“Se denomina dictadura a una forma de gobierno iniciada con la forma violenta del poder y ejercida con una fuerte represión en contra de sus opositores, características que corresponden al gobierno de esa etapa”.

¿No correspondería esta, acaso, una buena definición sobre el horror traumático de lo que fue la Dictadura Militar en Chile? El Ministerio de Educación de la Republica de Chile ha convocado a todos los chilenos y chilenas a ser parte del primer baile de mascaras del año 2012, en el que cambiaremos este concepto por el relato del autor de clásicos como Política, politiquería y demagogia, El día decisivo y Patria y Democracia:

“El 11 de septiembre de 1973 será considerado en nuestra Patria como uno de los sucesos políticos más importantes de su historia, tanto como el nacimiento de Chile (…) o como la creación del Estado Portaliano de 1830. (…) Esta dura acción militar estuvo destinada a repudiar la obra totalitaria soviética (…) que [había llevado al Gobierno] a un estado de destrucción de los cimientos democráticos desde sus bases. (…) Este gobierno no solo cuenta con el apoyo de las Fuerzas Armadas, sino que también con el apoyo mayoritario de la ciudadanía”.

¿Cuántas veces han escuchado el mito de la Ocupación de la Araucanía? ¿O el de que la Independencia fue una gesta colectiva y popular? ¿O aquel que cuenta la Revolución de 1891? ¿Sabían de la existencia de los 12 días de la Republica Socialista de Chile?

Hoy hemos asistido a una nueva función en el largo espectáculo de nuestras elites por mostrarnos como cooptan, moldean y falsean a su gusto a la Historia, ese ser que se compone de vivencias y acontecimientos, con el fin de que nuestros estudiantes se formen una verdad que se aleje de lo que realmente pasó.

Necesitan generar una fuerte identidad colectiva que reconozca en esa definición las causas de lo que ha pasado en nuestro país.

Digamos las cosas como son: a un sector de la población (a los menos el 12% del país) le duele en lo más hondo de la conciencia cívica el que se le llame DICTADURA al periodo comprendido entre 1973 y 1990. Salta en ira y rabia cuando se le recuerda como fue fundado el Chile del siglo XXI y como se impuso al país una verdad a sangre y fuego, arrogándose una soberanía inútil en nombre de los “altos valores nacionales”.

El gobierno militar chileno, entonces, vuelve a la escena en el gobierno democrático. Se nos vuelve a enrostrar que el orden económico-social actual está fundado sobre el visionario Pinochet, sobre las Fuerzas Armadas como garantes de la institucionalidad. Un ordenamiento que se encuentra inmerso en un discurso contradictorio incluso con el artículo 7º de la Constitución, ese que dice que “ninguna persona ni grupo de personas pueden atribuirse, ni aun a pretexto de circunstancias extraordinarias” la soberanía.

¿Qué se hizo, entonces, con ese supuesto poder entregado a gritos por la ciudadanía? Lo que todos sabemos: terminar con la marcha democrática del país y emular a Carlos Ibáñez del Campo, su ideólogo, fundando un “nuevo Chile”. Esto, porque “Tiene una importancia fundamental el clamor generalizado de la abrumadora mayoría del pueblo chileno, del cual las Fuerzas Armadas son expresión”.

Si todos hemos reaccionado como lo hicimos hoy no es solamente porque el Ministro de Educación haya llevado la línea del CEP al Gobierno o porque se cambie la terminología, es porque estamos aburridos, como colectivo social, de que quienes detentan el poder no hagan un esfuerzo por contar las cosas tal cual son por miedo a encontrarse con los traumas que los deslegitiman y que los hacen repudiables.

Este es el llamado de este columnista en representación de muchas personas que piden a sus gobernantes no hacer “goles de media cancha” y cambiar logros que permitieron la tan anhelada reconciliación nacional. La RAE define a la Dictadura como el “Gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país. Gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente”. Creo que es hora de que nos hagamos cargo de las verdades y las contemos tal cual ocurrieron.

No queremos volver a cometer el error de generar una nueva “Pacificación” de la Araucanía. Y aunque así ocurriera, los profesores sabremos contar las dos versiones: la oficial, la del libro, y la que se cuenta en pasillo, con la adecuada mesura en el relato.

Pero, viajemos al pasado y preguntémosle al propio Augusto Pinochet que piensa al respecto. El nos dice:
“Producido el Pronunciamiento Militar, el 11 de septiembre de 1973, e investido, desde esos instantes, de tan altas responsabilidades de Estado, me he detenido en no pocas ocasiones para meditar lo que para mí ha significado asumir (…) el ser gobernante y ser militar al mismo tiempo. (…) Los militares entendemos aquella permanente acción de guerra en la que se encuentra el comunismo soviético. Y por ello, quizás, somos el mayor obstáculo para la acción imperialista de la URSS”.