El régimen sirio afirma que las bandas armadas son las responsables de los actuales disturbios que sacuden al país. Los manifestantes dicen que las fuerzas militares y de seguridad han acallado miles de llamadas pidiendo la libertad y el cambio de régimen. La comunidad internacional observa.

Por su parte, sobre el terreno, están surgiendo profundas divisiones sobre quién tiene razón y quién está equivocado y sobre qué le espera a Siria a partir de ahora.

“Yo vivo en Berzah, vi lo que pasó esta mañana”, dice Sari, refiriéndose a la incursión de las fuerzas de seguridad en las afueras de Damasco, en las primeras horas del 14 de febrero. “Ellos (la seguridad) sabían exactamente lo que querían. Entraron en las casas de las personas que han cometido delitos”.

Sari es parte de la comunidad circasiana (habitantes de la Circasia histórica, territorio que ocupaba prácticamente la mitad oeste del Cáucaso Norte hasta el siglo XIX) que cuenta con más de 40.000 integrantes en Siria. Al igual que muchos otros de las minorías en Siria, Sari apoya el régimen del presidente Bashar al Asad.

“Desde mi balcón veo lo que está sucediendo. Los manifestantes disparan a las fuerzas de seguridad y ellos responden”, dice.

Sari, de 20 años, trabajó como redactor en un periódico editado en inglés hasta el año pasado, cuando se cerró debido a la caída de los ingresos por publicidad.

“La oposición y los manifestantes quieren fuera al presidente, pero ¿cuál es su plan después? Van a la televisión y gritan acerca de la situación en Siria, mientras se sientan en el Cairo o en Londres. Yo estoy aquí -. Veo lo que pasa y sé la verdad”.

Sari recuerda cómo los miembros de la oposición siria han pedido que Farouk Shara, el vicepresidente de Siria, se haga cargo temporalmente de la presidencia y lidere un gobierno de transición, pero considera que debido a que él trabajó con el último presidente, Hafez al Asad, no es un candidato ideal. “¡Es peor que Bashar!” dice.

“La semana pasada estuve viendo la cadena Al Arabiya y el presentador se puso casi histérico hablando de los proyectiles que caían sobre la ciudad. Mostraban un vídeo en directo de la ciudad -. No había nada en la pantalla”, dice Sari.

Barrios de la ciudad central de Homs han sido objeto de casi dos semanas de bombardeos por parte de las fuerzas del régimen. Los activistas dicen que más de 300 personas, entre ellas decenas de mujeres y niños, han muerto desde que el 3 de febrero comenzó la ofensiva contra las zonas que acogen a los miembros del llamado Ejército Libre de Siria.

“No hemos llegado al punto de la guerra civil todavía y no creo que lo hagamos”, dice. “Creo que el régimen va a sobrevivir. La oposición es demasiado débil y dividida”.

En la ciudad, en un café de gama alta, Salem, de Midan, un área conflictiva de Damasco, ve tanto al régimen como al futuro de Siria con una perspectiva totalmente diferente.
“¿Crees que está bien que un régimen que mata a su propio pueblo permanezca en el poder?” pregunta.

Salem vende generadores y dice que el negocio es actualmente bueno, en gran parte debido a los cortes de energía que plagan Damasco y a sus ciudades circundantes. “Pero estoy vendiendo más las baratas que otras”, añade.

Una ley temporal, que prohibió las importaciones que estuvieran gravadas en un cinco por ciento o más “nos demostró a todos nosotros, los empresarios, hasta qué punto el régimen es estúpido y retrógrado”, explica. La ley, presentada el pasado mes de septiembre, fue cancelada 11 días después tras un escándalo público.

“Basar tuvo una oportunidad en el inicio de la revuelta de comenzar un cambio real, había una ventana para la oportunidad, pero él desperdició su oportunidad”, dice Salem.

“La única manera es a la guerra civil. No existe una solución. Viví con muchos alauitas durante dos años cuando estaba haciendo el servicio militar en Aleppo. Sé lo que piensan. Tienen algo en su interior, un odio contra los sunitas e incluso contra los chiítas. Piensan que están siendo atacados y lucharán hasta la muerte”, asegura.

Los alawitas son una rama del Islam chiíta, y representan alrededor del 12 por ciento de la población siria. El liderazgo del país proviene primordialmente de la minoría alauita.

Salem también cree que Bashar y su violento hermano, Maher, son los únicos responsables de la violencia ejercida por las fuerzas del régimen contra los manifestantes.

“El día del atentado en Midan las calles se cerraron desde cuatro horas antes”, dice, refiriéndose al bombardeo del 6 de enero que mató a 25 personas y dejó decenas de heridos más. Las autoridades sirias afirman que Al Qaeda realizó el ataque, que tenía como objetivo una comisaría cercana. “Estaban preparando la escena”.

Si Siria entra en su duodécimo mes de la revuelta, todos los riesgos que envuelve la violencia sacudirán al movimiento de protesta. Salem no es optimista. “No hay una solución. Estamos en el camino hacia la guerra civil”.