En una carta al diario El País, Mario Vargas Llosa se refirió duramente a quienes quisieron evitar que inaugure la Feria del Libro de Buenos Aires. El premio Nobel peruano insinuó que la izquierda Argentina quiere convertir al país en una segunda Cuba.

El escritor peruano se considera víctima de una persecución política por su posición “liberal y reaccionaria”. En una carta al diario El País, volvió a criticar al grupo Carta Abierta, liderado por el director de la Biblioteca Nacional trasandina, Horacio González, por pedirle a los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires que retiraran la invitación a Vargas para hablar en la inauguración.

Con molestia, el escritor se pregunta “¿Qué clase de Argentina quieren los intelectuales kirchneristas?”. Vargas Llosa ha criticado en numerosas ocasiones el gobierno de Cristina Fernandez, por considerarlo populista, anti-democrático y cercano a Hugo Chávez. Cuestionando el futuro de Argentina concluye que sus detractores desean “¿Una nueva Cuba, donde, en efecto, los liberales y demócratas no podríamos jamás dar una conferencia ni participar en un debate y donde sólo tienen uso de la palabra los escribidores al servicio del régimen?”.

Vargas Llosa señala que esta no es la primera vez que ha sido censurado en Argentina. Durante la sangrienta dictadura del General Videla, el ministro Harguindeguy prohibió la novela “La tía Julia y el escribidor” por considerar que ésta era ofensiva para “el ser argentino”. El escritor compara a los intelectuales kirchneristas con aquel general por “compartir cierta noción de la cultura, de la política y del debate de ideas que se sustentan en un nacionalismo esencialista un tanto primitivo y de vuelo rasero”.

Pero esta no es la única comparación que se permite el escritor. Añade que Horacio González y sus colegas se asemejan a los “Piqueteros kirchneristas”, en referencia al episodio vivido por el escritos peruano hace algunos años en Argentina.

Una fría mañana en que Mario Vargas Llosa atravesaba en bus la ciudad de Rosario junto a un grupo de intelectuales de derecha, fueron emboscados por una treintena de manifestantes kirchneristas armados de palos que lanzaron piedras y botes de pintura contra el bus. La pedrera duro un buen rato y destrozó los vidrios dejando al vehículo abollado. El escritor concluye que fue “una experiencia interesante e instructiva que parecía concebida para ilustrar la triste vigencia en nuestros días de la confrontación entre civilización y barbarie”.

Vargas atribuye el intento de censura a una posición intelectual que “tiende a imposibilitar todo debate y a convertir la vida intelectual en un monólogo o en el que las ideas se desintegran”.

El Nóbel concluye la carta con una inquietante reflexión. Porque si la ideas “burguesas” y “reaccionarias” son prohibidas en una charla “hay sólo un paso a depurar las estanterías de libros que desentonan con “las corrientes progresistas”.