Foto: Alejandro Olivares

¿Qué le parece el proyecto de reforma tributaria del gobierno que logró consenso con la oposición?
Cuando uno va empatando el partido 0 a 0 y te cobran un penal y lo atajas, te pones contento. Ese es nuestro estado de ánimo. No es que hayamos logrado el gran avance en educación, y mientras no vea la letra chica no voy a cantar victoria total.

El proyecto no es la gran reforma tributaria que se necesita.
No lo es. El gobierno dice que va a recaudar US$ 1.500 millones para educación, pero hay que ver para creer. Y mientras no vea la ley de presupuesto 2013 con el aumento no voy a aplaudir. Hay que entender el contexto también. Países del mundo que admiramos por su equidad y desarrollo, como Noruega, Alemania o Finlandia, tienen una inequidad de ingresos tan grande como nosotros. Sin embargo, una vez aplicados los tributos esta equidad disminuye a la mitad. La fuente central en los países avanzados es cobrar impuestos al segmento más rico y distribuirlo en los más pobres y en servicios. En Chile, nuestro índice de inequidad es uno de los peores del mundo y después de aplicados los impuestos baja muy poco. En el fondo, lo que está en juego es el modelo neoliberal extremo, equivalente al Tea Party norteamericano, que dice impuestos bajos y Estado chico. Un segundo elemento es que la estructura tributaria puede ser progresiva o regresiva, y en Chile, si uno toma el total de los tributos, nos encontramos con que una persona del primer quintil paga el 12% de sus ingresos como tributos y una del quintil más pobre paga el 14%. En el fondo, los pobres pagan más que los ricos. Esto es casi obsceno, feroz. En este contexto se plantea esta reforma tributaria, que no es nada de progresiva.

Como el incentivo tributario por gasto privado en educación que se pensaba incorporar.
Pero este era un componente relativamente menor. No me parecía que una persona que gana 10, 20 o 30 millones mensuales terminara pagando menos impuestos gracias a esta reforma tributaria. Este ajuste es poco en cantidad, nuestros cálculos en Educación 2020 dicen que sólo en preescolar y escolar hay que agregarle US$3.500 millones adicionales a los que actualmente se gastan. Y esta reforma recauda US$ 1.500 millones. El argumento que se esgrime, una y otra vez, es que si suben los tributos va a disminuir la inversión…

Pero ese es un mito.
Es un mito. Las mismas empresas que en Chile tienen márgenes de utilidades monumentales invierten esos dineros en países cuya tasa tributaria efectiva es mayor. De alguna manera, los pobres de Chile están financiando la inversión de estas empresas en el extranjero. Acá hay una creencia casi religiosa en el modelo neoliberal. Entendámoslo, Chile tiene el modelo socioeconómico más neoliberal del mundo. Al lado nuestro, Estados Unidos o Inglaterra son casi socialistas.

¿Un experimento fracasado?
Quiero ser objetivo. ¿Nos ha ido 100% mal con este modelo? No. Hemos tenido una tasa de crecimiento promedio que es la más alta de América Latina, nuestro ingreso per cápita también es el más alto del continente, incluso diría que en educación tenemos el promedio del test de PISA más alto de Latinoamérica. Pero el problema del modelo no está allí, está en la segregación social y la inequidad intrínseca que trae el modelo. Por eso la gente está en la calle. El punto es si el país puede tener cohesión social. No se trata de satanizar esto, pero existe una creencia en que la educación va a funcionar con esquemas de mercado.

Usted ha dicho que nuestra normalidad ha pasado a ser la segregación. ¿Hacia dónde nos está llevando este camino?
Eso es horroroso. Cuando empecé hace tres años y medio con esto de la educación, el tema de la segregación no lo tenía muy claro. Pero tenemos el peor índice de segregación del mundo, tenemos medalla de oro. ¿Se puede poner peor? Sí, y el incentivo tributario que inventaron lo pone peor. El hecho de que tengamos escuelas para rubiecitos, para castañitos, para morenitos, para mechas de clavos, ha generado una sociedad con un nivel de cohesión social bajísimo. La pregunta es si podemos tener cohesión social en un país donde los niños desde chicos no se conocen, ni se van a conocer por el resto de su vida, salvo cuando un rubiecito contrate una nana. Cada escuela de Chile es un mini gueto de un determinado estrato social. La situación de desconfianza entre personas que no sean de tu propio gueto es feroz. ¿Podemos tener desarrollo, ser un país tolerante, gente que no se sienta atropellada en la calle, cuando tenemos un apartheid social? No. Eso me amarga.

