Por Giorgio Jackson*

Todos los años nos viene una especie de amnesia y nos sorprendemos al ver cómo aumenta la brecha entre los puntajes de alumnos de colegios privados y municipales, mejor dicho, colegios para ricos y colegios para pobres.

No hay que ser profeta para decir que en un par de semanas, una vez publicados los resultados de la PSU nuevamente reflexionaremos acerca de nuestro desigual sistema educativo. Parece que todos los años nos viene una especie de amnesia y nos sorprendemos al ver cómo aumenta la brecha entre los puntajes de alumnos de colegios privados y municipales, mejor dicho, colegios para ricos y colegios para pobres. Y por más crudo que suene, es la realidad que hemos construido, y la PSU no hace más que acentuar las desigualdades ya conocidas en Chile.

El debate sobre la educación chilena está encendido, fruto de la llamada “revolución educacional” impulsada por el ejecutivo, que ha despertado mucho descontento dentro de los actores sociales involucrados. En ésta, se pone mucho énfasis en los incentivos a los resultados de pruebas estandarizadas y cómo éstas evalúan la calidad de la enseñanza. Pero si bien la prueba SIMCE tiene por objetivo evaluar los contenidos aprendidos, la PSU no debiese tener esta misma connotación.

Primero notemos las implicancias sociales que tiene la PSU, que no sólo sirve para que las universidades seleccionen, sino también para ver donde se focalizarán los recursos estatales. Y de aquí se desprenden, no sólo el Aporte Fiscal Indirecto (AFI), destinado a “premiar” a las instituciones elegidas por los mejores puntajes de la PSU, sino además las becas y créditos. Por eso vale la pena preguntarse, ¿qué buscamos con la PSU?
¿Queremos acaso evaluar qué tan bien se aprendieron los contenidos del curriculum o queremos detectar a los mejores, para predecir quiénes tendrán un buen desempeño futuro?

La primera opción, al centrarse en el contenido, no sólo pone un punto (o muchos) a favor de los sectores más acomodados, si no también desconoce las habilidades de la mayoría que quedó marginada de un buen establecimiento educacional o de un costoso preuniversitario. Además, esta alternativa no parece ser el mejor predictor para todas las carreras universitarias, menos aún para las técnicas. En resumen, esta opción es regresiva y poco óptima.

La segunda requiere voluntad política para romper con el status quo. No basta con anunciar que el puntaje durará 2 años o que se podrá rendir 2 veces al año, ya que eso no toca el problema de fondo. El sistema de acceso requiere incorporar nuevas variables que predigan mejor el desempeño de los estudiantes e introduzcan espacios de equidad en nuestro sistema educativo. Incorporar, por ejemplo, el ranking de notas como variable importante para asignar el AFI introduciría incentivos para las instituciones en pos de ser los agentes de movilidad social que Chile necesita, encontrando a los más talentosos del país sin discriminar por origen socioeconómico.

Es por esto que hoy tenemos dos alternativas a la luz de los predecibles resultados de la PSU:
Dejar la PSU como está y “esperar” a que la educación básica y media sea equitativa para los distintos niveles socioeconómicos, desperdiciando talentos año a año entre los casi 300 mil estudiantes que rinden la PSU.
Podemos tomar el toro por las astas, y poner la equidad, en conjunto con la calidad, como ejes del sistema de acceso a la Ed. Superior, con simples medidas.

Propongo, y no soy el único, que partamos con la incorporación de al menos un 50% del Ranking en el AFI y que se efectúe, como se ha prometido hace años, una auditoría internacional a nuestro termómetro social, la PSU. Luego, reconozcamos lo costoso que resulta nivelar la cancha para la Ed. Superior y entreguemos recursos para dicha nivelación, en propuestas como el sistema de propedéutico nacional o una subvención preferencial para las Universidades que acepten el desafío de matricular a los más marginados para su posterior preparación.

No nos hagamos los lesos, no necesitamos esperar los resultados de la PSU para empezar el debate y el show sobre los escandalosos resultados que se avecinan. Esta vez nos debemos anticipar y exigir cambios ahora en este predecible e injusto sistema de acceso.

*Presidente de la FEUC
@Giorgiojackson