• Encuesta top: ¿Qué piensa Ud. del nuevo Premio Nacional de Historia, Bernardino Bravo Lira?

Un jurado -presidido por el ministro Joaquín Lavín e integrado por Víctor Pérez, rector U. de Chile; Eduardo Cavieres, último galardonado; Patricio Sanhueza, rector U. Playa Ancha; y Antonio Dougnac, representante de la Academia Chilena de Historia- otorgó por unanimidad el Premio Nacional de Historia 2010 al ultraconservador Bernardino Bravo Lira -según Jocelyn-Holt, “el rey del refrito académico”-. The Clinic quiso entrevistar al galardonado, pero éste, sin decirnos que no abiertamente, se evadió. Dada la renuencia, quisimos conocer la opinión de sus colegas historiadores.
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CRISTIÁN GAZMURI:
“No quiero decir lo que pienso”

-Si te doy la entrevista me meto en un lío muy fiero. No sé, hay que cambiar el jurado. Hay gente ahí que no son especialistas y que son los votos decisivos. Entonces no es extraño que se les dé premios a personas que… no sé. Si te digo lo que realmente pienso, pelearía con dos o tres personas… y la verdad no quiero. Prefiero no pronunciarme al respecto.

ALFREDO JOCELYN-HOLT:
“Es nacionalsocialista, legitimador de la dictadura”

-El premio a Bernardino Bravo realmente no lo entiendo, en el sentido de que le dan un premio nacional a alguien que evidentemente, si uno examina su obra, no tiene ninguna sensibilidad respecto a la naturaleza nacional de este país. Entonces se genera una contradicción. Él ha sido un gran defensor del mundo hispánico y de la tradición española, y tiene una interpretación de la historia que desprecia el mundo republicano. Entonces me parece que ahí hay una contradicción insalvable.
La única explicación que yo tengo sobre que la hayan dado el premio a Bernardino Bravo es que él es nacionalsocialista. Y esto no lo digo livianamente. Bernardino Bravo fue un historiador legitimador de la dictadura, es un admirador de Carl Schmitt, que fue uno de los intelectuales juristas más inportantes del Tercer Reich, y francamente, esa es la única explicación a final de cuentas. Lamentablemente, otorgamientos como éste se prestan para este tipo de críticas.
Se dice que tuvo un premio en la Escuela Chilena de Historia del Derecho. Pero la Escuela Chilena de la Historia del Derecho no la conoce nadie más allá del semáforo de Pío Nono con Santa María. Eso es clarísimo. Por lo tanto, me parece que eso es dudoso. Pero Bernardino Bravo no es el único caso. Anteriormente le dieron el premio a Mario Orellana, antropólogo, siendo la única razón que explica su premio que él era un cacique electoral en la Universidad de Chile que le entregaba los votos a Jaime Lavados cuando era rector. Hay otros premios nacionales de Historia que son bastante dudosos. Yo he sostenido que los dos únicos premios indiscutibles en historia son los de Mario Góngora y Gabriel Salazar. Todos los demás son cuestionables.
Una cosa más sobre Bernardino Bravo Lira. Resulta curioso pero sucede que si bien ha escrito mucho más que Ricardo Krebs (también Premio Nacional de Historia), Bravo tiene fama de ser el rey del refrito académico, en otras palabras, de la repetición incansable de sí mismo, lo cual hace que sea autor de sólo el 25% de su propia obra publicada, un arte o mejor dicho un artificio no menor e insuperado en esas ligas.
Finalmente, yo comparto las críticas que se hacen a la manera en cómo se están otorgando los premios nacionales. No solo el de historia. Comparto la crítica respecto de la composición del jurado. Me parece que ya no corresponde más la presencia del rector de la Universidad de Chile, porque no está cumpliendo las intenciones originales. También soy muy crítico de la presencia del representante de la Academia de la Historia y la de los otros rectores me parece dudosa. Junto con el ministro de Educación, me parece que son demasiado pocos los jurados que realmente entienden, que tienen capacidad de criterio en la materia disciplinaria que están juzgando. Eso lleva a los desaciertos en el Premio Nacional de Literatura y, en este caso, en el de Historia.

JULIA ANTIVILO:
“¿Cuál es el merito de este señor?”

-Al parecer, hay cuotas en este equipo de premios nacionales. El año pasado se distinguió a Gabriel Salazar y ahora, no sé cuál es el mérito de este señor. La verdad no me quedo para nada conforme con este nuevo premio nacional. No encuentro el mérito de la obra de este señor y todo parece indicar que hay cuotas políticas.

