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Cultura

11 de Noviembre de 2012

“Que me pones caliente”

Fuente: www.cienmaneras.com  1 / 7 Por: Olga Lucía Lozano Antes de ser la mujer del dragón tatuado, Rooney Mara era como cualquier hija de vecina. Con cabello ondulado medio castaño, gestitos dulces y seguramente atractiva para un sector de la población que enloquece con cualquiera que se mantenga dentro de las líneas de la estética tradicional. Sin […]

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1 / 7

Por: Olga Lucía Lozano

Antes de ser la mujer del dragón tatuado, Rooney Mara era como cualquier hija de vecina. Con cabello ondulado medio castaño, gestitos dulces y seguramente atractiva para un sector de la población que enloquece con cualquiera que se mantenga dentro de las líneas de la estética tradicional.

Sin embargo, tras convertirse en la protagonista femenina de las versión gringa de “Los hombres que no amaban a mujeres” de la saga Millenium, Mara dio el salto. Dejó de ser la niñita angelical que nunca se destacaría en una multitud y ganó lo que, en mi concepto, convierte a un mortal cualquiera en un mortal memorable: carácter. Pues más allá del estilo que se profese, el tener presencia escénica (y no me refiero a un asunto actoral sino cotidiano) y química es un asunto que pocas veces pasa por el simple hecho de tener una cara o un cuerpo determinados, o combinar los zapatitos, con la camisita y una sonrisita entre medio tarada y medio formal.

Supongo que mucha gente piensa lo mismo, o al menos los hombres y mujeres que ahora andan enloquecidos con Lisbeth Salander ( el personaje encarnado por Mara y gracias al cual fue nominada al premio de mejor actriz en los premios Oscar). Y que la han convertido en lo que los medios femeninos y los que se dedican a potenciar la hormona llaman un símbolo sexual.

Pero hay que decir que Mara no fue la primera Salander de las pantalla. Antes de ella estuvo Noomi Rapace, quién protagonizó los tres filmes de la saga en el universo cinematográfico sueco. Quien a mi parecer había consolidado un personaje profundo, en el que había más de intensidad que de producción externa, por lo que resultaba tan sexy y atractiva como su reemplazo, pero con menos impulso del mercadeo.

Sea como sea, siempre me he preguntado qué diferencia a los guapos de los que realmente se convierten en el amor apasionado de millones de personas que no los conocen. Y casi siempre termino pensando que la gente no se enamora de fulanito de tal, sino del personaje que interpretó en alguna parte. Pero según nos dicen los medios de comunicación esa aura se mantiene aunque estén pateando a un perro o lavando la loza con delantal de ollitas pintadas y rulos en la cabeza.

Como no es tarea fácil hacer un estudio a profundidad del amor inexistente, es decir que existe pero sin tiempo, sin piel, sin miradas y sin imaginación mutua; simplemente regresaré al inicio de esta entrada para decir que la transmutación de una señorita seria de sastre de paño en fan enamorada o de un señorito con corbata y manicure en enamorado virtual no se da en pocos minutos. El proceso puede tardar hora y media más o menos mientras dura la peli. En casos realmente serios, otros completan el proceso con diversas metodologías posteriores: googlear al nuevo amor, ver fotos, videos, entrevistas, averiguar quiénes lo o la han amado y al final construir una reversión del actor o actriz en la que entran esos datos, pero también los elementos del personaje que lo entregó a nuestros brazos. Algunas veces incluso vale guardar un álbum con las mejores instantáneas del personaje.

Entendiendo, entonces, la metodología, y lo sabroso que resulta sentarse a hablar de lo “rico” que se ve pepito en tal película o lo “buena” que se puso Anita cuando le dio por bailar samba en Río. Lo que no entiendo es el objetivo de este amor desbordado, pues no veo muy bien hacia donde se dirige la pasión acumulada, aunque me imagino que habrá quien pase noches enteras rindiendo homenaje a su sujeto de deseo.

Cuando lo pregunto, a decir verdad no importa. Al final en el amor no es necesario ir hacia ningún lado sino entusiasmarse. Teniendo en cuenta eso, acá van entonces algunos de esos hombres y mujeres que algunos pocos encuestados señalaron como los “deseables y amables” de la pantalla. Los cuales, insisto, no son necesariamente los más bonitos según la academia básica de la belleza, sino los que, como decía mi madrecita, nos mueven la aguja.

Jonathan Rhys Meyers

Gary Oldman

Demián Bichir

Christian Bale

Patrick Dempsey

Jude Law

Olivia Wilde

Milla Jovovich

Megan Fox

Mónica Belucci

Kate Winslet

Inés Efrón

Igual, como se que esta selección no satisfará los anhelos de todos, pueden incluir sus propios amores en los comentarios.

Temas relevantes

#belleza#hombres#mujeres

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