Por JAIME VARAS

Chindo Vera, alcalde de Puerto Aysén en los años 30. Expresaba en sus discursos, que en el futuro, el mar sería parcelado y depredado por los grandes empresarios. Años más tarde, Salvador Allende, quién fue senador por Aysén, Chiloe y Magallanes y luego Presidente de Chile, un 7 de marzo de 1972, en un discurso en la plaza de armas de Chañaral, Región de Atacama. Anuncio que las condiciones del agua y los recursos naturales marinos constituían parte de sus prioridades.
Salvador Allende, para todo Chile, desde la pequeña plaza chañaralina, designó al Ministro de Tierras y Colonización, como encargado de estudiar el proyecto del Ministerio del Mar. La instrucción de Allende, tomó fuerza y formó parte del proyecto de sus 40 medidas. El 11 de septiembre de 1973 llegó el dictador Pinochet y las propuestas pasaron al olvido.
La dictadura de Augusto Pinochet, transformo la estatización de empresas impulsada por Allende, en la privatización de empresas públicas. Estas comenzaron a trabajar ha toda maquina, entregando por miserias lo que Allende con acierto definió como El Sueldo de Chile. Esto, para atraer el apoyo de Estados Unidos y así minimizar el repudio que despertaba la dictadura militar en el mundo.
Chañaral, se convirtió en un tranque de relaves mineros, y como efecto colateral del que fue victima, pasó a convertirse hasta los días de hoy, en la ciudad con la bahía más contaminada del planeta. En los años 90, las cantidades de relaves vertidos a la Bahía, fueron trasladados en un cauce al Parque Nacional Pan de Azúcar, 6 kilómetros al norte de Chañaral. Hasta hoy las aguas contaminadas sepultan las costas de Pan de Azúcar.
Chindo Vera y Salvador Allende no vislumbraban que el régimen militar, más el olvido ideológico de los que pádecen Alzheimer podrían instalar y dar forma a la privatización del mar. Hoy existe una ley que entrega los atributos legales para que se promueva la venta del mar chileno en corto plazo.
Cuando apareció la crisis del virus ISA, o Anemia Infecciosa del salmón. Chile comenzó a disminuir su capacidad productiva, esto, debido a que el virus afecto a la especie de salmón más apetecido por los mercados extranjeros. Las consecuencias, incalculable en su inicio, disparo la cesantía por las nubes, con cifras record, que hoy mantiene cerca de 20 mil desempleados crónicos.
Las irregularidades sanitarias y la falta de fiscalizaciones en la industria, facilitaron el trasporte del virus en cada uno de los centros salmoneros. Al descontrol, se sumaron las soluciones parches, que en un país con conocimientos y normas ambientales neófitas, incluyo el incremento de lo más diversos antibióticos para contrarrestar la enfermedad de la industria. Estos excesos, clausuraron el ingreso del producto en países con normas sanitarias inviolables y de mayores exigencias.
Un estudio de la Universidad Austral de Chile, demostró que los salmones comercializados en supermercados, ya están con antibióticos tales como, ácido oxolínico y flumequina, que en la salud humana la prescripción está regulada y que en Estados Unidos, la administración de ellos, está prohibida en salmonicultura. Con esto, se pone en evidencia que los chilenos al comer salmón también estarían ingiriendo antimicrobianos y aumentando el riesgo de generar resistencia bacteriana a estos fármacos.
Un ejemplo práctico, se traduce en un modulo de 14 jaulas, cada una con de 30 mil salmones. Los que sin fluctuaciones en su cantidad, deben ser entregados al final del ciclo. La mayoría de las empresas asociadas a Salmón Chile tienen sus productos comercializados antes de cosecha y en algunos casos, con un año de anticipación. Por esta razón, cuando una jaula se infecta, las dosis de antibióticos arrojadas son exageradas. Un alto porcentaje infecta la jaula paralela. El virus ISA es de fácil contagio y utiliza como vector a barcos y especies de la columna de agua, como por ejemplo, el Caligus, o pulga de mar.
El drama del virus ISA en Chile tiene varias hipótesis. Algunos aseguran que los mercados competidores, enviaron ovas infectadas con virus ISA. Pero otros, dan una mirada más profunda basada en una razón biológica, bautizada como sobrecarga de biomasa o sobreproducción. Como sean los resultados, el virus ISA es la enfermedad de la industria salmonera y su florecimiento no es chileno.

La ley de los poderosos

Los empresarios agrupados en Salmón Chile, sumaron el apoyo político de ambo sectores y dieron forma a un proyecto catastrófico. Esta medida, permite a las empresas salmoneras empeñar sus territorios a la banca privada, para acceder a los 450 millones de dólares que inyecto el gobierno de turno. Si la industria no logra reponer el préstamo, las porciones de mar pasan a propiedad de la banca privadas y automáticamente el mar territorial se transfiere a propiedad de privados, y estos, privatizan el mar chileno. Los pronósticos favorecen sólo a un sector, el empresariado. SalmónChile ha sido prudente, señalando que aun falta mucho para que la industria vuelva a exportar los niveles de casi US$ 2.500 millones anuales, que manejaban antes de la crisis.
Esta ley posee una serie de otros factores que pasaron desapercibidos para los ciudadanos. El sector pesquero artesanal, se le impusieron restricciones en rutas de navegación históricas. Por otra parte, los caladeros, traspasados por generaciones de antaño. Están sometidas al control sanitario de los salmoneros, los verdaderos promotores de infecciones y enfermedades en territorios que antes fueron vírgenes, la que además fue catalogada como reserva ecológica de planeta.
La historia exportadora de Chile no ha estado ajena de grandes acontecimientos. En tiempos de transición, en los colegios más humildes de Chile se consumían uvas de exportación, la causa: dos granos de uva chilena estaban contaminados con cianuro y provocaron en Chile el despido de 16.800 trabajadores agrícolas. El escándalo en Estados Unidos, prohibió la importación de uva chilena. Una década más tarde, cuando la industria del salmón ingresaba al mercado norteamericano, representando el 45% del producto nacional. Chile logro tomar el control del 48% del mercado americano. Al corto plazo, Estados Unidos denunciaba a Chile por dumping, y una década después, cuando Chile lideraba el ranking mundial en producción de salmones, llego importado el virus ISA en ovas infectadas, provenientes desde los países competidores.