Por Sergio Marras, desde Madrid

-Adúltera, le gritó la monja. Te has preñado de uno que no es tu marido. Por tu mala vida no estás en condiciones de ser madre.

Esa tarde de nubes negras del 31 de marzo de 1982, al despertar de la sedación, María Luisa Torres, camarera, se encontró con la cara compungida de Sor María Gómez Balbuena, una monja de las hermanas de la Caridad de Madrid, anunciándole que su hija recién parida había muerto.

María Luisa le pidió que le mostrara el cadáver, Sor María no esperó ni un segundo para cambiar de una actitud compasiva a una espantosamente amenazante. Le dijo:

-No ha muerto, aunque para ti sí ya que la he dado en adopción. Te advierto que si abres la boca, te denunciaré a la policía por adulterio y te quitarán a tu otra hija también.

María Luisa huyó de la Clínica Santa Cristina aterrorizada. No sabía que el delito de adulterio -válido durante el franquismo-, había desaparecido con la llegada de la democracia a España. Huyó, huyó y huyó sin ver nunca a la hija recién parida a la que dejó innombrada.

LA HISTORIA

Debajo del polvo acumulado por décadas, dentro de viejas oficinas públicas y entre borrosos recuerdos, miles de familias en España intentan descubrir dónde están sus hijos. A muchos les dijeron, como a María Luisa, que murieron al nacer pero todo anuncia que se los robaron para venderlos al mejor postor… de buenas costumbres.

En tan sólo un año, fiscalías de toda España han recibido más de mil quinientas denuncias por robo de recién nacidos en los últimos treinta años. Sin embargo, a pesar de que eran miles los niños supuestamente desaparecidos desde hacía décadas, -y miles los padres que sospechaban que sus hijos les habían sido usurpados-, los fiscales afirmaban que nada se podía hacer porque no existían pruebas judiciales. Muchos pensaban en privado, más bien, que se trataba de padres que no habían encajado bien el infortunio de la pérdida de sus hijos.

PILAR

Hasta que apareció Pilar –ahora sí con nombre-, la hija de María Luisa Torres, que se convirtió en la prueba viviente que todos esos padres buscaban para demostrar que no estaban locos ni tocados y su aparición puso en acción en estos días a los incrédulos fiscales que se han movilizado como un celaje presionados por una opinión pública que ya no da más de noticias de corrupción de tirios y troyanos.

En pocas semanas, se han ordenado veintidós exhumaciones: en Aragón, Castilla-La Mancha, País Vasco, Cataluña, Madrid, Comunidad Valenciana y Andalucía. Tres de los ataúdes abiertos en Euskadi estaban vacíos, y a las familias de esos niños se les había dicho que habían muerto. La fiscalía de Madrid, por su parte, espera los resultados de los análisis de ADN de otros dos desentierros realizados en el cementerio de La Almudena. Lo peor de estas faenas ha sido que en varios lugares, en vez de restos de niños, han encontrado huesos y piel de perros y gatos y hasta una pierna humana adulta.

El escándalo se ha desatado y una España incrédula, postrada por una feroz crisis que dejará sin casa a más de cien mil familias en 2012, -por no pagar sus hipotecas-, que sólo en Cataluña tiene doce mil autos abandonados en talleres y calles porque sus dueños no los pueden mantener, debe soportar ahora un robo insólito efectuado por médicos y religiosas a plena luz del día, en hospitales públicos y privados, ante las narices de las instituciones democráticas que decían funcionar.

MARÍA LUISA

Cuando cumplió diecinueve años, Pilar Alcalde, decidió buscar a sus padres biológicos. Su padre adoptivo le había contado, cuando tuvo edad suficiente, que era adoptada y que cuando ella quisiera le ayudaría a encontrarlos. Alejandro Alcalde no tuvo miedo a perderla. Llegó a contratar detectives y abogados, habló con monjas, entre ellas con sor María la misma que hacía más de una década, antes de entregarle la niña en adopción, le sometió a él y su mujer a un policíaco interrogatorio sobre sus bienes y grado de religiosidad, haciéndole pagar una cantidad de dinero por gastos de estancia de María Luisa en una pensión que nunca ocupó mientras se recuperaba del parto.

Esa misma vez, Sor María, ante la pregunta de Pilar sobre quién era su madre y dónde podría encontrarla, le contestó que era una prostituta que no quería saber nada de ella y que se olvidara.

