“El pasado, el pasado, es el porvenir de los desengañados”
Pablo de Rokha


Entre los días 25 y 31 de diciembre de 1935 se efectuó en Traitraico, en las cercanías de la ciudad de La Imperial, en la novena región de la Araucanía, un Congreso de Indios convocado por la Federación Araucana de Chile, presidida por el dirigente indígena Manuel Aburto Panquilef. Participaron delegaciones de los partidos de izquierda y representantes del anarcosindicalismo criollo invitados por la prominente federación mapuche. Según informó la prensa anarquista de la época (La Protesta de Santiago y Vida Nueva de Osorno) -tras la omisión de las publicaciones burguesas, especialmente de El Mercurio- la composición del congreso fue la siguiente: un represente del recientemente creado y por ese entonces “indigenista” Partido Socialista de Chile (fundado en 1933), dos delegados anarcosindicalistas de la Confederación General de Trabajadores (C.G.T.) -uno del Consejo Regional y otro de la Federación Obrera Local de Osorno (F.O.L.O.), sección sureña de la confederación fundada en 1931-, ocho representantes de las reducciones indígenas locales (cifra que fue aumentando con el paso de los días, alcanzando a 25) y 38 miembros del ortodoxo Partido Comunista.

Dicha composición generó ácidas críticas desde las tribunas anarquistas, que acusaron a los comunistas de “viciar todo el contenido del Congreso”, caracterizándolo como un “acto regional del bolchevismo” y denunciando, al unísono, el “abuso representativo” del Partido en comparación con la exigua presencia del mundo mapuche. Cuestión paradojal, según los libertarios, considerando el carácter indigenista del Congreso y la convocatoria para su realización: la preocupación por el problema de la tierra y el abuso contra los “araucanos” por parte de latifundistas y colonos extranjeros (alemanes).
Lo anecdótico del Congreso Indígena es que uno de los 38 representantes del Partido Comunista (número exagerado a decir de los ácratas) fue el poeta, o “escritor de masas” como él mismo se autodenominó en dicha oportunidad, el polémico Pablo de Rokha, quien ofició de orador en el encuentro en su calidad de intelectual de izquierda.

Los anarquistas del periódico Vida Nueva bajo la dirección del anarco-naturista Juan Segundo Montoya Nova se mofaron de su poética y descontextualizada alocución. Señalaron a través de las páginas de Vida Nueva: “(…) Pablo de Rokha leyó un discurso lleno de lirismo y frases altisonantes. Habló de las ‘ecuaciones consecuenciales’ de la URSS, de las ‘revoluciones cósmicas’, pero no tocó el problema del indio ni de la tierra. Terminó su alocución celestial sin que ningún araucano entendiera y más de alguno creyó que era un ‘huinca loco’ (…)”. Señalaron además: “(…) Este señor creyó que estaba en una reunión de intelectuales de esas que se celebran en la Posada del Corregidor”.

Pero eso no fue todo. Criticaron tajantemente la “intromisión” política comunista en la Federación Araucana de Chile, señalando que el accionar de los partidos (especialmente los de izquierda) “desatinados y maltrechos (…) ya han hecho escuela en eso de destruir y malear organizaciones que debieran tener un gran destino”. Los libertarios repudiaban la política partidista y el “populismo” y “oportunismo” asociado a las prebendas electorales.

Pero las increpaciones al vate comunista no terminaron ahí. La animadversión ácrata proseguiría dos años después. En el periódico La Protesta de Santiago, órgano de difusión de la C.G.T., el anarquista Luciano Morgado Basáez, en diciembre de 1937, señaló en su artículo “Los políticos. Contestación a Pablo de Rokha”, las nefastas consecuencias del accionar de los “políticos” profesionales, cuestionando profundamente al poeta y su labor proselitista como militante de izquierda.

En dicha oportunidad, caracterizó al escritor como “popular” y “mediocre” y como “intelectualmente fracasado”, al igual que a Carlos Marx. Además, sostuvo que Pablo de Rokha era un “defensor” de políticos de “pobre capacidad” y de “nobles intenciones”, con un tono claramente irónico. Respecto de los literatos señaló: “(…) Abundan los panegiristas a la violeta, los cuentistas de café, los poetas de prostíbulo, que exhiben su título de bohemios por el hecho de ser trasnochadores que gastan la paciencia de quienes están obligados a escucharles o convivir junto a ellos”.

Y de paso criticó sin tapujos, ni piedad, al poeta comunista nuevamente: “(…) Los caudillos, los demagogos, los ganapanes de la política han encontrado en Pablo de Rokha lo que les faltaba: el Sancho que irá recojiendo (sic) los laureles que ellos conquisten en futuras campañas electorales (…) Puede que en día no lejano, premien su capacidad intelectual, brindándole un puestecito de embajador, de cónsul, o para recoger papeles en una legación cualquiera”.

Luciano Morgado, obrero de la construcción, finalizó su artículo de la siguiente forma: “Esto mismo esperan todos los intelectuales que fracasando en su calidad de tales han ingresado a los partidos políticos de izquierda, con vistas a un seguro y próximo bien pasar. Son tantos los políticos camaleones dignos de ponerse en solía, son tantas sus pintorescas especies, son tantos los tartufos que las representan gráficamente, como este ‘enorme’ poeta

Pablo de Rokha, que bien podría hacerse una nutrida galería para regocijo y enseñanza de nuestro pueblo”.

Es necesario señalar que si bien a lo largo de su vida no hizo carrera diplomática, en 1965 Pablo de Rokha, vilipendiado por los anarquistas en la década del treinta y, a esas alturas, distanciado del Partido Comunista (y en guerra a muerte con Pablo Neruda), recibió el Premio Nacional de Literatura.

Dos años más tarde, sumido en una profunda depresión, se voló los sesos de un tiro. Era 1968, el año del mayo francés, el de las barricadas, los adoquines y la imaginación al poder.

*Historiador. Miembro del Archivo Histórico “La Revuelta” – Región Chilena.