Fotos: Agencia Uno

Estos días existe una sola certeza en el Gobierno frente a un eventual cambio de gabinete: la duda del presidente Piñera sobre si debe o no remover a Rodrigo Hinzpeter del ministerio del Interior es el punto de quiebre que ordenará cualquier otro movimiento en los secretarios de Estado y es a partir de esta decisión que Piñera hará cualquier modificación del que fuera anunciado como el Gobierno de la eficiencia y hoy parece hacer agua precisamente por su déficit de figuras políticas.

La decisión, como todas las de Piñera, recae única y exclusivamente en él y está marcada no solo por la cercanía que el mandatario ha generado durante los últimos diez años con su escudero, sino también por el peso del cargo y el perfil que ha adoptado Hinzpeter en este año y medio de la ya no tan nueva forma de gobernar.

Más allá de sus aspiraciones presidenciales, el ministro del Interior y Seguridad Pública no ha adoptado una agenda propia y en ningún momento ha hecho sombra a un presidente que siempre está preocupado por ganar.

El policía

Obviamente, decidir la salida del hombre de las lacrimógenas acarrea una segunda decisión que para el empresario puede tener mayor peso que el del vínculo afectivo: alguien tendrá que reemplazar a Hinzpeter en el más político de los ministerios y con un periodo duro electoral en las espaldas (las municipales serán la primera prueba).

Sin embargo, en el oficialismo saben que la situación no da para más. “El presidente sabe que no puede estirar mucho la posición en la que está ”, dicen sin resquemores en la Alianza, reconociendo abiertamente que el cambio de gabinete en el gobierno de los mejores es hoy algo más real que una posibilidad. De hecho, en la coalición por el cambio no olvidan el reto en público de Piñera hacia Hinzpeter a su regreso de un viaje Europa. Lo que según algunos, marcó un antes y un después en su relación.

Por eso y tal como hace el Banco Central para preparar a los mercados sobre sus decisiones de política monetaria, ayer el propio Piñera ablandó el terreno, reconociendo que “tenemos muchos problemas, estamos conscientes de ellos… y estamos trabajando para corregir los errores”.

Los errores, está claro, han sido en el campo político y en la práctica. Tras años de centrar su discurso contra la delincuencia y en criticar el manejo del orden público de los gobiernos de la Concertación, parece un contrasentido escuchar al presidente decir que nunca se va a ganar la batalla contra la delincuencia, labor que recae precisamente en el más cuestionado de sus ministros. Y donde además centró sus promesas de campaña.

Sin embargo, otro gran flanco abierto para Piñera -y que el propio mandatario viene recalcando a sus ministros desde hace tiempo- es la comunicación de los proyectos de su gestión. “Un trabajo no está hecho si no se comunica”, dijo meses atrás a sus secretarios , cuando dedicó un consejo de gabinete para recordar a su equipo, en tono de reproche, que debían ser más cercanos a la gente.

Esta pata coja apunta directamente a la Secretaria General de Gobierno, Ena von Baer, otra de las candidatas para abandonar La Moneda.

Para el diputado UDI Eugenio Bauer la decisión es prácticamente un hecho, aunque recuerda que esta pasa únicamente por Piñera. “Ojalá sirva para enmendar el rumbo y seguir caminando. Yo pienso que se van Interior, la vocera y la Segpres”. Es decir, el comité político en pleno.

Su análisis se ajusta a la crítica constante que ha hecho el gremialismo al manejo político de La Moneda y coincide con las palabras del secretario de su partido, Víctor Perez, quien señaló que si Hinzpeter tomó vacaciones en un momento tan delicado es precisamente porque sabe que “su tiempo se acabó”.

En la retina de muchos aún se encuentra la escena de comienzos de junio, cuando un nutrido grupo de parlamentarios UDI manifestó su rechazo al manejo político del ministro del Interior ilustrado con un disco Pare.

La crítica de entonces, y que pareciera permanecer en el ambiente, es que al gobierno tiene un déficit político que sólo se solucionaría con pesos pesados. Sin embargo, esta postura tiene un alto costo para el presidente: más allá de las cifras, la última encuesta Adimark dejó en claro que existe un fuerte rechazo ciudadano a toda la clase política. Esto dejaría a Piñera en la encrucijada de optar por la orientación civil que sugieren las encuestas o ceder a la presión en el seno de una coalición que durante años criticó la falta de recambio.

Además, la promesa y diseño del Gobierno se basó en la ausencia de personajes políticos y la inclusión de profesionales exitosos con un perfil más técnico que público. Por esto, acoger la demanda de sus socios implicaría para Piñera reconocer que se equivocó desde un comienzo en la conformación de su gabinete, a pesar de que ya haya incluido a dos viejos conocidos de la política en Defensa y Trabajo.

