Por ElPais.com

En Inglaterra la educación es obligatoria y gratuita desde los cinco años hasta los 16 años. En 2008, el Gobierno laborista aprobó una ley para extender ese periodo formativo hasta los 18 años: a partir de 2015, todos los jóvenes de 16 años deberán seguir estudiando o atender cursos de formación o hacer prácticas en una empresa hasta que cumplan los 18 años, aunque esa actividad formativa será compatible con una actividad laboral.

El principio del derecho a recibir educación gratuita es sagrado y nadie lo discute en lo que se refiere a enseñanza primaria y secundaria. Más del 90% de los ingleses estudian en escuelas pagadas por el Estado, aunque una minoría significativa están gestionadas por la Iglesia anglicana o la católica. Solo en torno al 7% estudia en escuelas totalmente privadas, sin subvención del Estado.

Esos principios regían también para los estudios universitarios hasta que el Nuevo Laborismo de Tony Blair introdujo en 1998 el pago de 1.000 libras (1.150 euros al cambio actual) anuales por matrícula. Se trata de una cantidad relativamente modesta y que no cubría ni de lejos el coste de los estudios, pero que sirvió para acabar con la gratuidad y se disparó hasta las 3.000 libras (3.400 euros) anuales en 2004.

Antes de dejar el poder, los laboristas impulsaron una reforma, aprobada luego por la coalición de conservadores y liberal-demócratas, que permite a las universidades elevar las matrículas hasta 9.000 libras anuales (10.300 euros), aunque los estudiantes no han de empezar a pagar hasta que estén trabajando y ganen más de 21.000 libras (24.100 euros) anuales.