Foto: Alejandro Olivares

Se apaga la música y en el escenario de lo que queda del cine Capri, en Santiago centro, aparece “Irina, La Loca”. Viene vestida de obispo, mitra y sotana incluidas. Minutos antes, su compañera y amiga de guarrerías Hija de Perra estaba ante el público que ha llegado a Dildo Roza, el segundo festival internacional de arte y porno. Hija de Perra –un transformista que hace perfomances escabrosas- ha terminado su show corriéndole mano a unos “sumisos esclavos”, cuatro hombres disfrazados de conejos con tetas colgando por todo el cuerpo. Hija de perra también les pasa dildos por la boca.
Irina La Loca entra en llamas. Ataca a los conejos: en vez de dildos, les mete un rosario negro en la boca. Hay orgasmos y los conejos le sacan a Irina la sotana y ella queda con un babydoll negro que deja ver un calzón del que cuelga un pene flácido, flaco, chico, con la punta rojiza. El público se caga de la risa. Algunos comentan: “uy, qué fea la pichula”.

La performance que hace Irina es sobria en comparación a los show que ofrece en las discoteque under, donde la consideran una celebridad. Allí se toma en copa su pichí. Antes, cuando amamantaba, tiraba leche por las tetas. Ahí se hizo conocida en Chile.

En Dildo Roza, Irina además presenta su primer cortometraje: “Los cuentos de Irina”, una parodia a las películas porno. En diez minutos –por ahorrarse lucas-, Irina interpreta todos los papeles: hace de hombre, mujer, hombre-mujer, lo que sea. El público la aplaude. “Le vuela la raja a Kramer”, dicen. En un jardín, en una cama o en un living aparece ella con dildos de todos los tamaños, texturas y grosores metiéndoselos por todos lados.
Incluso en la nariz y las orejas.

EL BARCO DE LOS LOCOS

Irina La Loca es hija del actor Fernando Gallardo, muerto en 2004. Ella siguió sus pasos. Estudió teatro con Fernando Meza.
Cuando chica, vivió en Alemania durante la primera mitad de los ’80. Cuando sus papás se separaron, regresó con su mamá a Chile. Un cambio tremendo de pasar de la libertad a la represión. Se hizo militante de la Jota. Salió a rayar paredes y se transformó en líder estudiantil. Le duró poco: la echaron del partido por loca. Pasó el tiempo. En los noventa se fue a Brasil y luego a Barcelona, apestada “del país culiao y los actores de moda” y siguiendo a un enamorado. Pero el romance no funcionó. Entonces se embarcó en el “Barco de los Locos”, una vieja nave tripulada con artistas, músicos, actores y performistas que todavía viajan por el mundo haciendo obras teatrales que rayan en el absurdo y la locura. En el barco nació Irina, La Loca.

¿Cuánto tiempo estuviste en el barco?
-Seis años viajando por la parte española de África, Portugal, Galicia, Holanda, Irlanda, Islandia, Finlandia. Y en cada lugar te recibían con mucho amor y en otros “ay, que salgan estos hippies”. En Amsterdam nos quedamos más tiempo por culpa de un accidente que nos tuvo retenidos tres años.

¿Qué les pasó?
-Rompimos un cable eléctrico que estaba debajo del agua pero que era de alta tensión. Y dejamos a una industria lechera sin poder ordeñar las vacas durante un año. Eso costó 90 mil euros. Tuvimos que trabajar duro para pagar esa deuda. Y lo logramos.

¿Ahí ya hacías performances locas?
-Sí. Una de las primeras performances que hice en Amsterdam, fue con un dildo que me habían regalado. Escuchando la canción de Miss Kittin que dice “You know Frank Sinatra? He’s dead. Dead”, se me ocurrió hacer la mímica en el escenario.

¿Y qué hacías?
-Era feliz diciendo “Suck my dick, Kiss my ass”. De repente me daba vuelta y mostraba el poto al público. Me sentía el descueve. En ese tiempo, el papá de mi hijo me había dejado. Entonces, no estaba ni ahí con los hombres. Más encima todos mis compañeros del barco eran gays. El capitán era un mujeriego de mierda. Y yo me ponía a gritar “me tieeeenenn hartaaa los hombres”. Y un día comencé a picar papeles. Me rayé. Y comencé a hacer figuras de papel con la forma de un hombre con así un pene, bien grande. Y yo lo cortaba. Y empezaba a cortar ese pene y de repente él hombre sin pene, empezaba a refregarse encima mío y llegaba a las tetas. Y llegaba a mis tetas y yo nooooo. Y yo sacaba mis tetas y plash, lo chorreaba de leche materna. Y lo mojaba, lo mojaba, lo mojaba hasta que se hacía mierda el papel. Ahí me iba, y yo era feliz.