PABLO MOSCOSO:
“Bernardino es un latoso”

-El asunto me resulta un tanto paradójico. Evidentemente, si me preguntas por Bernardino, te puedo contar que me resulta de lo más latoso; Ortega y Gasset lo definió bien: aquello que te quita la soledad y no te da compañía. No sé, una especie de fernet que lo tomas para pasar la grasa historiográfica u otra especie de jarabe. Que sea ultra conservador, obviamente no es un problema. Muy al contrario, uno de los referentes que suele citar, Alberto Edwards, resulta alucinante. Sin embargo, no tiene los brillos e ingenios de éste o de un Encina. Es, como ya dije, una lata, el representante de un género historiográfico que huele a naftalina. Sin embargo, para todos los efectos, es un académico de tomo y lomo que realiza su pega con rigor y profesionalidad y que realiza sendos aportes bibliográficos. Simplemente un académico. Supongo que en este sentido se tiene bien ganado el premio; premio que por lo demás también huele a viejito de botica. En realidad rezuma Bravo Lira un traje a la medida. Afortunadamente no estamos hablando de un Pulitzer o algo por el estilo; ahí entraría a asustarme y supongo que eso sería otra pregunta.

PATRICIA ARANCIBIA CLAVEL:
“No estoy excited, pero me parece bien”

-Me parece bien. Creo que se está premiando un trabajo relacionado con la Historia del Derecho. También se está premiando una trayectoria larga, aunque mi candidato era otro. Pero en este caso, a mí no me parece mal que se haya premiado a Bernardino Bravo. Es un hombre serio. Pero con esto no quiero decir que estoy fascinada con que le hayan dado el premio. Tenía otro candidato. Pero no estoy disconforme como en otros casos, en que se ha premiado a personas que no están cien por ciento vinculadas a la Historia. Pero bueno, me parece bien. No te voy a decir que estoy “excited” con el premio, pero me parece bien.

SOFÍA CORREA SUTIL:
“Su premio es producto del lobby”

-Es súper complicado para mí comentar el premio de Bernardino, porque lo conozco personalmente. Trabajó conmigo en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Eso, por una parte, hace que las relaciones personales influyan. Por otro lado, tengo sentimientos muy encontrados; pienso que es una persona que ha dedicado su vida al trabajo intelectual y ha escrito mucho y eso es meritorio. Es muy difícil en este país dedicarse al trabajo intelectual contra viento y marea. Ahora, para él es más fácil, porque integra el Opus Dei y tiene un marco donde instalarse para hacer su vida académica. Pero hacer vida académica en Chile es difícil, y entonces yo valoro cuando una persona se ha dedicado 100% a ello. Pero en cuanto a su obra yo discrepo enteramente de ella.
Me parece muy legítimo tener opiniones muy diversas respecto a la historia, a nuestra historia. Pero por otro lado encuentro complicado dar y recibir un premio nacional para una persona que no cree en la nación, sino que cree en el orden imperial español. Bernardino no cree en la república, no cree en la independencia. Y este es un premio NACIONAL. Eso lo hace complicado. Entonces todo lo que te digo son cosas enredadas, no puedo ser tajante.
¿Pero qué siente con este nombramiento?
-Discrepo enteramente de su obra, creo que la historia política es más compleja que la historia jurídica. La verdad me es muy difícil opinar sobre este premio… Creo que, además, los últimos premios tienen que ver con todo un lobby y eso desmerece los premios y los pone en una situación crítica, porque tanto el premio nacional de historia como el de literatura reflejan un lobby. El premio nacional de literatura es evidente que fue un lobby desde la Concertación, y al final Piñera por supuesto concedió ese gustito… a él le da lo mismo. Pero obviamente hubo un lobby político muy fuerte. Es decir, un premio político… es más que evidente.
¿El premio nacional de historia es un premio político también?
-También. O sea, todos los premios nacionales suelen ser premios políticos, pero en este caso es más evidentemente producto de un lobby. El lobby para que funcione -para que sea exitoso- tiene que enmascarar su carácter de lobby. En este caso el lobby quedó en evidencia. En los dos premios. Entonces es como el triunfo y derrota del lobby. Porque fue muy evidente…
En este sentido es lamentable que el rector de la Universidad de Chile se haga parte de un lobby y que lo único que considere en las premiaciones es si son o no académicos vinculados a la Universidad de Chile, porque eso deslegitima la participación de la Chile en el premio, porque ésta está en el premio en calidad de autoridad intelectual, y si el rector actúa en calidad de interés corporativo -la Universidad de Chile defiende a los académicos de la universidad-, le quita legitimidad a su participación en el jurado. Este premio pone en cuestión a los jurados.

IGOR GOICOVIC DONOSO:
“No lo conozco lo suficiente”

-La verdad es que no conozco lo suficiente a Bernardino Bravo Lira como para pronunciarme responsablemente sobre su quehacer historiográfico. Y no me parece pertinente pronunciarme sobre sus opciones polìticas.