Una tarde se la pilló en una esquina. Y le dieron ganas de huevearla. Y se puso a jugar con ella con un palo. “Y en un momento vi a la rata arrinconada, y le hice este retrato en la que sale como posando”, dice el fotógrafo Cristóbal Traslaviña (1982), que inauguró, “Resiliencia”, su primera muestra individual, en el MAC de Quinta Normal. Luego de que posara para la foto, la rata salió arrancando hasta esfumarse. Lo más probable, dice el fotógrafo, es que esté vivita y coleando.

Para esta muestra, Traslaviña fotografió a gente que vive en Valparaíso y sus alrededores, en los extremos, “en las fronteras desconcertantes de la vida”, como swingers, punkies, topleras, narcos y borrachos, por los que siente una gran admiración. “Son gente que da todo por el todo. Como no hay nada que perder, quieren quemarlo todo”, dice.

Y los convenció para que posaran en pelota, corriéndose la paja o haciendo sexo oral. Costó al principio, pero una vez que dijeron que sí, para sorpresa del propio Traslaviña, fueron ellos mismos quienes lo guiaron en las fotos. “Y como desde siempre he sido súper libre -no soy de esos fotógrafos que llegan dirigiendo, eso no me lo mamo- finalmente se produjo esta intimidad”.