Alejandro Alcalde y Pilar también recurrieron a periodistas, entre ellos a los del programa El diario de Antena 3, cuya reportera, Pilar Gómiz, llevaba años investigando el tema de los niños robados, siendo uno de los pocos periodistas que creían que lo de los niños robados era cierto y no una fantasía de padres que no se conformaban con haber perdido a sus hijos.

Alejandro se puso en contacto con El diario dos veces: en 2004, cuando Pilar le comentó que quería conocer a sus padres biológicos y en marzo de 2011 cuando sospechó, por las denuncias que miles de personas estaban haciendo a los medios, que su hija podría ser una niña robada. Entonces aportó a Gómiz toda la documentación sobre la adopción de Pilar: su historia clínica, la partida de nacimiento y facturas de gastos del parto.

Por su parte, María Luisa Torres no podía olvidar a Sor María Gómez Valbuena. Tenía pesadillas cuando recordaba cuán desesperada estaba cuando vio en un periódico, a punto de parir su segunda hija, un aviso en el que la sor, encargada de la asistencia social de la maternidad de Santa Cristina, ofrecía ayudar a madres en problemas. Recordaba que la monja le dijo que disponía de una guardería donde podría dejar a su hija e ir a visitarla cuando quisiera hasta que pudieran juntarse de nuevo. María Luisa le creyó. Sin embargo, cuando la niña nació, ni siquiera la alcanzó a tener en sus brazos.

Al verla tan agobiada, su hija Inés, más de veinte años después de ese momento, decidió recurrir también al programa de Pilar Gómiz, El diario, de Antena 3. Hasta ese momento, le habían llegado denuncias de ochocientos cuarenta y nueve casos. Entre ellos el de Alejandro y Pilar Alcalde.

Un día el equipo de Gómiz encontró el siguiente mensaje en internet y decidió investigarlo:

Hija, te estamos buscando tus hermanas y yo. Naciste en Santa Cristina el 31 de marzo de 1982, sé que estás viva. Fuiste ochomesina. Te voy a encontrar. Contacto Inés Blanco.

Era el grito de socorro de María Luisa Torres y su hija Inés que recorrió España de arriba a abajo.

Al conocer el mensaje, Gómiz buscó a Inés Blanco, que no era otra que la hermana de Pilar Alcalde, hasta encontrarla. Inés le contó la historia de María Luisa, su madre, una mujer que nunca había dejado de buscar a su hija y que siempre repetía ante quien quisiera escucharla que el 31 de marzo de 1982 había dado a luz una niña en la Clínica Santa Cristina de Madrid y que, tras ser amenazada por una monja, tuvo que dejar a su hija en adopción.

El diario hizo las pruebas de ADN tras contrastar coincidencias con el caso presentado por Alcalde y su hija Pilar. Todo parecía calzar: lugares, fechas, informes médicos, y los relatos de él y María Luisa. El resultado fue fehaciente, determinó que María Luisa y Pilar eran madre e hija veintinueve años después. Pilar conoció así a su madre biológica y a sus dos hermanas, Inés, de 31 años, y María, de 24, lo que iba a cambiar la vida a las cuatro. María Luisa manifestó que sus tres hijas reunidas se le aparecían en sueños y que siempre había vivido con el dolor de no tener a una de ellas. Se había ido de la clínica con la ropa que había comprado para la niña que llegaría sin nunca llegar a probársela. Había vivido toda la vida con ese remordimiento; Pilar, por su parte quería saber cómo era su madre, abrazarla, besarla y tener, por fin, una foto suya.

EL ESLABÓN PERDIDO

Sin embargo, a poco andar, Pilar y María Luisa se dieron cuenta de que su caso se había convertido en una luz que permitiría a jueces y policías comprobar que la trama de robo de niños podía ser más real que el mismísimo rey de España. La coincidencia feliz, por primera vez mostró que en su caso podía haber indicios de un delito en serie. A la salida de los juzgados, cuando María Luisa y Pilar presentaron la denuncia, las esperaban cientos de personas pidiendo que se hiciera justicia y que el caso de Pilar sirviera para avanzar rápidamente en una cuestión difícil de demostrar por la posible prescripción de los delitos y la dificultad de hallar pruebas definitivas.

