“¿Es posible que todo lo que sucede en La Araucanía se trate de montajes?”, me pregunta Villegas en Tolerancia Cero, esperando -tal vez- un sí como respuesta. Y no, no todo lo que sucede es “montaje”. Plantear aquello sería una ofensa a la inteligencia. Y al sentido común. De que existen hechos de violencia, existen. De que algunos son protagonizados por mapuches, también es verdad. Y no debiera extrañarnos. Básicamente porque cuando se cierran las vías institucionales y la Política (y los políticos) renuncian a su rol de intermediadores entre los conflictos y la ciudadanía, delegando su abordaje a piquetes hiperventilados de Fuerzas Especiales, no esperemos que lo que allí aflore sea precisamente la mesa de Té Club. Y también, y más importante: porque la historia de la relación entre el Estado y el pueblo mapuche ha estado cruzada por la lógica de la violencia.

Estimados lectores, no nos hablen a nosotros de violencia o de “violentos”, que en ello no son precisamente los mapuches quienes dictan cátedra. Los mapuches fuimos y seguimos siendo un pueblo profundamente apegado a los protocolos de la alta diplomacia. Tres siglos de “Parlamentos” con los españoles lo demuestran, y decenas de “propuestas políticas”, entregadas sin respuesta al Estado a lo largo del siglo XX. ¿Por qué fracasó la izquierda revolucionaria en los 60 al intentar sublevar a nuestra gente? Por lo mismo: un pueblo que le otorga un valor esencial a la palabra, a la oratoria, al convencimiento vía la razón y no la fuerza, poco y nada tiene que hacer con aventuras guerrilleras o cabezas de pistola de diverso signo.

No, no todos los hechos de violencia en el sur son montajes. Pero los hay. ¿Qué fue sino el baleo policial del chaleco antibalas y el casco del carabinero responsable del crimen de Jaime Mendoza Collío? Un montaje. Así lo llamó el Laboratorio de Criminalística de la PDI, que dejó al descubierto un burdo intento por potenciar la tesis de la “legítima defensa” esgrimida por el criminal de uniforme. ¿Burdo intento de Carabineros como institución? Me niego a creerlo. Quisiera pensar que se trató de una acción aislada, de colegas afectados por la mala suerte de su compañero. Así debió entenderlo al menos el Alto Mando y la propia Fiscalía Militar, que tras el informe de la PDI no sancionó a ninguno de los involucrados. Así, como lo lee. A ninguno. Qué decir del propio funcionario responsable del crimen: en libertad y actualmente en servicio activo.

¿Me dirán que aquello no es violencia? Lo es para comunidades como Requem Pillan (de donde era Jaime), Requem Lemun (donde fue asesinado también por la policía el adolescente Alex Lemun) y por cierto para Wente Winkul Mapu, donde fue herido mortalmente el sargento Hugo Albornoz, en un confuso incidente que las autoridades no dudaron en bautizar de inmediato como un “alevoso y cobarde crimen” cometido por adivinen quién. Exacto, los violentos mapuches. Como Basay, sepan que muy pronto caerá estrepitosamente la tesis policial de la “emboscada” mapuche. La PDI, al menos, ya la descartó casi por completo.

Caerá como está cayendo el montaje (comunicacional) tras el incendio en Carahue.

¿Alguien se acuerda de lo de Carahue? A la zona viajó el ministro Hinzpeter, quien no solo responsabilizó a la CAM -especie de “comodín mapuche” útil para todo-, sino que además invocó la Ley Antiterrorista. Un incendio, como muchos de temporada en Carahue y que tuvo un lamentable saldo de víctimas fatales, tratado como si fuera un sofisticado ataque de violentos insurgentes mapuches, todo ello -por si no bastara- orquestado desde una fría celda de la prisión de Angol. De los tres procesados hasta la fecha en el incendio ninguno es mapuche. Se trata de lugareños no indígenas, uno de 60 años, a quienes -todo apunta- se les escapó el fuego en sus ilegales faenas de carbón.

Esta semana, me señala una fuente del Ministerio Público, el propio Fiscal Regional se aprestaría a descartar públicamente la existencia de vínculos entre la CAM y el fatídico incendio. ¿Realizará Hinzpeter una rueda de prensa para pedir disculpas? Debiera. Una rueda de prensa fue lo que convocó en La Moneda para responsabilizar a los mapuches. Si pidiera disculpas, algo al menos estaría cambiando en esta larga historia de violencia colonial y tomaduras de pelo. Reconozco mi escepticismo, culpa de este “gen violento mapuche” que me impide a ratos pensar bien de las autoridades. Pero veamos. En una de esas me sorprenden.