¿Cuánto tiempo hiciste esa performance?
-Los cuatro años que estuve amamantando. Es que tenía mucha leche para repartir al mundo.

Ahora, tienes otro show en que dejas que el público toque tus tetas.
-Es la tetoterapia. Eso la hago con las Cholitas del Ritmo cuando pone música Megajoy. En un momento, con las Cholitas quedamos con las tetas al aire y dejamos que cualquiera las toque. La gente se vuelve loca. Es como el minuto feliz. Y la gente hace fila para revolcarse en nuestras pechugas. Muchos las muerden, otros las pellizcan. Y, obviamente, estoy con un látigo en la mano porque si un hueón se va al chancho, le pego.

En otro de tus show sales en pelota, cubierta con plástico transparente…
-Esa la hago con un amigo australiano, Tito, que prende con todas mis locuras. Él, vestido como mujer, me pega, me somete y me llena de Nutella. Cuando estoy saciada, me abre las piernas y de mi choro extrae una vela y me canta cumpleaños feliz. El show deja locos a la gente.

Debe ser incómodo tener metida una vela…
-Sí, es incómodo, pero me gusta sentir eso. Eso no es fingir. No es actuar.

EL PICHI Y LA CACA

Sin duda, el show que deja loco a la gente es cuando tomas tu propio pichí. Supongo que es de verdad…
-Obvio. Soy súper meona. Me tomo antes dos chelas y lista para el show.

Igual eres lady. Te lo sirves en copa.
-Claro. Siempre guardando la delicadeza. Es uno de los números que más choca.

En un momento, se lo escupes a la gente.
-Sí. Hay algunos que le encanta y otros que alegan. Pero él que me va a ver sabe que en algún momento se lo tiraré a la cara. Entonces, si no quieren eso, que se pongan atrás. Una vez un niño me contó que lo recibió con la boca abierta y otro llegó diciéndome que con mi pichí le había dado conjuntivitis.

Dicen que el pichí es nutritivo…
-Yo lo llevo tomando ocho años y mira cómo estoy, jaja. Así que mal no me ha hecho. No me ha salido ni una verruga, nada. Jaja.

¿Cómo se te ocurrió tomarte el pichí?
-Con una colega en Holanda. Al final, ella nunca pudo mear en público y yo le terminé convidando de mi pichí para que se lo tomara.

¿Le convidas a la Hija de Perra?
-No, si el pichí es mío. La Perra hace otras cosas más sucias, ay, su cabeza de chancho, la sangre, cosas que también me gustan. Tengo mis números de aborto.

¿Cómo son esos?
-Me encanta hacer efectos especiales. Entonces, hago sangre de mentira. Me entierro un cuchillo a lo sanguinario y me sale cualquier cosa de adentro. Para la gente es chocante.

¿Que te dicen?
-A algunos les encanta. Y a otros no. En realidad, la gente no se me acerca. Me tienen miedo. Yo soy muy mujer y se me nota. Entonces, una mujer no puede andar haciendo esas cochinás.

Hay una performance donde parecieras que comieras caca verdadera. A todo el mundo le da asco.
-Yo le doy de mi caca y la Hija de Perra se la come. Pero es caca de mentira. Quedó bueno el efecto especial, parece. Jaja. Caca, ni cagando. Estaría flaquita, llena de hepatitis B. He comido alimento para perros, detergentes -que tienen un sabor asqueroso- pero caca, no. La caca falsa, en todo caso, no es rica. Es chocolate con manjar, asqueroso. Yo creo que la caca sería más rica al lado de la otra hueá.

LOS DILDOS

¿Qué buscas con tus performances?
-Creo en el feísmo. Una persona fea puede tener el mismo talento que una bonita. Está permitido que las niñas lindas se empeloten y nosotras, las guatonas, que hemos tenido hijos, que nos asumimos con los años, que queremos hacer algo sensual, ¿no podemos estar en el rango de la belleza? ¿Qué es lindo, qué es feo? ¿Por qué tengo que gustarte? Y, bueno, si no te gusto, te desagrado, pero te desagrado por completo. Si te tengo que tirar pichí para desagradarte de verdad, lo haré.

