El jueves 15 de este mes Marcela Marín salió de su casa en Puente Alto pasado las 13:00 a dejar a su hija al colegio Saint Peters en la calle Las Bodegas. Sus cuatro hijas asisten al mismo establecimiento hace años, pero cuando llegó se encontró con una terrible escena. Su hija Yamilet, de 16 años, estaba sentada en una oficina llorando. No sentía sus brazos ni sus piernas y vomitaba. Marcela señala que del colegio le dijeron que se la llevara a su casa. Ella insistía en que llamaran a una ambulancia. Del colegio señalan que lo hicieron, pero que demoraba mucho. Marcela dice que nunca la llamaron. Lo cierto es que finalmente Yamilet fue trasladada en el auto del director del colegio, Bernardo Astudillo.

Yamilet había sido amarrada de brazos y piernas por tres compañeros, quienes también le introdujeron papeles en su boca y luego la golpearon y saltaron sobre ella. El resto de los compañeros se reía. Según señalan en la Seremi de Educación, la joven tenía un aneurisma no diagnosticado, el que se reventó por los golpes y debió ser operada de urgencia en el Hospital Sótero del Río. Desde ese lugar, su madre insiste en que nadie del colegio la ayudó: “esto pasó el jueves y ellos se acercaron recién el lunes, pero porque ya era un tema público y venían las autoridades. ¿Por qué no estuvieron acá el viernes, el sábado o el domingo?”, señala Marcela. Además, según lo poco que Yamilet ha podido hablar desde ese día jueves, la joven confiesa que cuando fue a pedir ayuda a un adulto en el colegio, la retaron.

De hecho, parte de la investigación tiene que ver con la demora del colegio en denunciar el caso al Ministerio de Educación, lo cual fue hecho recién el lunes. En esa institución señalan que no es normal que algo como esto se demore tanto en llegar al Ministerio: “y ahí hay una responsabilidad del director”, recalcan. Desde que el Ministerio conoció la situación, se iniciaron dos investigaciones paralelas. Por una parte, la Superintendencia de Educación se encuentra investigando y fiscalizando que existieran y se respetaran los protocolos y manuales de convivencia del colegio. En caso de que esto no haya sido así la multa puede llegar hasta los 40 millones de pesos hasta la pérdida del reconocimiento del Ministerio en caso de que se detecten falencias graves. La segunda línea investigativa la dirige la Seremi Metropolitana de Educación quienes realizan, con un equipo de psicólogos, un diagnóstico y un plan de intervención para determinar el daño que se genera en la comunidad escolar a partir de este caso. De hecho, en la Seremi señalan que “si ves un colegio donde hay cámaras de seguridad en las salas, ves que ahí hay una situación no resuelta”.

Además, una tercera investigación es la que está llevando a cabo la Fiscalía de Puente Alto, ante la denuncia realizada en Carabineros. Un aporte importante para establecer responsabilidades es el video de las cámaras de seguridad, el que está siendo periciado y donde se ve a Yamilet siendo golpeada por sus compañeros. Al principio no parece oponer demasiada resistencia, pero mientras la situación se vuelve violenta, su actitud cambia. Además, en la grabación se puede ver a un adulto que entra a la sala con su computador, se sienta a escribir algo y se va de la sala sin prestar atención a la golpiza, según señalan en la Seremi de Educación.

Marcela recuerda que Yamilet ya había tenido problemas con uno de los jóvenes que la agredió: “me dijo que le había pegado una patada, como por la espalda. Pero no quiso que yo fuera a hablar al colegio ni con su mamá”. Sin embargo, Marcela ya se había quejado porque a Yamilet la molestaban: “me dijeron que si no me gustaba el colegio, sacara a mis hijas de ahí”. Marcela se negó a hacerlo convencida de que era el colegio el que se equivocaba y debía resolver la situación.

Yamilet, quien quiere estudiar Administración de empresas, ha estado desde primero básico en el colegio. Durante casi toda su enseñanza escolar no tuvo problemas, ya que su padre, Álvaro Álvarez, trabajaba en el establecimiento: “ahí estaba siempre cuidando a las niñas, y bueno, a los alumnos en general, estaba pendiente”, señala Marcela. Pero hace tres años que Álvaro dejó de trabajar en el colegio y Marcela cree que las burlas pueden deberse a que es una joven aplicada y de pocos amigos: “yo le dije siempre que los amigos no existen. Porque cuando uno los necesita, en los momentos malos, no están y te decepcionan. Y eso lo podemos ver acá, porque nadie la ayudó”, cuenta Marcela y agrega que si bien se han acercado algunos compañeros, su primer deber es el resguardo de su hija, quien no quiere ver a nadie. Los padres de los jóvenes agresores no se han acercado y tampoco lo han hecho a las invitaciones de la Seremi a participar de charlas para el programa de intervención.

Hasta el momento Yamilet se encuentra estable, pero grave. Su madre rescata lo alegre de la joven, y recuerda que “ella siempre me dice que quiere estudiar y ser algo en la vida. Y yo le decía que sí, porque uno siempre quiere lo mejor para sus hijos, quiere que sean más que uno”. Yamilet no quiere volver al colegio por ningún motivo y sus padres ya se encuentran buscando establecimientos cercanos para poder inscribir a sus cuatro hijas.