Minutos después de que el directorio de La Nación decidiera en votación dividida el cierre definitivo del diario, Francisco Feres, gerente y parte de la empresa desde mediados de los noventas, llamó a una reunión urgente a todos los trabajadores en el segundo piso del edificio de Serrrano 14, donde funciona actualmente el diario online y el Diario Oficial después de abandonar el tradicional edificio de Agustinas.

Aunque no hubo adelantos en la citación, el motivo no era un secreto. Por eso las caras largas y el llanto entre los periodistas y administrativos que llegaron hasta el salón de reuniones.

Feres fue claro: el directorio había decidido cerrar el diario y no había vuelta atrás en el proceso iniciado desde el primer día del gobierno de Sebastián Piñera.

En medio de los reclamos y el llanto, una voz pidió el micrófono: Beatríz, la secretaria de Feres quería decir unas palabras. Con la voz tiritona dijo que a pesar de todo quería darle las gracias a su jefe por los años en que había trabajado a su lado y se deshizo en elogios al gerente hasta el punto en que pidió cantarle feliz cumpleaños, porque el día siguiente cumpliría 62 años.

Por supuesto, su pedido no tuvo efecto en un grupo de trabajadores que acababa de confirmar el peor de sus temores. Era imposible festejar a quien consideraban el ejecutor del plan de cierre que los dejaría sin trabajo.

Para muchos es difícil entender cómo es que Francisco Feres Nazarala, abogado especializado en derecho tributario, antiguo militante de la Democracia Cristiana y la Izquierda Cristiana y declarado militante socialista, decidió quedarse al mando de La Nación tras el cambio de gobierno después de que Sebastián Piñera dijera abiertamente que una vez se instalara en La Moneda decretaría el cierre del diario fundado por Eliodoro Yáñez en 1917.

Aunque fue un activo miembro del comando de Frei durante la campaña del 2009, para el gerente de La Nación parecía no aplicarse la máxima de Michelle Bachelet sobre que no da lo mismo quién gobierne.

La historia de Feres en el diario se remonta a 1996, cuando fue invitado por Raimundo Valenzuela -uno de los tres accionistas de Colliguay, el socio privado del diario- a representarlo en el directorio pues este había sido designado presidente del directorio pero en representación del fisco. Durante un período como director delegado -una suerte de interventor en el diario- fue nombrado gerente en 1998.

Desde allí, este abogado cercano a figuras del Partido Socialista como Mahmud (Pancho) Aleuy y Luis Maira, impulsó productos emblemáticos de la empresa como La Voz de la Tarde y La Nación Domingo, la modernización del diario oficial y el diario electrónico Primera Línea, primer competidor de El Mostrador. Si bien estas eran iniciativas del directorio, Feres era el hombre de la ejecución.

Precisamente por eso es que algunos en la empresa no logran entender que después de haber encabezado el renacer del diario -dejándolo con activos por 12.000 millones de pesos, según Feres- haya aceptado ejecutar la decisión de cerrarlo, matando la gallina de los huevos de oro.

“El se quedó por algo muy simple: en otra parte no va a encontrar un trabajo como este, con un sueldo así. Yo sé que le ha dicho a sus amigos que él tiene una muy buena motivación para quedarse y que tendrá una gran salida”, dice un hombre ligado al diario.

Dentro de los trabajadores este tema es un mito con distintas versiones que alcanza dimensiones estratosféricas cuando se habla de la indemnización con que Feres se irá a casa. Algunos hablan de un acuerdo comercial de hasta 300 millones de pesos para el hermano de la ex directora del trabajo María Ester Feres (PS) y del ex jefe de la Unidad de Estadísticas Sociales de Cepal, Juan Carlos Feres, que destapó las presiones del gobierno de Piñera para modificar la encuesta Casen.

El propio Feres, apodado “Mono” desde que estudiaba derecho en la Universidad de Concepción, sabe de los rumores y las cifras que se manejan entre los trabajadores y despeja cualquier duda: “Yo sé que se habla de esa cifra, pero eso no es cierto. Yo no me voy a llevar un peso más de lo que me corresponde, que son los 11 sueldos que establece la ley”, explica a The Clinic Online en su departamento de Providencia mientras se acomoda una y otra vez en un sillón de cuero.

En su caso, con un sueldo bruto mensual de 11.027.000 pesos, esa indemnización superará los 120 millones de pesos.