¿Qué le causa temor de esta situación? ¿Dónde puede terminar?
Termina en un país donde yo no sé si quiero que mis nietos vivan, en un país muy feo donde la gente se muere de frío en la calle, con poco capital social.

EDUCACIÓN DE MERCADO

Si miramos a Chile desde afuera ¿cree usted que la inequidad del país es tema de conversación en el extranjero?
El año pasado recibí una petición de la revista Foreign Affairs para escribir un artículo que se llamó “Manifestaciones estudiantiles en Chile”. Me decían que en el extranjero nadie entendía nada, cómo en este país estaba quedando la crema. Ahí expliqué cómo este modelo, llevado a niveles de segregación y de abuso, se ha convertido en un sistema salvaje, desenfrenado y desregulado. Acá todo vale. La concentración monopólica, abusar con escuelas con fines de lucro y llevarse la plata para la casa, la creación de universidades chantas, hacer abusos con La Polar, la colusión… la gente en la calle dice que la abusan por todos lados. El gran cambio que produjo el movimiento estudiantil es que hay un Chile antes del 2011 y otro después. Lo estudiantes le pegaron una patada al tablero y volaron todas las piezas del ajedrez, y le dijeron chao al modelo. Esta especie de sensación de atropello, que uno compartía en la casa tomando té con la familia se colectivizó. Hoy tenemos un fenómeno irreversible, la gente se enojó colectivamente. Para mí el ejemplo más emblemático es lo que pasó en Pelequén con la planta de tratamiento de residuos. Esa planta llevaba años echando tufo y la gente estaba choreada. Cuando los estudiantes patearon el tablero, la gente de Pelequén vio que era importante reclamar y se tomaron la Ruta 5 en Semana Santa. Esta mañana, me levanté y vi en la tele que Providencia estaba parado, porque hubo una manifestación espontánea de ciudadanos choreados con el TranSantiago. A Chile no le va a ir bien así.

A mí me parece bien que la gente se tome los espacios públicos.
A mí también me parece. Esta pateada del tablero es lo mejor que le podía haber pasado a Chile. La pregunta es si la clase política va a tener la sensatez de entender, o si van a seguir aferrados a su cargo y a su 4×4 en Las Condes, aprovechando hasta la última gota.

¿Le parece bien la radicalización del conflicto?
Que en Chile tengamos que radicalizar las cosas para resolver problemas que son sensatamente solubles me parece pésimo, pero entendible. Ojalá no tuviéramos que recurrir a la radicalización. Hemos visto escenas patéticas. Cuando vi una foto del bus de Carabineros adentro del Instituto Nacional y otra foto donde aparecen los estudiantes frente a frente con 20 Fuerzas Especiales, te juro que me entraron lágrimas en los ojos. Que nuestro liceo emblemático llegara a esto es demasiado simbólico. Es como una especie de tragedia griega donde los que tienen que entender no entienden, los que se chorean recurren a la violencia, y como recurren a la violencia los reprimimos, y así en espiral. Me cuesta creer que el gobierno mida las consecuencias políticas de estar en guerra, de aquí hasta el final del período, con chiquillos de 15 y 16 años. Tenemos un gobierno con tropas especiales enfrentado a jóvenes, esa cuestión no resiste como imagen. Pero además les pican el ojo, los tratan de delincuentes, de marxistas, de terroristas, de flaites.

El gobierno los culpa a ellos de no querer dialogar.
Eso no es verdad. Nosotros en Educación 2020 hemos dialogado con estos cabros. Honestamente, cuando vi el documento de la CONES, dije: “chuta, quién se los habrá hecho”. No por despreciarlos, sino porque yo me he demorado tres años y medio en entender el sistema educativo y por lo que me enteré allí estos chiquillos la tienen clarita. El documento lo comparto en un 70%, pero es admirable. Pero hoy estamos con el gobierno y los estudiantes atrincherados. Un diálogo de sordos que es patético para el país.

