Fuente: El Comercio Perú

¿Puede alcanzar un país la prosperidad solo con la magia de reformas económicas y sin un mínimo de reformas políticas? Cuba cree que sí y por eso mira a China. Y China, que cada vez mira más a la derecha que a la izquierda, busca por otro lado. El Oriente ya no es rojo.

Apenas en marzo, el primer ministro Wen Jiabao pidió acelerar las reformas políticas en China y construir la democracia socialista con la participación activa de la población. Para China, las reformas económicas no bastan.

El presidente Raúl Castro llegó la semana pasada a Beijing en busca de financiamiento que le permita ampliar las reformas económicas en la isla sin los ajustes políticos. El año pasado, Cuba aprobó un plan de reforma económica, paso tímido hacia la apertura.

Tanto China como Vietnam, los camaradas del Oriente, ya se adelantaron. No es la primera vez que Castro visita a sus aliados comunistas, despertando una serie de expectativas sobre la posibilidad de adoptar el modelo chino o vietnamita.

Pero esta vez, Castro llegó a China como jefe de Estado, con 81 años (cuatro menos que su hermano Fidel), y en una coyuntura donde la dependencia económica con Venezuela, principal socio comercial de Cuba, se ha vuelto una interrogante por la salud de Hugo Chávez, que también se atiende en la isla.

A estas alturas, ya no se discute la necesidad de la transformación cubana, sino su ritmo, algo que todavía Cuba no lo tiene claro. Un proceso de reforma y apertura, como el que emprendió China en los ochenta, no es posible sin capital extranjero.

Castro desea un mayor compromiso del régimen chino, con ayuda financiera y grandes inversiones, para acelerar sus reformas económicas y sin arriesgar el timón político. Pero no es el único. Corea del Norte, a su estilo, está pidiendo lo mismo al hermano mayor.

Varios académicos chinos señalaron esta semana que Cuba debe aprender de otros países socialistas que han alcanzado el éxito económico a través de la apertura. En este sentido, recomendaron a la isla que estudie la reforma china, incluyendo sus problemas actuales.

El régimen cubano aún no se ha decidido por un modelo y parece que no tiene una estrategia pero quiere aprender a manejar los mecanismos que le permitan implantar la economía de mercado en Cuba.

Por lo pronto, el viaje de Castro a Beijing generó la firma de ocho acuerdos y memorándums de entendimiento, entre compromisos de cooperación financiera y agrícola. El monto exacto del préstamo que ofreció China a Cuba no fue revelado.

La visita también le ha permitido a Castro reunirse con el actual vicepresidente Xi Jinping y el viceprimer ministro Li Keqiang, los únicos dos líderes visibles de la próxima cúpula que asumirá el poder en tres meses. Cuba fue el primer país latinoamericano que en 1960 estableció relaciones diplomáticas con China.

Tal ha sido la emoción de Castro que antes de concluir su visita, se quedó afónico por cantar en chino la célebre canción maoísta “El Este es Rojo”, que aprendió cuando apenas tenía 21 años, con los mismos camaradas chinos.