“El que crea que no me puedo ganar lo que gano está muy equivocado”, dice airado Feres, quien estuvo casado con Erika Klenner, compañera de militancia cuando estudiaba en Concepción y ex candidata al Parlamento en tres ocasiones por el Partido Humanista con quien fue detenido por el ejército el 13 de septiembre de 1973 y enviado a la Isla Quiriquina.

Con ella, el gerente de La Nación tuvo dos hijos, Paulina y Camilo. Este último estuvo a cargo de las comunicaciones de Marco Enríquez Ominami durante la campaña que, paradójicamente, enterró a la Concertación. Hoy Feres Klenner trabaja como encargado de asuntos públicos en Azerta, la influyente empresa de lobby y comunicaciones de Cristina Bitar.

Tras su separación, Feres se casó con Marisol Vera, dueña de la editorial Cuarto Propio.

Solucionando problemas con la billetera

Antes de su llegada a La Nación, la experiencia de Feres en la administración de medios no era poca. Durante los primeros años de los ochenta fue el gerente de la revista Análisis y desde esa época guarda una estrecha amistad con el periodista Juan Pablo Cárdenas, con quien trata de almorzar al menos un día a la semana.

Por esa experiencia, y por sus 14 años al mando de La Nación, para nadie es una sorpresa que el gerente tenga una indemnización millonaria, especialmente si durante el proceso de liquidación ha sido el encargado de los despidos de trabajadores bajo condiciones mucho mejores que las que establece la ley. Incluso cuando un empleado renuncia recibe una indemnización y generalmente esta es mayor a la que le correspondería en situaciones normales.

Según sus detractores dentro de la empresa, esta práctica es fundamental para entender el poder del gerente dentro de la empresa: el que se porta mal con Feres, se va sin cariño en su finiquito.

Esto explica que dentro de los trabajadores Feres sea visto como un hombre cercano y preocupado por su bienestar, aunque aclaran que era una persona muy distinta en el momento de negociar beneficios.

“Claro, hay muchos trabajadores que lo quieren porque soluciona los problemas con la billetera, gastando plata que no es suya”, señala un hombre ligado a la empresa que ha participado de las sesiones de accionistas.

Otros, en cambio, creen que este fue uno de los factores que marcó su permanencia tras la llegada del nuevo gobierno y con este Daniel Platovsky a la presidencia del directorio de La Nación.

“Feres aseguraba paz social para el proceso de cierre. Tiene buena relación con los sindicatos y ha demostrado ser un hombre útil para la derecha, porque al final es él quien hace el gasto, un socialista haciendo el trabajo sucio”, dice un empleado de La Nación.

Según explica, el mecanismo de las salidas de trabajadores en buenos términos no sólo asegura el control sino que ha permitido desmantelar sindicatos sin mayor resistencia, debilitando la organización interna.

De cualquier modo, el propio Feres reconoce que su estrategia se ha basado en la billetera. “Una billetera que yo ayudé a construir”, explica y hace una lista de sus logros en su empresa: no tiene deudas, tiene el 100% de sus activos pagados y los salarios e indeminzaciones de todos los trabajadores -incluido el propio- están asegurados.

¿Entonces por qué cerrar una empresa que tiene números azules y en apariencia es un buen negocio?

Aunque dice no estar de acuerdo con el cierre, Feres explica que la ley 20.494 -que acelera la creación de empresas y exime a las nuevas iniciativas de publicar en el Diario Oficial- costará a la empresa 4.500 millones de pesos de los cerca de 10.000 millones que maneja al año.

Sin embargo, no hay duda de que el cierre es una decisión política anunciada por Piñera en mayo de 2009, cuando dijo que tenía la “firme convicción que lo mejor para Chile es cerrar el diario La Nación”.

Por esto es que a los trabajadores no les calza el rol de Feres:

“Los que se quedaron están haciendo muy bien la pega y son los mejores voceros que puede tener el gobierno”, dice Víctor Pérez, presidente del sindicato número 1 de La Nación, la única organización de trabajadores con representación en las juntas de accionistas.

Relaciones rotas

Al interior de La Nación existe la sensación de que Francisco Feres es otro a partir del 11 de marzo del 2010. “No sé si cambió él o cambió la empresa, pero es otro”, dice una periodista. Según ella, antes de que Piñera asumiera el gerente era un hombre muy distante, lejano en su trato.

Aunque sus amigos lo reconocen como un hombre encantador, amante de la buena mesa -su mejor amigo es el crítico gastronómico César Fredes-, y muy buen anfitrión, sus empleados no tenían la misma impresión. Eso al menos hasta marzo del 2010.