¿Dónde hay que centrar los recursos?
Este ha sido uno de nuestros logros concretos, porque pusimos en la mesa que el tema preescolar era el tema central. Eso lo reconoce hasta la Confech. En promedio tenemos una cobertura en jardines infantiles del orden del 40%, cuando todos los países del mundo dicen que la carrera comienza a jugarse allí. Ojo, que no es la carrera del aprender a sumar, no se trata de escolarizar el jardín. Se trata de que los niños aprendan a empatizar y por eso necesitamos jardines infantiles integrados y no los guetos de los rubiecitos o de los morenitos. Yo no creo en los experimentos tipo Machuca, que se hacen en la educación media. Cuando juntas cabros de distintas clases en esa etapa, que nunca se han olfateado en preescolar o en básica, ya es un desastre.

¿La discusión del lucro es importante?
Acá hay un sistema de mercado en la educación, un sistema de voucher, donde yo compito por alumnos y la moneda de cambio es el Simce. Entonces mi pega es quitarle alumnos a la escuela del frente para que a mí me vaya bien. Este sistema de competencia ha sido lo más funesto que le ha pasado a la educación. Yo creo en el mercado del cemento, de las panaderías y en el bancario, pero no en el mercado educativo. Mientras más lo entiendo, menos lo creo. Es un mercado en que la cantidad de incentivos perversos es tan brutal que no hay superintendencia posible que pueda vigilar las conductas. Por ejemplo, se viola la ley general de educación al hacer selección académica en básica. Si el cabro ya está adentro y le empieza a ir mal hacen todo lo posible para que se vaya. También esconden cabros el día del Simce. Esto, además, te lleva a la peor de las perversiones que es la distorsión del sistema educativo mismo. Cuando lo único que hacen los colegios es entrenar chiquillos para que contesten unos test, el concepto de calidad en la educación se va al hoyo.

NUEVA CONSTITUCIÓN

El diagnóstico es bastante claro, pero ¿cómo salimos de esto? Las propuestas de los estudiantes son completamente diferentes a las que hace el gobierno.
No hay nada más ideológico que los tributos y la educación. Nadie sale a la calle por el sistema de concesiones viales. Lamentablemente, Jaime Guzmán fue un genio. El modelo que dejó amarrado, y que la Concertación aceptó en el 90, tiene una cantidad de ataduras constitucionales que hacen muy complicado todo. Al final, siempre llegamos a un Congreso que está pareado. Es casi luciférico el modelo de Jaime Guzmán. Por eso el choreo de la gente, porque siente que el Congreso es un juego de pelota entre dos clubes.

¿A usted lo representa el Congreso?
No, pero no satanizo a los parlamentarios. Me ha tocado ir al Congreso muchas veces, he estado metido en las tripas, he estado haciendo lobby por lo de la reforma tributaria, y no me compro la teoría de que son personajes malignos o chantas, sino que están jugando el juego que les tocó.

¿Es partidario de una nueva Constitución?
Sí, el país no da más con esta Constitución política. Si no, en el futuro vamos a tener que rodear las cinco comunas más ricas con una reja, guardias, y pasaporte para entrar.

¿Piñera no ha entendido esta demanda?
La Alianza tiene un espectro de colores internos, que va desde los ayatolas ideológicos -que están en la UDI- hasta un sector más progresista. Y Piñera no es de los peores, dentro de la Alianza lo veo más corrido al centro. Por eso no creo que él sea el artífice del mal, acá hay un gobierno que está capturado por el partido mayoritario, que es la UDI. Lo que estamos viendo es un reflejo de eso más que malignidades piñerísticas.

¿Qué le parece toda la polémica que se ha armado por la Encuesta Casen?
La obsesión del gobierno por mostrar logros opaca sus éxitos. Esto es un abuso publicitario y este gobierno se ha especializado en esto. Si no creamos una institución de las estadísticas nacionales que sea autónoma, todos los datos se van a convertir en trifulca política.

¿Debería renunciar Joaquín Lavín?
Si se trata de renuncias por abusos de publicidad tendría que renunciar la mitad del gabinete. El ministro Lavín ha llevado a un extremo el abuso publicitario desde que era ministro de Educación. Con esta actitud, el gobierno se está pegando un tiro en el pie.