad.

Demuestra que comprendiste que el suelo que pisamos no sólo es mineral el cual procesar, también es la partitura donde se compone la armonía de la biodiversidad. Que los bosques que nos rodean no son sólo madera la cual aserrar, también son el sustento de los ecosistemas que nos dan cobijo. Que los ríos que fluyen por los territorios no son sólo gigawatts y energía, también representan la vida de nuestra gente. Que un paisaje intocado no es sólo para deleite de hombres y mujeres pudientes que no quieren que les toquen su trocito de paraíso individual, también puede ser riqueza para todo un pueblo a través de un turismo bien manejado y con sentido de comunidad. Demuestra que comprendiste, al final del día, que la Patagonia no puede ser una despensa y un botín, debe ser un territorio que tenemos la responsabilidad de salvaguardar, por sus habitantes, pero también para Chile y el mundo. Que sea nuestro orgullo, no nuestra vergüenza.

Sí, ésta es tu gran oportunidad. Ser el primer Presidente de centro derecha que evidencia que su sector entendió el mensaje. De otra forma lo único que quedará de manifiesto es que, más que un cliché, lo que pensamos todavía demasiados sigue siendo una realidad.