Ahora es todo sonrisas con los trabajadores, explica. Lo malo es que esa sonrisa va acompañada del proceso de liquidación.

Con la llegada del RN Daniel Platovsky a la presidencia del directorio, la personalidad de Feres cambió para bien, insiste.

No sucedió lo mismo en el directorio, donde las relaciones de Feres se complicaron: tras doce años de trabajo para sus compañeros de coalición, la entrada de la derecha supuso una nueva configuración de poderes.

Antes de la llegada de Piñera, el único representante de la derecha -al menos ideológicamente- en el directorio era el UDI Enrique Alcalde, socio de Raimundo Valenzuela (PS) y Luis Eduardo Thayer (DC) en Colliguay, la sociedad privada que posee acciones preferentes por un 29,52 % del total de las acciones de La Nación.

Hasta el cambio de directorio, Feres tenía muy buena relación con Valenzuela y Thayer. Con el segundo incluso tuvo una sociedad de inversiones y compartió oficina durante los noventas. Su amistad era tan estrecha que Feres compró una casa en la playa Rocas de San Andrés, en la IV Región, cerca de Los Vilos.

Con Valenzuela la relación era igual o más estrecha: fue este quien lo llevó a la empresa periodística y quienes conocían la amistad hablan de que este era una suerte de padre para Feres.

Hoy ninguno de ellos quiere saber del gerente. No le perdonan estar ejecutando el plan de cierre del diario ideado desde La Moneda y sienten que de alguna forma traicionó su amistad alineándose con la derecha durante el proceso al que ellos se resisten y por el cual presentaron un recurso judicial que podría dilatar la liquidación de la empresa.

Según ellos, el fisco está haciendo una interpretación errada de los estatutos y Feres está validando esta postura ejecutando el cierre.

Feres reconoce que hoy no tiene ninguna relación con sus ex amigos por “diferencias”.

Cambio de mando

En el directorio hay quienes ven a Feres como un “traidor” por haber aceptado ser la mano derecha del fisco en el desmantelamiento de la empresa de 95 años.

Aunque el gerente cuenta que una vez que asumió el nuevo directorio con Platovsky a la cabeza, presentó su renuncia, pero la nueva dirección le pidió mantenerse en su cargo.

Según explican miembros del directorio consultados por The Clinic Online, pasó poco tiempo desde que Platovsky asumió su cargo para que este y Feres consolidaran una estrecha relación laboral.

“Yo diría que son mejores amigos. Incluso a veces es el propio Feres el que lleva la batuta en las reuniones del directorio”, dice un miembro de la junta que asegura que el gerente ha tomado el cierre del diario como una meta personal.

Feres lo niega rotundamente y dice que si se quedó en la gerencia fue porque la nueva administración se lo pidió debido a que nadie conocía tan bien como él la interna de la empresa. Aceptó, dice, porque nadie podría asegurar tan buenas condiciones de salida para los trabajadores que de cualquier forma serían despedidos.

Con la promulgación de la ley 20.494 que acelera la creación de nuevas empresas impulsada por el Ministerio de Economía encabezado por Pablo Longueira -cuenta Feres- los ingresos de la empresa por concepto de publicaciones en el Diario Oficial reducirían sus ingresos en 5.500 millones de pesos, ya que esta norma sustituye la publicación en la versión física del diario por una gratuita en la página web del mismo para las empresas con capital por hasta 5.000 UF. Para las demás costará 1 UTM.

Bajo este panorama, y con la decisión de La Moneda de cerrar el diario, Feres dice haber aceptado encabezar el proceso para dar las mejores condiciones posibles a los trabajadores que perderían su empleo. Además de las indemnizaciones por sobre el monto legal, el gerente alega haberse preocupado por la capacitación de todos los empleados.

“Durante ese período la gente me decía: ‘Don Francisco, si usted se va por favor déjeme despedido antes”, dice orgulloso.

“Yo ya tengo tomada la decisión de partir, pero hay una cosa importa, que era si se podía conseguir que se manifestara cierta voluntad de mantener nacion.cl hasta encontrarle una fórmula de mantenerla viva, que es a lo que he dedicado buena parte de mi tiempo”, insiste jugando con un juego de lentes rosados.

Y cierra, contradiciendo la labor que ha cumplido desde el inicio de la gestión Piñera: “No soy partidario del cierre”.