Desde que declaró que quería ser precandidato a una primaria opositora, a Velasco le han dado empujones desde su sector, la Concertación. “Hay gente interesada en decir que no tengo ningún vínculo con el mundo de la política”, se defiende él, enumerando los años que pasó trabajando para los gobiernos pasados. Ahora, desde una oficina en Pedro de Valdivia Norte, trabaja en sus propuestas mientras observa qué pasa en el país. Falta política en el oficialismo, dice. “Una cosa que aprendí en el gobierno es que los problemas hay que sacarlos de La Moneda y este es un gobierno que todos los problemas los instala en La Moneda”, explica.

¿Tú eres precandidato de la Concertación?
-Soy alguien que quiere participar en unas primarias, que ojalá sean lo más abiertas posibles, que evidentemente sean las primarias de la oposición de centroizquierda.

¿Prefieres hablar de la oposición de centroizquierda que de la Concertación?
-Mira, no soy de los que sienten que cada dos frases es necesario hacer un mea culpa, pero sí tengo la certeza que hay que sumar y no restar.

¿Ser candidato de la Concertación hoy basta? ¿No es muy restrictivo ser candidato de un conglomerado que tiene un apoyo ciudadano muy bajo?
-Indudablemente. Por eso he hecho tanto hincapié en que las primarias tienen que ser abiertas a los independientes como candidatos y a los votantes que no sean militantes. Es un requisito indispensable para que tengamos un proceso que convoque y legítimo. Si mañana hubiera una primaria y votaran sólo militantes y treinta mil personas, sería un fracaso.

Estás apelando a un mundo concertacionista con otros actores que se van a ir sumando.
-Estoy apelando a un mundo muy grande de gente que quiere cambios, que se frustra porque bajo el actual gobierno ve promesas grandilocuentes pero no logros; un mundo que cree que Chile avanzó en los últimos veinte años pero que se molesta con los abusos de las grandes empresas y que cada vez más suscribe valores que los podrás llamar modernos o progresistas o liberales. Un mundo grande que en la política hoy está subrepresentado.

Ese mundo, en un porcentaje nada de chico tiene rabia con la Concertación. ¿Qué le pasa a esos políticos?
-Hay tres factores, al menos. Uno, una perogrullada: cuando una coalición está veinte años en el poder, la gente se cabrea de ver siempre las mismas caras. Ese es un dato. Segundo, hay ciertas prácticas políticas que a la gente la cabrearon. Especialmente, cuando se percibe que para tener un cargo en el aparato público la condición esencial es la militancia. Y tercero: la Concertación o lo centroizquierda aún no ha articulado una razón por la cual los chilenos deban votar y devolver a ese mundo a La Moneda.

¿Qué tiene que hacer un candidato para conectarse con la gente?
-Primero, hablar con la verdad. Y estar dispuesto a decir cosas que son populares pero también otras que son impopulares. El test de la honestidad intelectual es mucho más riguroso para todos de lo que era hace algunos años. Y eso no es fácil, y en especial para gente que ha estado muchos años en la vida política, que es parte de partidos, porque hay ciertas verdades políticas y cierta corrección política de la cual es difícil desviarse.

¿Y esa corrección hoy cuál sería en lo estudiantil?
-Voy a dar dos ejemplos. Para ese joven que no puede pagar, el Estado se tiene que poner con tutti, pero si hay un cabro cuya familia ha estado pagando y que es de un sector acomodado, no me parece que las platas de la educación vayan a financiarle la educación a un joven de La Dehesa. Hay cierta gente que no les gusta eso y les genera escozor. Yo lo he dicho porque tengo la convicción de que es correcto. Otro ejemplo: hace dos semanas, cuando subieron la bencina y el diésel, por razones que no tienen que ver con Chile, me preguntaron qué debía hacer con el impuesto al diésel y dije que hay que subirlo, porque el diésel contamina y además tenemos una cosa ridícula, que su impuesto es un cuarto del impuesto a la bencina, lo que lleva a que Chile se esté llenando de camionetas diésel, que son las que más contaminan. Me cuesta mucho entender cómo hay gente del mundo político que se dice ecologista que no esté de acuerdo con eso. Si uno está en la vida pública, no es necesariamente para buscar el aplauso fácil. Tuve la pega en que es más difícil obtener el aplauso.

EL EMPLEO

Tu planteamiento es que para corregir la desigualdad un camino central es el empleo.
-Así es.

¿Lo enfatizarías por sobre los impuestos, el mayor gasto público en educación?
-Chile necesita una reforma educacional potente y grande. Podemos discutir los componentes pero esa reforma es cara, y no se puede hacer a la carrera juntando platita para un par de años y dejar en vilo cómo se financia más adelante. Ergo, necesita también más impuestos. Eso lo doy como una premisa de la conversación.

