Foto: Alejandro Olivares

Luego de 24 meses del Gobierno encabezado por Sebastián Piñera, el grado de cumplimiento del Programa y las promesas de campaña, presenta luces y sombras como en todos los gobiernos. Al revisarlo, hay aspectos logrados que contaron con el apoyo ciudadano y parlamentario, algunos de los más mediáticos, han sido la eliminación del 7% de las cotizaciones en salud de las personas mayores, el aumento del prenatal, el nuevo Ministerio de Desarrollo Social, el futuro Ingreso Ético Familiar, la reciente creación del Sernac financiero, y otros no tan publicitados como la modificaciones en las políticas de vivienda, una nutrida agenda para estimular el crecimiento económico y el empleo, etc.

Allí también encontramos los pendientes como los compromisos en agricultura, pueblos originarios, innovación, política de estímulo para la creación de Pymes, nuevos servicios (p.e. reemplazo del actual SENAME), políticas para la inclusión de los jóvenes más marginados, etc.(www.minsegpres.gob.cl). Se ha crecido a una buena tasa, con un precio del cobre alto, el empleo ha seguido aumentando luego de años donde se perdieron muchos. El dinamismo de la economía se ve positivo más allá de las nubes grises que se vislumbran en el horizonte. Debemos recordar que a todo esto se han sumado las tareas de reconstrucción luego del terremoto del 27/F del 2010, cuyo seguimiento y cumplimiento de compromisos ha despertado un buena polémica en estos días.

El gobierno ha contado con un escenario favorable en variados ámbitos, lo que ha redundado en buenas evaluaciones ciudadanas, que se reflejan en la última encuesta de Adimark: en materia de creación de puestos de trabajo, también, varios de sus líderes son reconocidos con atributos positivos. Lo anterior no ha impedido que hayan surgido con fuerza las demandas ciudadanas en educación, mayor igualdad territorial, entre otras. Todo ello parece explicar, al menos en parte, que la visión que la sociedad chilena tiene del actual Presidente y la gestión general del gobierno, no varíe mucho y cambie poco en el tiempo.

La “nueva forma de gobernar” que planteó 4 ejes -un Presidente todo terreno, el termino del cuoteo político (para darle cabida a los mejores), implantar la cultura de hacer las cosas bien y no para la TV, y mantener un sentido de urgencia- al parecer no es percibida de igual manera por la ciudadanía y se mantienen hasta hoy más como una promesa que como una realidad. Otra cosa es con guitarra. ¿No se habrán creado –producto de los discursos y anuncios- grandes expectativas y esperanzas en la ciudadanía de resolución rápida de problemas que agobiaban hace tiempo a personas, comunidades, territorios y sectores?

¿No se habrán contagiado algunos miembros del gobierno con la sordera exitista alejándose de la realidad y del contacto con la gente y su tierra? El dolor de la exclusión y de la desigualdad se puede olvidar y es posible que los servidores públicos se anestesien en el fragor electoral que viene, viendo sólo qué retorno pueden tener en las urnas las acciones realizadas.

Construir en Chile la sociedad de las oportunidades, de las seguridades, de las instituciones y de los valores con calidad de vida, implican iniciativas y acciones en pro de la justicia y del reconocimiento de los derechos de las personas. Esta es una tarea de largo aliento y serán el resultado de una secuencia de gobiernos, donde participan todas las instituciones y poderes del Estado, que requieren como cualidades humanas una alta empatía y escucha, una buena dosis de humildad y docilidad, cierto grado de coherencia de vida y testimonio, sin olvidar una alta predisposición al servicio sin dejarse afectar por presiones o influencias de grupos de poder. Esto no es nada fácil, más aún con la mirada cortoplacista de algunos políticos, que sólo se guían por el barómetro electoral y poco por las libertades y el desarrollo ciudadano, lo que profundiza las ancestrales desigualdades que padecemos.

Para graficar lo anterior, y en el contexto del terremoto 27/F, ¿tendremos el año 2014 mejores ciudades reconstruidas, con participación ciudadana, más integradas y con una vida comunitaria más rica y segura, que no nos segreguen ni aumenten el temor mutuo? O en materia de políticas públicas para superar la exclusión, ¿contribuye a mediano y largo plazo esta repartición de bonos (‘bodas de oro’, marzo, ‘sorpresa’, los bonos asociados al ingreso ético familiar, bonos regionales, etc.) a la promoción e integración social? ¿No corremos el riesgo de que estas políticas sociales -guiadas por ‘premios’ con las transferencias monetarias- suplan la justicia y los derechos, y así como ‘las ratitas de Pavlov’ terminemos domesticados, subsidiados e integralmente subdesarrollados, dependientes y con la dignidad usurpada?

En este escenario cabe preguntarse además ¿cómo la gente de otras regiones, edades, condiciones sociales, no se va a levantar también para exigir “parte de lo suyo”? Las equívocas señales terminan con una ciudadanía que presiona y exige ciertas medidas, sin que exista un reconocimiento explícito de sus derechos y deberes y espacios para ejercer los primeros en libertad. La construcción de una ciudadanía responsable de los destinos del país, pasa también por escuchar de verdad, sin temor a perder el control, a ser pasado a llevar, a no ejercer la autoridad.

Las mayores fragilidades que deben ser enfrentadas en este segundo período de Gobierno dicen relación por lo tanto con que los anuncios correspondan efectivamente a las realizaciones, que exista anticipación a las situaciones conflictivas, que se active la coordinación ministerial no sólo en lo político y que la participación ciudadana sea un requisito de verdad en la elaboración de las políticas públicas. Será difícil superar las desigualdades sociales sin diálogo social, éste no debe ser tomado como un tiempo estratégico para disminuir la presión, neutralizar a la ciudadanía o desactivar los movimientos, esto es contraproducente y termina por dañar más a la comunidad, el diálogo es ante todo un tiempo privilegiado para construir políticas públicas de largo aliento respondiendo a necesidades muchas veces urgentes. Es en este sentido que las Comisiones Ciudadanas adquieran valor, tanto para la creación de nuevas políticas como para catástrofes o situaciones socialmente delicadas que requieren la participación amplia de la sociedad como, por ejemplo, el proceso de reconstrucción nacional luego del terremoto, las crisis de Magallanes y Aysén, etc.

Siguen estando pendientes, no sólo ahora sino por años, cuatro ámbitos preocupantes que es urgente enfrentar: la educación como derecho que privilegie la igualdad social, la creación de políticas que favorezcan la integración de jóvenes socialmente excluidos, la ejecución de programas que permitan una mayor seguridad y confianza social, y por último realizar la gran reforma territorial, tanto en la asignación de recursos como en la entrega de poderes reales y autonomía a las regiones.

Como se comprueba, a mitad de Gobierno no es tiempo de exitismos, hay un duro trabajo por realizar y serias reformas que promover por el bien de Chile y de los más excluidos.