En la casa de Pedro Peirano entra una cleptomanía incontrolable. No, no incontrolable, porque no nos pelamos nada. Pero una larguísima estantería está repleta de libros de Hergé, el creador de Las Aventuras de Tintín, unos tomos gigantes del Pato Donald y el Tío Rico de Carl Brax; montones de Popeye de E.C. Segar. Snoopy y la Pequeña Lulú comparten espacio con Will Eisner y Marvel Comics. No falta el Todo sobre Mafalda y El Eternauta. El dibujante se declara un fanático de los clásicos gringos de los años ’30, ’40, o ’50. Y por supuesto, como siempre lo ha dicho, de Themo Lobos. Con él comparte la capacidad de hacer obras que funcionan tanto para adultos como para niños, como 31 Minutos y su última entrega, El Club de los Juguetes Perdidos.

¿En qué te inspiraste para este libro?
Este era un tema para una canción de 31 Minutos que nunca hicimos, pero a mí me quedó dando vueltas. Encontraba que el tema de los juguetes perdidos era bueno, era algo que me había amargado lo suficiente cuando chico como para sentir que era un tema verdaderamente niñezco como Me cortaron mal el pelo y los otros. Así que sentí que era ideal mostrar un mundo que combinara esas cosas: los juguetes perdidos, más la aventura, más buscar un mapa, una aventura bien a la antigua.

Tus trabajos, como 31 Minutos funcionan para niños y para adultos, ¿es algo que te propones o sólo te sale así?
Yo creo que resulta un poco así, porque yo soy adulto no más. Supongo que si yo me entretengo con los comics que hago, una persona de mi edad también se va a entretener. Jamás haría una cosa demasiado para niños como Teletubbie, donde un adulto no puede entrar. 31 Minutos es el mejor ejemplo, la idea de que esto se comparte entre padres e hijos y lo que yo hago generalmente es así. Yo siempre trato de que no sea una estafa, como esas historias que son para adultos disfrazadas para niños, como Shrek, que yo encuentro que es bien estafador. Yo hago una cuestión que sí es para niños. A pesar de que uso un lenguaje raro. Por lo menos cuando chico, a veces la forma de entrar a palabras nuevas era leerlas en Tintin, las cosas que decía el Capitán

El Club de los juguetes perdidos — Pedro Peirano from Letras Fantásticas on Vimeo.

El niño Peirano
La mayor decepción de Peirano fue creer que el colegio era hueveo y que en la universidad llegaría la seriedad. No fue así. En parte porque venía de ser un niño muy aplicado en el colegio, en eso lo ayudó ser hijo de profesor.

¿Cómo fue tu paso por el colegio?
Puta, yo era súper mateo, me iba súper bien, en general era amigo de los profesores. Los primeros comics que yo hice fue en el colegio y hacía uno policial en que los profesores eran los sopechosos de cometer un crimen. Y todos votaban por quién creía que era el sospechoso. Era muy divertido. A los profesores igual les daba miedo que los caracterizara mal o algo así. Pero me iba súper bien en clases, salvo en educación física que me iba pésimo.

¿Los publicabas dentro del mismo colegio?
Al principio lo publicaba en el diario mural de mi curso, pero entraba gente de otros cursos a leer la historia, después se hizo una revista y yo la dirigí y ahí hice un comic para todo el colegio, como en pimero o segundo medio. Esa se publicaba y por supuesto los profesores eran los malos. Lo más divertido era ponerse en el segundo piso del colegio cuando salía la revista a ver cómo se reían. Se llamaba El Vikingo.

¿Por qué entraste a periodismo si nunca te dedicaste a eso?
La verdad es que entré a periodismo porque no quería entrar a nada más y pensé que podía dibujar en los diarios, esa es la verdad. Nunca pensé que iba a hacer periodismo. Después con el tiempo hice un programa que se llamaba Factor Humano porque el Álvaro Díaz me convenció y ahí recién me reconcilié con el periodismo porque fue uno de los programas más entretenidos de hacer.