No hablamos del 20% que…
-Prefiero hablar de los principios de una reforma tributaria, que creo que deben ser tres: primero, justa. Segundo, que tiene que recaudar. Sebastián Piñera después del terremoto hizo una reforma que le vendió al país como una que iba a recaudar pero de hecho va a bajar la plata que le entra al gobierno porque hubo ciertas alzas transitorias y ciertas bajas permanentes, entonces cuando la cosa termine, el gobierno va a tener menos plata. Y, tercero: tiene que ser pro empleo. Y eso significa calibrar muy bien qué se hace y dónde y cuáles son los incentivos. Si hacemos eso y descuidamos el asunto del empleo van a pasar varias cosas. Primero, que los efectos en la distribución del empleo que mucha gente espera no se van a dar porque muchos de esos egresados no van a tener los trabajos que quieren. Si hacemos una reforma educacional y no garantizamos un sistema de trabajo que funcione mejor, vamos a generar muchos grados de frustración. Parte importante de las falencias de nuestro sistema educacional es que precisamente funciona muy mal en lo que respecta a jóvenes y mujeres, y en especial a las mujeres jóvenes.

¿Cuántos desempleados hay realmente?
-En Chile hay algo más de siete millones de personas que tienen trabajo. Y cerca de tres millones y medio que, por edad y por salud, podrían trabajar, pero que no tienen trabajo. Entre esos tres millones y medio están los que buscan trabajo y no encuentran, esos son los desempleados, pero hay dos categorías más, de las que se habla poco: los que buscaron trabajo y se aburrieron y quienes no buscan porque son madres que no tienen con quién dejar a los niños, porque no tienen sala cuna; son personas de 50 para arriba que perdieron el empleo, son a veces personas que viven en lugares muy apartados y tendrían que viajar tres horas en micro y por lo tanto no les conviene o no pueden hacerlo. Si sumas esos tres factores, llegas a la conclusión que la tasa de empleo, el porcentaje de la gente entre 18 y 65 años que efectivamente trabaja, en Chile es inusualmente baja.

Más baja que en otras partes de América Latina.
-En hombres, algo más baja. Y en mujeres, muchísimo más. En América Latina, Chile es de los colistas de la tabla, le disputamos los últimos lugares a Honduras y a República Dominicana. Y si nos comparamos con la OCDE, resulta que el único país que tiene una tasa de empleo menor es Turquía, por razones culturales relativamente obvias. En Chile, depende exactamente de cómo uno haga el cómputo, pero entre el 35 y el 40% de las mujeres tienen pega, en edad de trabajar. Esa cifra, en los países del sur de Europa, o en Argentina, es del orden del 50, en EE.UU. del orden 60 y en los países escandinavos del 70 y hasta del 80. La desigualdad no depende solo de las brechas salariales, que en Chile son tremendas. Piensa cómo se determina el bienestar de una familia: depende de cuánto ganen quienes trabajan pero también de cuánta gente trabaja y de cuántas bocas hay en la casa. Y hay dos grandes diferencias entre los hogares pobres y los ricos que no se notan a la hora de mirar solamente la brecha salarial. En los pobres, hablo del 10% más pobre, hay medio puesto de trabajo por hogar, hay que juntar dos familias para tener un trabajo. En los hogares del 10% más rico, hay cerca de dos puestos de trabajo por hogar, 1,6 o 1,7. Eso solo multiplica la desigualdad por cuatro. Y hay que añadirle que en los hogares de menos recursos suele haber familias más grandes. Entonces, si miras solamente las diferencias salariales el 10% de más arriba tiene 17 veces los ingresos de los más pobres. Pero si tomas en consideración las diferencias en el tamaño del empleo, la cifra no es 17, es 78 veces. El 10% más rico gana 78 veces más que lo que gana el 10% más pobre.

¿Eso sería el foco de tu candidatura?
-Lo que ocurre es que esto tiene muchas dimensiones. ¿Quién está en ese 10% víctima de estas circunstancias? Familias muchas veces con mamá jefe de hogar, con muchos cabros chicos, que viven en zonas muy apartadas y con baja escolaridad. No hay una cosa que vaya a resolver el problema. Hay un problema de cuidado infantil, que en el gobierno de Bachelet se avanzó mucho pero recién estamos en el 30% de cobertura.

¿Los grandes empresarios estarán dispuestos a hacer una reforma de impuestos?
-Si valoran lo que deberían valorar, deberían. No solamente porque sea lo correcto, lo justo. Incluso desde un punto de vista del crecimiento económico, una de las restricciones en Chile es la educación. Y es algo que los empresarios extranjeros ven y en eso los chilenos son mucho más ciegos. En el Foro Económico Mundial, en Suiza, a la salida dejan encuestas, en que les hacen cientos de preguntas a los empresarios más top sobre distintos países y resulta que los empresarios extranjeros dicen de Chile que la educación es mala y que genera dificultades a la hora de invertir. Incluso si los empresarios tomaran la perspectiva más estrecha, la del interés personal, ellos serían de los principales interesados en que hubiera un sistema educacional mejor. Una anécdota: me tocó conversar con una gran multinacional del mundo de la computación que en un momento analizó hacer un centro grande en Chile y al final no se decidieron por una razón muy sencilla. Necesitaban trescientos ingenieros que hablaran inglés. Y no los encontraron. No digo que no los haya en Chile, pero buscaban que estuvieran recién recibidos y que pudieran…

DEFINICIONES

¿Eres de izquierda?
-Absolutamente. Me siento una persona que trabajó en una coalición que tiene elementos de centro y elementos de izquierda y me parece que es bueno que ambos permanezcan. Si la visión de una persona de izquierda es la de alguien que quiere cambios y a la que no le asustan los cambios, y se rebela con el estado de las cosas y no cree que las verdades son inmutables, ciertamente soy una persona de izquierda.

