En una comentada entrevista a la revista Wired en julio del 2006, el magnate de las comunicaciones Rupert Murdoch decía que para encontrar un cambio tan radical como el que se está viviendo con la tecnología y las redes sociales había que retroceder 500 años. Gutenberg y su imprenta de tipos móviles destruyó el poder concentrado en reyes y aristócratas, masificando el conocimiento. Pero con el paso del tiempo, ese poder político, económico y social volvió a las elites. Cinco siglos después, Murdoch y una larga lista de sociólogos, antropólogos y profesores de diversas áreas aseguran que con la ayuda de las redes sociales todo está volviendo a cambiar, en un fenómeno que está lejos de ser una moda o algo pasajero. Este 2011, los ejemplos han sido evidentes.

Twitter y Facebook fueron fundamentales para derribar los regímenes de Mubarak y Gadafi, según han declarado los líderes de las protestas en Egipto y Libia. Sin estas herramientas, no habrían tenido la capacidad para convocar a miles de personas, de crear conciencia internacional, de informar en tiempo real lo que estaba ocurriendo en las calles. En términos similares, aunque con distintos resultados, se han manifestado los indignados de España, los “occupy” de Wall Street, también quienes han protestado este año en Chile.

Más allá del movimiento estudiantil, lo ocurrido con Punta de Choros ya es objeto de estudio. Adam Sharp, ejecutivo de Twitter que trabaja en Washington DC para impulsar el uso de esta herramienta en la política, me explicaba cómo muchos congresistas ya no conciben su actividad sin el uso de las redes sociales.

En Estados Unidos, el 87% de los senadores usa activamente su cuenta en Twitter para opinar, informar de sus actividades, comunicarse con sus electores. A nivel mundial, uno de cada cinco gobernantes twittea, con aciertos y también errores (en América Latina, Hugo Chávez y Sebastián Piñera están entre los más activos).

Este año, las redes sociales también han golpeado fuerte a los medios de comunicación masivos. ¿Para qué necesitamos hoy a los periodistas? La pregunta la escuché en un seminario organizado por la Fundación Nieman y el Centro Rockefeller de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard.

Los antecedentes parecen demoledores: ya hay más de 2.000 millones de usuarios de internet y en muchos países ya hay más teléfonos celulares que habitantes.

Potencialmente, cada ciudadano es testigo, reportero y comunicador de múltiples acontecimientos. El pasado 2 de mayo, los principales periódicos y cadenas de televisión tardaron más de una hora en confirmar lo que medio mundo comentaba en internet: la muerte de Osama Bin Laden.

Así todo, no creo (o no espero) que estemos en los minutos finales del periodismo, pero sí muy cerca del término de una época donde la difusión de contenidos ha estado concentrada en pocas manos. Ahora se multiplican las voces y la posibilidad de acceder a ellas. Y quienes nos dedicamos al oficio informativo debemos estar cada vez más dedicados no sólo al registro de hechos, sino a verificar lo que ocurre, a interpretar, contextualizar, a investigar aquello que no es de fácil acceso para el común de la gente, a denunciar cuando corresponde.

Y a propósito de denuncias, el poder económico también parece estar en una encrucijada. Las redes sociales son la nueva plaza pública, el lugar donde la gente se reúne, comenta, critica. Recientemente en Estados Unidos, una campaña a través de estas plataformas impidió que los bancos aumentaran sus comisiones. En nuestro país, son numerosos los reclamos y demandas de mejor servicio, una presión que está teniendo cada vez más resultados. Y ya hay empresas que comienzan a entender que la relación con sus clientes debe ser cada vez más horizontal y menos vertical.

Como planteaba el propio Rupert Murdoch, la tecnología y las redes sociales están ayudando a quitarle el poder a las élites, y la gente está volviendo a tomar el control.

*Mauricio Bustamante (@tvn_mauricio en Twitter) es periodista y conductor de noticias en TVN y radio Infinita. Actualmente es Visiting Fellow en el DRCLAS de la Universidad de Harvard (EEUU).