Los cambios

Aunque hasta hace algunas semanas Hinzpeter parecía el último candidato para abandonar La Moneda y a que algunos sectores de la Alianza aún señalan que no será removido, hoy su salida es la que determinará todo el reordenamiento del gabinete, pues según fuentes de Gobierno cualquier modificación en la que el abogado permanezca en su cargo sería considerada inútil por los peces gordos del oficialismo. “Ese diseño no resiste análisis. Nadie en la UDI entiende un cambio de gabinete sin la salida de Hinzpeter”, comentan desde la calle Suecia 286.

Frente a esto, en La Moneda creen que si Piñera decide despedir a su hombre fuerte, el más probable candidato para reemplazarlo sería el ministro de Justicia, Felipe Bulnes (RN).

“Ha hecho una tremenda gestión y es respetado por todo el espectro político. Ha logrado una muy buena relación en el Congreso, incluso con la oposición y por eso no me extraña que sea una carta posible para pasar desde Justicia a otro ministerio más político”, señalan en la Alianza sobre esta posibilidad.

Sin embargo, las dudas sobre Bulnes se basan en que a pesar de su buen manejo en Justicia, se desconoce su capacidad de manejo de crisis. “No sabemos cómo reaccionaría con una crisis de 30 días, como la de los universitarios”, comentan. A cambio y como punto a favor tiene una buena relación con los parlamentarios, la gran deuda de Hinzpeter.

Esta modificación abriría el naipe de un cambio que en la Alianza esperan sea el definitivo, por lo que marcaría una reestructuración global de La Moneda. Piñera aprovecharía la salida de Hinzpeter para modificar el comité político, “repartir las culpas” y también como una señal a su mano derecha de que no fue el único que tuvo que empacar.

De concretarse el movimiento, la UDI exigiría que uno de los suyos ocupara un cargo de peso político en La Moneda, para lo que se ha barajado la posibilidad de que Andrés Chadwik llegue a la Secretaria General de la Presidencia para reemplazar al ex Libertad y Desarrollo,  Cristián Larroulet, y no a la vocera como se había hablado en las últimas semanas.

La vacante en la vocería abriría un espacio para que Piñera incorporara a un independiete a su gabinete, no sólo por la escasez de políticos de peso en la derecha que no se encuentren en el Parlamento, sino también como un guiño a la ciudadanía ante su rechazo a la clase política.

Si el desembarco de Bulnes no se materializa, otra posibilidad de la que se habla con fuerza en los pasillos de La Moneda es que Andrés Allamand ocupe el Ministerio de Interior, aunque esta teoría se ha ido desvaneciendo por un problema práctico para Piñera: el empresario sabe que Allamand tiene una agenda propia y su meta es precisamente ser él quien designe a los ministros. Además, la rivalidad entre el ministro de Defensa y Hinzpeter es vox populi hace mucho tiempo -postura irreconciliables dicen-, por lo que el mandatario no sólo estaría dando la espalda a la UDI, sino que estaría dejando sin piso a su escudero.

Cambio definitivo

En las altas esferas del oficialismo existe una premisa clara: si Piñera va a mover sus fichas, es mejor que lo haga bien, sacudiendo el tablero de una buena vez para poder afrontar en buen pie el proceso de elecciones municipales que se avecina.

Hasta hace un tiempo el presidente había podido prescindir de los partidos políticos y mantener su línea personalista, pero la coyuntura electoral hará que dependa de la maquinaria política, por lo que esta vez su margen de maniobra es estrecho.

Es por esto que no sólo el gabinete político cerraría la puerta por fuera. Existen algunos ministros del ámbito técnico que no lograron construir su personaje y desarrollar empatía, conocimiento, destreza política y hoy están cuestionados.

“Nosotros le planteamos críticas sobre la potencia de los anuncios y avances que no llegan a la gente. Los ministros más técnicos no han explotado los avances en sus áreas y eso repercute en el lado más político del gabinete”, indicó una fuente de Gobierno sobre un encuentro con el presidente.

Ante esta lógica, es factible que los ministros de Obras Públicas, Economía y Medio Ambiente puedan ser reemplazados por su falta de llegada con la ciudadanía.

Algo también está claro en La Moneda: el cambio de gabinete no será antes del lunes por la ausencia del otrora hombre fuerte y clave en las modificaciones. Aunque se habló de que Hinzpeter podría adelantar su regreso a Chile, en la Alianza niegan esta posibilidad: forzar su regreso daría la señal de un gobierno en quiebra. Bajo la línea de preparar el terreno, se especula que Piñera haría un anuncio el domingo para concretar su jugada el lunes.

Lo cierto es que el momento del cambio llegó para el Gobierno del cambio y dentro de toda la batahola de rumores y especulaciones, de versiones dentro y fuera de La Moneda, una corriente se impone con fuerza: uno que sabe ganar perdiendo, el ministro de Educación Joaquín Lavín, se mantendría sonriente en su oficina del Mineduc diciendo GANÉ.