¿Eres partidario que se construya Hidroaysén?
-Soy partidario que hagamos las cosas bien en materia energética. Eso implica, y acá está mi diferencia grande con el gobierno de Piñera, que las decisiones no sean fruto del parecer de una persona. Chile tiene un problema serio de energía. Chile es un país que no produce una gota de petróleo, de gas, y por lo tanto no nos podemos dar el lujo de tomar decisiones apresuradas o puramente emotivas. Qué hay que hacer con Hidroaysén: exactamente lo mismo que con todos los proyectos energéticos de Chile. Evaluarlo, y para eso tenemos una institucionalidad, y cuando estén todos los antecedentes sobre la mesa los ciudadanos puedan formar su decisión y los que tengan que tomar su decisión la tomen.

¿Te parece que debiera haber aborto legal, sin apellido?
-No, creo que hay que ponerle apellido porque hay que precisar cosas distintas. Soy partidario que en Chile esté la posibilidad del aborto terapéutico, porque el sistema actual que fuerza a una madre a llevar a término un embarazo que probablemente no tenga buen término, induce sufrimientos tremendos.

¿Legalización de la marihuana? Todo esto son cosas que están adelante o atrás, pero te las pregunto a tí, qué te gustaría.
Mira, yo tengo posturas valóricas que en el espectro chileno están de la izquierda para allá. Te voy a dar un par de ejemplos más. Soy partidario no sólo del Acuerdo de Vida en Común; soy partidario del matrimonio homosexual.

¿Y que pudieran adoptar?
-Mi preferencia personal es que sea irrestricto pero entiendo que es un asunto respecto del cual hay gente que plausiblemente lo encuentra complicado. Pero creo que lo importante, es que no haya ciudadanos de primera ni ciudadanos de segunda.

¿Hay muchos temas contaminados por estas visiones morales en Chile?
-Indudablemente. Este es un país que viene despertando de un letargo de dos siglos en esa materia y donde las posturas muy conservadoras de una cierta elite permearon a una sociedad porque esa misma elite era dueña de los diarios, de los canales de televisión, de buena parte de las radios.

¿Eres ateo?
-Sí.

No esa cosa rara que se llama agnóstico.
-No. Soy ateo, no soy creyente.

Te trollearon bastante con esto de no ser un candidato real, una crítica que hacía la derecha.
-La derecha siempre va a tratar de impulsar todo tipo de hipótesis para embolinar la perdiz. Mi postura es bien clara: no sé qué va a hacer Michelle Bachelet, y a diferencia de otros que a veces pretenden ser sus voceros. Yo tampoco lo soy.

¿Sigues siendo bacheletiano?
-Yo tengo mucho respeto y admiración por ella y me sentí tremendamente privilegiado de haber sido su ministro. Pero si me preguntas qué va a hacer ella en el futuro, no lo sé. Lo que sé es que Chile necesita cambios y esos cambios hay que empezar a forjarlos hoy; no en dos años. Lo otro que sé es que las campañas políticas son acerca de muchas cosas, los candidatos son un elemento pero las campañas sobre acerca de la opinión y la visión que los países tienen de sí mismos. Ese proceso ya comenzó en Chile y de ningún modo podría esperar una decisión de Michele Bachelet o de ninguna otra persona.

¿Qué autocrítica te haces del gobierno de Bachelet?
-Los gobiernos de la Concertación dejaron tras suyo una institucionalidad política que evidentemente se quedó corta. La lista de cambios que uno podría haber hecho en diversas materias es grande, pero la omisión más flagrante son los cambios políticos. La responsabilidad principal le cabe a la derecha, que nunca puso los votos y muchos de estos cambios requieren quórum calificado. Pero también creo que la izquierda concertacionista debió y pudo haber puesto mucho más énfasis en esto.

¿Qué te pasa cuando Vidal te atribuye la derrota de la Concertación?
-Lo encuentro ajeno al espíritu de cómo se hizo el gobierno de Bachelet. La política va más allá de las personalidades. Y otra cosa: los gobiernos toman las decisiones por convicciones. No me cabe ninguna duda que el 2009, cuando Chile tenía que enfrentar la crisis económica más grande de las últimas siete décadas, hicimos las cosas bien. Atribuirle a la política económica del gobierno los problemas políticos de la Concertación, no se sostiene ni por treinta segundos.