No te interesa caer bien.
-Para eso estoy de civil. Quiero remecer y demostrarle a la sociedad que es asquerosa e inmunda. Además, todo el mundo carga inmundicia. Todos tenemos ese instinto de inmundicia, pero nadie sabe que lo tiene. Nadie es perfecto. Y yo, como Irina La Loca, lo develo. Todo esto tiene que ver con el asco que le tengo a los hombres y a esta sociedad machista.

Como reacción a tu rechazo a los hombres, surgió tu otro personaje: “La bigote”.
-Quiero sentir lo que es ser hombre. Ponerme en el mismo lugar que ellos. Por qué el hombre siempre tiene el poder. Me emputece que sean los hombres que decidan por la mujer cuando se trata de aborto.

¿Qué te pasa cuando te vistes como hombre?
-Me baja la envidia. Es, puta, la hueá. Ellos pueden tener muchas mujeres. Pero la mujer si te hace eso es una maraca. Pero no, el hombre es macho.
Eso me molesta.

¿Siempre usas dildos en tus performances?
-Sí. Las pichulas de plástico son como una extensión mía. Las uso para reírme de los hombres. Y los uso para chocar.

¿Qué haces con los dildos en el escenario?
-Me los meto por el poto. Juego con ellos. O la Hija de Perra me penetra con un dildo. Cosas así.

¿Alguna anécdota con un dildo?
-El año pasado me robé este molde (muestra un dildo color rosado, enorme, de yeso), el máximo premio del Dildo Roza.

¿Por qué te lo robaste?
-Resulta que se me había perdido mi pichula de plástico y tenía que salir a escena. Más encima se me había perdido el plástico para cubrirme. Tuve que salir en pelota como nunca. Porque puedo mostrar las tetas, el choro, el poto, pero nunca la guata. Es que estoy traumá con mi barriga. ¿Cachai, la hueá absurda? Soy así. Nunca cambiaré. Así que tuve que salir con esta hueá.

Te debe haber dolido.
-Fue increíble, me dolió más que la cresta. Pero todo resultó bien. Después de mi show, un chico que estaba sentado al final del teatro me dijo que un hueón había acabado viéndome. Me sentí tan orgullosa de que alguien se masturbara por mí. Fue increíble. Otra vez en Conce un tipo me chupó mi pichula de goma que yo llevaba puesta y fue lo mejor. Nunca me había pasado.

¿Por qué te aburrieron los hombres?
-Por lo chantas. Hace dos años que mis compañeros son de plástico. Lo hago cuando quiero. No tengo ni me interesa tener sexo con humanos. No quiero que me toquen. Nada.

¿Cuáles son los beneficios del compañero de plástico?
-Los puedo lavar y no vienen con ninguna infección, jaja. Porque eso es lo charcha. Te podís pegar cualquier hueá. Y, como no soy promiscua, no le paso a cualquiera mi flor jaja. ¿Las ventajas de un dildo? Un día uno más grueso, otro uno más chico, otro uno más duro. De hecho pololeo con mis dildos.

¿Con cuántos?
-Con los ocho que tengo, pos Jajaja.

El medio harén. Qué envidia.
-Jajaja. Y sólo me he comprado dos. Los otros me los han regalado.

A propósito, con Hija de Perra, hacen clases en universidades de enfermedades venéreas. Son expertas. ¿Te has contagiado alguna?
-No. La Perra es cerda campeona, se las pega todas. Yo le tengo terror a las enfermedades venéreas. De hecho, soy bien cartucha. No he hecho un trío. Nunca me lo han metido por el chico. Soy fome. Y, bueno la Hija como se las ha pegado todas, siente que su labor es advertirle a la gente de las cochinás. Y en las clases ellas las dicta y yo soy su asistente que le pasa los penes y los condones. Y la gente lo agradece. Y nos han dicho que son mucho más didácticas y enseñan más que los manuales del Ministerio de Salud.

IRINA Y SUS ABORTOS

También trabajas en las cárceles de Rengo y Colina 2. ¿Qué haces ahí?
-Hace cinco años trabajo en cárceles. En Rengo hago talleres de teatro y a los internos de Colina 2 les ayudé a hacer unos invernaderos con puras botellas de plástico. Y pusimos cactus, árboles y semillas. Así empezamos. Hacemos billeteras, carteras, todo reciclado. Y las venden y toda esa plata va para sus mujeres que están afuera… Es súper satisfactoria esa experiencia.