Y claro, pronto aparecieron más Pilares. Una niña robada valenciana localizó a su madre biológica en Galicia después de cuarenta y cuatro años de haber nacido. El cotejo de ADN lo ha confirmado. María Manola dice que nunca olvidará la fuerza con la que su niña le agarró la mano apenas nació en un hospital gallego atendido por religiosas. Poco después, las monjas, le dijeron que había fallecido. Nunca se lo creyó. Esa niña se llama María Jesús y vive en Valencia.

Otra Pilar también desapareció de una maternidad al nacer en Bilbao, hace cuarenta y seis años. También había quedado al cuidado de unas monjas que ofrecieron cuidársela a su madre, Benedicta García. Pilar ha podido rencontrarse con ella quien ha confirmado la denuncia contra la monja que se la quitó. Benedicta y Pilar han descubierto que al día siguiente del parto, en la partida de bautismo, ya figuraban los apellidos de sus padres adoptivos y que había sido inscrita en el registro de huérfanos para ser adoptada sin su autorización.

SOR MARÍA Y LAS RAZONES DEL DESAGUISADO

El nombre de Sor María, sin embargo, se repite en decenas de relatos de mujeres que han denunciado el robo de sus niños en Madrid: “Sor María Gómez Valbuena me quitó a mi hija…”, “Sor María se quedó con mi hijo…”. . La monja vive en un convento de las hermanas de la Caridad en Madrid, ya tiene ochenta años y es la primera imputada por un caso de niños robados. Se le atribuyen los delitos de detención ilegal y falsedad en documento público cuando trabajaba como asistente social en la clínica Santa Cristina. El caso lo lleva el Juzgado de Instrucción número 43 de Madrid.

Hace pocos días acudió al primer llamado del juez. Se negó a declarar. Solamente dijo soy inocente. Si tengo que ir a la cárcel, iré. Dios sabe por qué. ¿Por qué monjas que a todas luces no se hicieron ricas con este comercio aparecen mezcladas en un dislate de tanta envergadura? Al parecer, las monjas siguieron la tradición amparada durante la guerra civil y la posguerra por algunos intelectuales franquistas. Todavía hoy una calle importante de Madrid lleva el nombre de uno de los inventores de la teoría que afirma que no se puede dejar que los hijos inocentes sean contaminados por padres inadecuados, el doctor Vallejo Nájera. Entonces, los recién nacidos de comunistas y anarquistas no podían quedar en manos de sus padres. Serían contaminados. Por lo tanto se los quitaban y entregaban a familias para ellos adecuadas, especialmente militares. Y en estos lances, la Iglesia católica colaboró junto a muchos médicos.

Entre ellos está el caso del chileno Luis Fernando Lezaeta Hurtado técnico agrícola de 53 años, vecino de Talagante. Es uno de los casos que, previo pago, fueron a parar en pleno franquismo a familias chilenas desde el orfanato de la calle de O’Donnell de Madrid. En su caso, el mediador fue el entonces teniente coronel Félix Álvarez-Arenas y Pacheco, que entre 1975 y 1977, llegó a ser ministro del Ejército español. Cuando cumplió quince años, Luis Fernando, recibió de su padre adoptivo, el teniente chileno Fernando Lezaeta, la noticia de que era adoptado. Y también se enteró de que había sido robado a los cuatro días y, -compra mediante- a los siete meses lo mandaron a Chile con una monja teresiana. Su partida de nacimiento chilena dice que nació de parto natural en la provincia chilena de Antofagasta. Esta costumbre siguió cuando llegó la democracia y se le aplicó ya no a comunistas y anarquistas si no que a separadas, convivientes sin matrimonio, y pobres con muchos hijos, para satisfacer a familias buenas que no habían podido tener hijos. Dios lo quería así, según se va sabiendo.

Para el abogado Enrique Vila, el robo de niños empezó como limpieza étnica después de la guerra civil y luego se prolongó por motivos económicos hasta bien entrada la democracia.

-A muchas de estas mujeres nunca les entregaron un certificado de defunción, les mostraron niño muerto falso que mantenían congelado, y ahora exhuman los cuerpos y se encuentran con ataúdes vacíos.

