Foto: Alejandro Olivares

El decano de Educación en la Universidad Alberto Hurtado dice que el GANE está bien encaminado pero que se necesita “un acuerdo moral antes de sentarse a conversar”. Acá dice que la propuesta es un alivio, “pero se oyó que los empresarios iban a estar felices porque ahora van a haber más estudiantes con plata en la mano golpeando la puerta de la universidad”.

-¿Qué le parece el cambio de ministro de Educación?
-Creo que descomprime porque se le había puesto esta chapa al ministro Lavín de su vinculación con la UDD que lo complicaba frente a los estudiantes y empezaba a complicarlo también desde su sector, porque conversaba sólo con las tradicionales. Al haber un cambio, el gobierno sin ser contradictorio aparece con más cintura. Hoy el ministro Bulnes señaló que se encargaría por velar que en el tema del lucro que se cumpla la ley, lo que debería haber dicho el Presidente hace mucho rato. Era obvio porque todo el mundo estaba gritando “No al lucro” y él dijo “bueno, lo vamos a hacer legal entonces”. Eso sí que es un balde de agua fría para los que se estaban manifestando.

-Bulnes va a discutir el GANE. ¿Qué le parece esa propuesta?
-Si uno ve el paquete GANE es sumamente generoso en términos de recursos y soluciones. Hay mucho dentro de ese paquete y los estudiantes ni siquiera quieren abrirlos. Entonces, yo tiro soluciones que de alguna manera resuelven, no en la mejor forma, pero de buena forma el problema de los endeudados y los cambios al crédito con aval del Estado. Hay cosas interesantes, pero no se oye este cuento.

-¿Por qué no se oye?
-Creo que en eso le faltó credibilidad al gobierno en términos de explicar el GANE, mostrar que estas medidas están en una dirección de igualar, mejorar. Ahora, por qué no se le cree al gobierno yo creo que es por dos cosas importantes. Una es no decir nada de los secundarios, que implica no decir nada donde está, como dice el Presidente, “la madre de todas las batallas”. No haber respondido eso es no responder a algo muy importante del movimiento.

-¿Y la otra?
-La otra es que existe un manto de dudas sobre la educación superior que tiene que ver con denuncias fuertes de los últimos años, como los libros de la María Olivia Monckeberg. Ese tema que era un tema focal de los estudiantes, que está en el corazón de la demanda aparece enfrentado a lo que propone. Se pone en contra a lo que están pidiendo y esa medida, que tiene un carácter simbólico muy fuerte, hace que las otras cosas no se miren.

-¿Qué hay que mirar entonces?
-Bueno, la baja de un tercio del interés de un crédito con aval del Estado y la repactación de deudas. Eso me parece que va por un buen camino y los estudiantes ni siquiera han reparado en ello. Ese es un alivio bastante bueno.

-Ellos dicen que es más de lo mismo, pero no quieren un alivio si no un cambio de modelo.
-Depende de lo que entendamos por eso. Acá hay dos posiciones extremas y estamos como país en una cuestión intermedia. Pero hacia dónde nos vamos. Cuando hemos llegado a una cobertura real de casi el 50% en educación superior, nosotros tenemos chiquillos de todos los sectores sociales. Eso sí, aún hay muchos más ricos que pobres, seguimos teniendo la cancha desnivelada y aún con créditos y becas tenemos gente que no puede acceder. A ellos no les basta con el crédito y la solución a la que tenemos que llegar como país es bastante más compleja que la que propuso el gobierno ahora. Aunque se abre a una discusión más interesante.

-¿Qué es lo que hay que hacer entonces?
-Yo puedo discutir en el fondo si las becas deben estar cortadas en 500 puntos o 450 puntos de la PSU para ingresar, porque un chiquillo pobre que termina su enseñanza media en un colegio que no tiene todas las competencias, logre 450 puntos ya es un éxito. Y si alguien dice que es muy poco, bueno… 500. Pero el criterio general ya está ganado que es que el 40% más pobre necesita beca. De ahí podemos pensar que el 20% más pobre necesita además una mantención de 80 lucas al mes porque sin ella no se puede mover de su casa. Ahí hay que pensar que hay distintos tramos, pero hay espacio para discutir.

-¿Qué es lo que no tiene la propuesta?
-Lo que no toca, o toca superficialmente es que los estudiantes quieren más control del mundo de la educación y eso supone reforzar sistemas de acreditación, que hay que tener información mucho más clara. Que la Superintendencia tenga la facultad de cerrar esas universidades que sean malas. En el fondo, que haya control institucional, pero eso no se oyó así.

-¿Qué es lo que se oyó?
-Se oyó que los empresarios iban a estar felices porque ahora van a haber más estudiantes con plata en la mano golpeando la puerta de la universidad. Creo que ese no era el espíritu del gobierno, pero se escuchó así. De esa perspectiva yo creo que sentarse a conversar es una buena idea, pero para eso se requiere un acuerdo moral inicial. Eso es lo que tienen que lograr los estudiantes y el gobierno, para deponer las medidas y empezar a solucionar las cosas.

-¿Basta con ese acuerdo moral? Ellos parecen muy incrédulos.
-Claro que no, pero con eso vamos viendo cómo avanzamos en el camino. Ese es el criterio que los estudiantes han dicho, a mi juicio con mucha claridad, que la educación no se haga según el tamaño del bolsillo de los papás. Si no que sea un derecho para que todo el que se esfuerza tenga el derecho básico de acceder a la universidad.

-¿Esa duda no tiene que ver con lo que dijo el Presidente, que la educación era un bien de consumo? Los estudiantes movilizados, ahora en huelga de hambre algunos, dicen que no se van a bajar antes de tener seguridad de discutir eso.
-Sin entrar a comentar el “gag” del Presidente, por lo que imagino debe estar muy arrepentido, lo básico es este acuerdo moral entre todos. Podemos discutir cuál es el mejor camino si es que vamos al mismo lado, porque si vamos a lados distintos no lo vamos a encontrar. Necesitamos llegar a un acuerdo para comenzar a avanzar y creo que eso vendrá en las próximas semanas. Espero.