Mayo 2012

Llevo varios días leyendo lo que está disponible acerca de la anunciada ‘reforma tributaria’, como también me he dado el tiempo de revisar diferentes columnas, comentarios, cartas y estudios al respecto. Estas ‘reformas’ son importantes ya que ocurren -como corresponde- de manera bastante distanciada y más aún para Chile es una gran oportunidad que difícilmente se repetirá en la próxima década.

Algunas ‘buenas noticias’
La reforma enviada al Parlamento por el Ejecutivo tiene como objetivo central aumentar los recursos para la educación, se estima que en lo inmediato éstos sumarán entre US $ 700 y US $ 1.000 millones adicionales, lo que irá no sólo a subir el presupuesto en educación superior y media sino que también a aquella preescolar. Esa es una buena noticia.

Pero otras ‘noticias regulares’

Sin embargo no basta con adicionar recursos y aumentar los incentivos; es necesario comprender con qué modelo se invertirán éstos, ¿aportarán efectivamente a mejorar la calidad y cobertura general de nuestra educación? ¿Serán usados para favorecer la inclusión o seguir alimentando la exclusión social?

Pero también nos preguntamos, por ejemplo: ¿qué pasa en Vivienda con la ubicación de las nuevas urbanizaciones para los más pobres? ¿Seguirán en la periferia de la ciudad, con altos costos de vida para ellos, con pocos servicios y a una distancia considerable de su fuente laboral? ¿Qué pasa en Educación y Trabajo con las políticas de nivelación educacional y capacitación/inserción laboral de más de 200.000 jóvenes que están en pobreza y que hoy no trabajan ni estudian? ¿Qué pasa con el salario mínimo? ¿Qué pasa con la Salud, en especial con los programas de rehabilitación en salud mental, con los Cosam, etc.? y ¿Qué pasa en Justicia con nuestras cárceles, con la reforma del Sename? Hay aquí una gran carencia de la mirada multidimensional de la pobreza.

Y unas cuantas ‘malas noticias’

Algo más profundo es indagar qué tipo de sociedad queremos construir con este tipo de iniciativas. Si de REFORMA hemos querido hablar, aquí no la hay, es decir aquella con mayúscula, la que efectivamente en los próximos 25 años nos podría ayudar a dar el salto hacia la dignidad, hacia la igualdad, hacia el DESARROLLO en grande, donde cada ciudadano tenga un camino abierto fundado en derechos básicos y no en privilegios de clases. La reforma en este sentido -como lo han señalado con vehemencia Dante Conteras y Mario Waissbluth entre otros- apunta en el sentido contrario: más privilegios para unos, más segmentación, segregación y por lo tanto menos justicia.

El núcleo de toda reforma de este tipo debería radicar en la ampliación en los derechos ciudadanos. ¿Los queremos efectivamente igualitarios para todos?

Me da la impresión que no, que nos cuesta aceptar que una persona que vive en pobreza material tenga los mismos derechos -y por lo tanto las mismas oportunidades- que una persona que vive en riqueza material. Construir ciudadanía, una política social, tiene a la base una concepción del ser humano, es decir una visión antropológica. Me pregunto: ¿cuál es la matriz antropológica de esta reforma, de las políticas sociales impulsadas en los últimos años y del modelo de desarrollo? Sería un absurdo colocar ésta en manos del ‘mercado’. En esto tenemos malas noticias, dada la pobreza e incongruencia de la reforma.

Mayor coraje y menos complicidades

Lo que esperamos muchos en Chile es que las grandes determinaciones -cómo ésta- sean inspiradas por la justicia y tengan participación ciudadana. Si efectivamente queremos hacer una ‘profunda reforma tributaria’ por qué no preguntarnos con honestidad ¿dónde está la mayor justicia? y ¿qué participación le cabe a los ciudadanos?

Lamentablemente en períodos de gobiernos de cuatro años pocos se atreven a hacer cambios radicales que perduren en el tiempo y que aseguren un futuro con mayor justicia; es difícil que personas que hoy ostentan altos cargos públicos se atrevan a efectuar reformas que les terminen por hipotecar luego -al término del gobierno- su ‘privatización’, que sean impopulares en el mercado y que impliquen costos altos para quienes obtienen mayores ingresos en el país. Como decía el Padre Hurtado ‘la justicia parece una virtud desteñida, sin brillo, porque sus exigencias son a primera vista muy modestas, por eso no despierta entusiasmos. Su cumplimiento no acarrea gloria. Es la más humilde de las virtudes… La justicia es una virtud difícil, muy difícil, cuya práctica exige una gran dosis de rectitud y de humildad’.

Se nos ha dicho que los chilenos ‘nunca estamos conformes con lo que tenemos’. ¿Se puede estar satisfecho y ser feliz con los niveles de desigualdad que ostentamos? Las investigaciones internacionales efectuadas en varios países señalan que no. Más aún aquellos que enarbolan la ‘libertad’ como un gran valor a defender se suelen olvidar que ésta debería ser para todos y que sin ella es imposible un buen desarrollo. De hecho, la pobreza ‘es una privación de libertad’ (A. Sen) de lo que se sigue que sin reconocimiento de derechos igualitarios, y por lo tanto de oportunidades garantizadas de la misma calidad para todos los ciudadanos, no se puede hablar de libertad.

Le pido a los parlamentarios -como ciudadano de este hermoso pero injusto país- que actúen en conciencia teniendo efectivamente como horizonte la justicia, aunque ello les implique costos. No desaprovechen este tiempo histórico para Chile, y atrévanse a hacer una reforma que permita a todos los chilenos vivir con grados mayores de libertad y desarrollo, de humanidad y dignidad. Para ello partamos por donde se debe, es decir por ser justos.