Los que hicieron el negocio, al hacer vista gorda, fueron algunos connotados médicos que hoy dicen no recordar nada, como el doctor Eduardo Vela que alegó ante el juez que todos los documentos sobre las mujeres embarazadas que atendió y que le acusan ahora de robarle a sus hijos fueron destruidos por el tiempo.

LOS PADRES Y HERMANOS QUE BUSCAN

Entre las miles de personas que buscan sus parientes, esperanzados por lo casos mencionados, está por ejemplo, Marina Pérez que busca a su hermana que nació hace veintinueve años. Se acuerda que nació sana, grande… y que de pronto le anunciaron a su familia que había muerto. Ahora le han confirmado que el informe médico era falso, que todos los medicamentos que le habían dado eran de adultos, que no se sabe dónde está.

-Tengo la imagen de verla en la incubadora, que era la más grande de todas y se movía y estaba la niña con los ojos abiertos y todo y nos dijeron que se iba poniendo mala, que iba a peor y a peor hasta que nos comunicaron que había fallecido.

O Purificación Betegón, que tuvo gemelas en 1981. Le dijeron que no las podía ver porque iban a ser adoptadas; sin embargo jamás autorizó que las entregaran en adopción.

-La enfermera me dijo que no podía verlas porque eran para la adopción. Yo pregunté que quién había hecho eso, sorprendida. Me dijo que Sor María, yo no sabía si era monja, cura o qué, porque no la había visto en mi vida.

A Purificación le informaron, poco después que sus gemelas habían muerto, aunque en el certificado médico que ha podido conseguir ahora, treinta años más tarde, dice que fueron adoptadas.

En todas ellas un denominador común: Sor María.

BUSCANDO UN HIJO CON FOTOS POR LAS CALLES

Para muchos padres que nunca pensaron que sus hijos muertos al nacer podían haber sido robados, las pruebas vivientes recién aparecidas han sido un verdadero detonante que les echó encima un mar de dudas.

Es el caso de Luis Vega. Un día cualquiera, el hoy presidente de una de las tantas asociaciones de padres que rastrean sus hijos, SOS Bebés Robados, veía las noticias sobre los robos de recién nacidos y sintió una fuerte presión en el corazón. Le asaltó una duda. Recordó que treinta y tres años atrás el médico que atendió a su esposa le dijo que uno de los mellizos que tuvieron había nacido muerto y deforme y lo convenció de no verlo. Si se confirmara que el niño no murió, estaríamos frente a un nuevo perfil de robo ya que Luis en ese momento era ingeniero de la IBM.

-Me dijo: viene muy mal formado, va a ser una imagen con la que te vas a quedar toda la vida. Si usted me dice que no lo vea, no lo veo, le respondí. Para mí el médico era una autoridad.

Sin embargo, a la luz de los nuevos acontecimientos, Luis decidió hace poco confirmar el fallecimiento del mellizo, pero ni el hospital ni el registro civil ni los cementerios le pudieron dar información del entierro ni del aborto. Luis Vega cree que él está vivo y que fue entregado a otra familia.

-Documentalmente mi hijo está vivo. Si no ha sido enterrado es que está vivo.

Además de acudir a la justicia, Luis contrató a un detective privado y se está entrevistando con todos los varones nacidos en Madrid entre el 20 y el 27 de noviembre de 1977. Busca desesperado a quien se parezca a él o a sus otros hijos.

-Lo que quiero es que sepa que nosotros no lo abandonamos, dice.

Hasta ahora no hay resultados.

Siguiendo ese ejemplo, las asociaciones de niños robados propondrán próximamente a los ministros de Justicia, Interior y Sanidad la intervención de grupos especializados, en que participen detectives y otros especialistas, que busquen en las universidades. Las cinco asociaciones de niños robados pretenden que estudiantes universitarios de los últimos cursos de sus carreras de diversas disciplinas ayuden a inquirir datos y parecidos faciales fotos en mano.

La desesperación está quemando la piel y las gargantas de miles de españoles involucrados.

El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, aseguró en el Senado que resolver los casos de niños robados será prioritario para él, personalmente. Encargó un informe a la Agencia Española de Protección de Datos para investigar las posibilidades de facilitar el acceso a los archivos médicos por parte de los familiares y ha agendado reuniones mensuales con las asociaciones de afectados.

Millonarias indemnizaciones esperan a hospitales y clínicas, muchos de ellos del Estado.