Somos muy weones. Ese era el comentario generalizado en Twitter debido a la iniciativa del Gobierno de licitar la explotación de reservas de litio que hasta hoy estaban en manos de todos nosotros, mentira, del Estado chileno.

La acción es una privatización encubierta del escaso y prometedor mineral, a través de un chanchullo llamado “Contratos Especiales de Operación del Litio” (CEOL), que entrega a empresas la explotación de yacimientos “para impulsar la industria”, de la que tenemos un 41% de participación mundial.

Si bien el litio está declarado reserva del Estado, hoy sólo dos empresas operan este mineral no metálico, Soquimich (de la familia Ponce Lerou y donde es subgerente Patricio De Solminihac, hermano del ministro de MInería), y la Sociedad Chilena del Litio, empresas que pueden operar en este rubro gracias a San Augusto Pinochet.

La operación es al menos extraña, debido a que el decreto 2.886 de 1979 declara que, más allá de las dos empresas mencionadas, la producción de este recurso no se puede entregar en concesión.

El mismísimo Subsecretario de Minería, Pablo Wagner, informó que a través de los CEOL “se podrá explotar el mineral en cualquier lugar que en la actualidad esté impedido de hacerlo, por un equivalente a 100.000 toneladas metálicas durante 20 años, contados desde el momento de la suscripción del contrato”, pero gracias a Dios el estado seguirá siendo dueño del mineral.

O sea, estamos regalando lo que se ha denominado el petróleo del futuro, ocupado en autos eléctricos y diversos productos tecnológicos, a los privados, o mejor dicho, ofreciéndolo a precio de huevo.

Sí, porque como las autoridades no son huevonas, disfrazan la privatización del recurso con una “importante” obtención de beneficios para el estado argumentando que la operación podría recaudar hasta US$ 350 millones por proyecto aprobado, pero con el detalle que son 350 millones para operar por 20 años.

El subse dijo que “como país tenemos que aprovechar la oportunidad que nos da el mercado internacional. El cambio tecnológico, las energías limpias y el transporte eléctrico están aumentando la demanda de mineral en el mundo”. Entonces, yo como cualquier hijo de vecino me pregunto ¿por qué chucha no se mete una empresa del estado como Codelco a explotar el litio? y así aprovechamos de obtener recursos para salud, educación y proyectos sociales.

La respuesta probablemente sea que el Estado tiene que destinar los recursos de la inversión inicial para “los problemas reales de la gente”, sin considerar que es inversión y no gasto, y que en un par de años y hasta que se acabe el recurso, los beneficios de la explotación van a ser tremendos para el presupuesto fiscal, tal como el aporte que hace Codelco al erario nacional y al contrario de lo muy poco que aportan las mineras privadas, comparadas con las jugosas ganancias que obtienen.

Insisto, en Twitter dicen “somos muy weones”, yo lo que digo es: los que administran el Estado son muy weones, pero hueones privatizadores de la riqueza de todos los chilenos.