“En un hecho inédito, 200 dirigentes mapuche que participan en la Mesa de Diálogo Nacional por el Reencuentro Histórico, llegaron hasta La Moneda para entregar al Presidente Sebastián Piñera un documento con las principales conclusiones de su trabajo”. Así de entusiasta informó en días recientes el gobierno de los resultados de la denominada “Mesa Mapuche del Ñielol”. Me van a perdonar lo aguafiestas, pero de inédita la noticia tiene poco y nada.

“En un hecho histórico, cientos de dirigentes mapuche se reunieron en Nueva Imperial con el candidato presidencial de la Concertación, Patricio Aylwin, a quien hicieron entrega de…” (1989); “En un hecho sin precedentes, cientos de comunidades mapuche participaron de los Diálogos Comunales impulsados por el Presidente Eduardo Frei durante el transcurso del año…” (1999); “Como un acontecimiento histórico fue catalogado por el Presidente Ricardo Lagos la entrega del Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato y en el cual participaron…” (2003); “Hasta el Palacio de La Moneda arribó medio centenar de líderes mapuche para hacer entrega a la Presidenta Michelle Bachelet de las conclusiones del denominado ‘Diálogo Nacional con los Pueblos Indígenas’, proceso calificado como sin precedentes por…” (2008). Inédito, histórico, sin precedentes… Y si nos vamos más atrás, sospecho así todo el bendito siglo XX.

¿Alguien puede estar en contra del diálogo? Convengamos que nadie en su sano juicio. La política, escribió alguien, es el arte de la negociación y esto parecen entenderlo como pocos las organizaciones y comunidades de nuestro pueblo. Pero una cosa es el diálogo y otra muy diferente los monólogos o las puestas étnicas en escena. Uno a ratos no logra entender de dónde sacan tanta paciencia nuestros viejos. Todos y cada uno de los gobiernos chilenos de turno, habidos y por haber, los han convocado (y seguirán convocando, sospecho ad eternum) a “históricos diálogos” donde “esta-vez-sí-que-sí” se atenderán las justas demandas políticas, culturales, económicas y sociales no satisfechas por la anterior administración.

Y una y otra vez acuden los mapuches al llamado, esperanzados en la palabra empeñada de la autoridad, en la justeza histórica de su reclamo o bien en la alineación de Júpiter con Saturno. Y vamos en la imprenta de La Moneda sacando Informes, Memorias, Libros, volúmenes empastados y en papel couché con los aportes de las comunidades y las sesudas conclusiones de la última Comisión de Expertos Mapuchólogos convocada por el Ejecutivo para ser anexadas al ladrillo final. Todo ello, claro está, en un hecho “histórico”, “inédito” y “sin precedentes” en la larga tradición republicana del país.
¿Sirve de algo que los mapuches, administración tras administración, se sienten a dialogar políticamente con el gobierno?

Poco y nada si cada 5 años un nuevo primer mandatario chileno jurará estar con su gabinete inventando la pólvora.
Perdonen el sarcasmo, pero entre las conclusiones de la “Mesa del Ñielol” se destaca, por citar solo un ejemplo, “la necesidad y urgencia de avanzar en el reconocimiento constitucional de los Pueblos Originarios”. Reconocimiento constitucional, es decir, que la Carta Magna termine con el absurdo de Chile como “Nación única e indivisible”, verdadera reliquia del siglo XIX que más de una carcajada debe causar en nuestros socios primer mundistas de la OCDE. ¿Saben ustedes cuántos años cumple ya dicha demanda por reconocimiento constitucional? Solo contarles que tanto Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet la tuvieron sobre su escritorio durmiendo plácidamente el sueño de los justos. Algo parecido aconteció con el Convenio 169 de la OIT, demandado por el movimiento mapuche en el “Acuerdo de Nueva Imperial” de 1989 (acuerdo como ya supondrán, “histórico, inédito y sin precedentes”) y que recién en septiembre de 2008 fue ratificado por el Estado chileno. Y aun así, a regañadientes.

“Estamos muy claros y tenemos la plena conciencia que estamos en deuda con el pueblo mapuche, que durante demasiado tiempo se le han negado las oportunidades y los derechos que merecen”, señaló el Presidente Piñera al finalizar la citada “Mesa del Ñielol”, mesa “ciega, sorda y muda”, según han subrayado sus detractores. Razón tiene el primer mandatario; el Estado chileno está en deuda con los mapuches. Y desde hace tanto tiempo que la deuda hace rato fue a dar con sus excusas a DICOM. Excelentísimo Sr. Piñera; ¿Quiere en verdad pasar a la historia y ser recordado como el arquitecto de un nuevo Chile? ¿Quiere repuntar como avión en la Encuesta CERC? Convoque urgente a una Asamblea Constituyente, refunde Chile como un Estado Plurinacional, convierta el Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato en lectura obligatoria en los colegios, permita –como España respecto de Catalunya, el País Vasco o Galicia- que un “Estatuto de Autonomía Regional” canalice las legítimas demandas políticas de mi pueblo. De las Piñericosas a las páginas de la HISTORIA. Así como lo lee, con mayúsculas. Se lo doy firmado.