Pero igual hay jóvenes que entran a esa carrera inspirados por ti
¿Pasa eso? Jajajaja. Qué horror… Bueno es que es una carrera mugrosa, quizás ahora es un poco mejor.

El ñoño Peirano

Peirano además se declara seguidor de Robert Crumb, considerado el fundador del “comic underground” y es el creador del Gato Fritz, un lascivo personaje que vive las más grotescas aventuras. Con Peirano comparten gustos. El autor gringo ha sido influenciado por Carl Barx y John Stanley, el segundo autor de la pequeña Lulú. A Peirano también le gusta el cine antiguo y ahora está pegado con la serie de Hitchcock, aunque también ve algunas nuevas como Homeland, porque dice que tiene que estar actualizado con los nuevos lenguajes para su serie en México. A The Walking Dead, el éxito de zombies, no le tiene mucho cariño.

Como que Robert Crumb escapa de la locura con el dibujo, ¿te pasa eso?
Puede ser. Lo que sí sé es que es súper autista dibujar. O sea, realmente no pasa el tiempo cuando uno dibuja, es heavy. Y creo que sirve para ordenar la cabeza o para deshacerte de algunos monstruos que tienes en la cabeza. Tiene una sanidad, el sacar algo y el poder verlo, te sana. Y lo que tiene el dibujo al revés de cualquier otro arte es que es algo que todos dominamos, porque todos dibujamos cuando chicos. Es el arte del que todo el mundo ha participado. Pero seguir dibujando es raro, estás usando el arte más primongenio de un niño, pero es la raja lo que sucede.

¿Encuentras que está de moda ser perno y leer comics y todo eso?
Parece que sí. O sea, por lo menos están más liberados los pernos. Ya no tienen que disimular o esconderse en una catacumba para leer. Antes sentías que si te gustaba Tintín eras el único, y es mentira, hay mil gente que le gusta Tintín, entonces obviamente te sientes más acompañado. Pero yo siempre he consumido lo que yo quiero consumir. Bueno, igual he coincidido muchas veces, me encanta El Señor de los Anillos. Ese es un buen ejemplo, el que El Señor de los Anillos se convierta en un éxito cinematográfico gigante te indica que quizás es la era del nerd. Porque imagínate quién hizo ese libro, un viejo que es lo más nerd del mundo. Entonces que sea uno de los libros más vendidos indica que eso siempre ha sido algo subterráneo pero consistente.

¿Ves The Walking Dead?
A veces, pero es que ese es un género que me gusta mucho, entonces The Walking Dead es como para los hueones que nunca han visto películas de zombies. Las verdaderas películas de zombies no son sobre los zombies, son sobre los hueones y cómo con esta escasez de humanidad o con el peligro, la gente desata toda su miseria. Esos son los muertos vivos de George Romero, que se encierran en un mall, lo tienen todo, pero los hueones se empiezan a cagar entre ellos y los zombies son como una fuerza de la naturaleza no más, no tienen maldad en sí mismos, son una cosa que hace nacer la maldad en los hombres. Supongo que la serie será así también, no sé. Pero igual es buena, parece que es mejor ahora que cuando yo la vi.

El famoso Peirano

¿Te piden mucho que hagas la voz de Tulio Triviño?
Bastante, pero no tanto tampoco. No toda la gente sabe que yo hago a Tulio. Pero yo siempre digo que prefiero hacerlo con el títere porque es muy difícil hacerla en teoría, hay que imaginarse el títere y todo.

¿Te da lata?
No tanto, depende de las circunstancias. Si estás en una situación más familiar te da lata que te traten como Tulio Triviño. Yo siempre trato de evadirlo. Una vez un gallo se me acercó y me dijo: oye, háblale por favor a mi hijo como Tulio Triviño que no quiere comer. Y me cargó hacerlo, pero lo llamé como Tulio y no me creyó nunca. Entonces tuve que decirle al papá: oye sabí que tu hijo te odia porque jamás pensaría que eres amigo de Tulio Triviño, lo siento.