¿Y ellos cachan a Irina, La Loca?
-Algo deben cachar. La otra vez pasaron películas porno e iba un video mío. Y un interno, me dijo, “señorita, ¿es usted la de los bigotes?”. Y, yo, haciéndome la loca. Pero saben, como también mis compañeros, pero les cuesta creer que hago esos videos.

Hace poco participaste en la campaña que parodia las 42 frases contra el aborto…
-Primero que nada, me he hecho varios abortos en mi vida. Y ninguno me los he tomado traumáticamente. Es un mero trámite. No me lo sufro. Nunca he tenido sentimiento de culpa. No creo en Dios. Tengo más culpa por otras cosas. Por haber sido hueona, por haberle prestado plata a alguien equivocado. Con eso me complico. Pero sentirme culpable por los abortos, no.

¿Cuántos te has hecho?
-Wherever, cinco, seis.

¿Y el primero que te hiciste?
-A los 18 años. Mis papás me llevaron a una clínica acá en Chile. Una clínica tránsfuga, de las que seguro existen todavía, y tuvieron que pagar dos millones de pesos.

¿Por qué abortaste esa vez?
-Había terminado recién con un pololo y mis papás no estaban ni ahí con que fuera mamá a los 18. Y yo, menos. Porque me costó salir del colegio y no tenía nada. Y mi mamá me decía “un niño, mínimo, tiene que tener una casa”. Y me apoyaron en ese momento. Bueno, después al año siguiente, me violaron y no me atreví a contarlo.

¿Cómo fue eso?
-Una chica que había conocido me invitó a carretear a su casa. Llegó su pololo y un amigo. Todo bien. Me quise ir; insistieron que me quedara. Voy al baño y cuando volví me habían servido un copete que tenía un sabor amargo. Me insistieron que me lo tomara, cosa que hice y perdí la noción. Después desperté en otro lado y caché que el amigo me había violado. La típica historia. No lo denuncié por vergüenza. Me habían advertido que no podía irme con desconocidos. Y fui hueona.

¿Quedaste embarazada por esa violación?
-Sí. Y me conseguí 150 lucas para abortar. No podía tener un hijo de un violador. Y, bueno, después en Holanda me hice un aborto, después que nació mi hija, cuando mi papá ya estaba pa la cagá. Y, dije, no puedo. Ahí me metieron una aspiradora, todo bacán, la gente se portó súper bien. Allá el aborto no es tema. No te miran feo como acá, que te dicen “bájate de la camilla, apúrate, ahí está”. Horroroso.

¿Nunca te cuidaste?
-Sí, probé todo. Tomé pastillas pero las dejé de tomar porque me salían pelos en la cara. Me puse la T de Cobre pero me hizo mal y me la retiraron. Probé con los condones y siempre se me rompían. Un pololo me decía “oye, loca, si no te voy a dejar embarazá, voy a acabar afuera”. Y acabó dentro igual. Y, bueno, soy del grupo de mujeres demasiado fértiles que quedan embarazadas al tiro.

¿Qué te dice la gente cuando le cuentas que has abortado?
-Me da lo mismo lo que piensen. Además que siempre me han mirado feo. Me miran feo por mi guata, por mis tetas, porque le llegó el pichí o la caca de dulce en la cara. Siempre tendrán algo para reclamar. No tengo por qué andar mintiendo. ¿Acaso tengo que ponerme la misma mascarilla de todos los chilenos? No.

¿Qué es lo que más te enchucha de los comentarios contra el aborto?
-Hace poco fui a una ponencia sobre el tema y había un abogado pro vida. Él sacó el tema del “feto tiene derechos”. Me hirvió la sangre. Hasta temblé. Porque de qué me sirve que el feto tenga derecho, si el niño que nace no tiene derechos, no tiene educación, menos salud y menos una seguridad de no vivir abusos en una población, de qué derechos me estaba hablando. Eso hay que cambiarlo.

FEMINISTAS Y TRAVESTIS

¿No te aburre hacer performances?
-Es una mochila tener este personaje. A veces me dan ganas de decir “no soy Irina, la loca sino que Irina, la linda”. Pero después dijo qué chucha. Si nadie me va a dar de comer.

¿Y se gana plata con estas performances?
-Sí, poh. Es que llevamos harto público a las discoteques.

Para un FEMFEST, la municipalidad de Santiago, con Zalaquett a la cabeza, les prohibió decir cochinadas y mostrar sus genitales en público.
-En verdad, fue súper bueno. Nos dimos cuenta que se pueden decir cosas obscenas sin decirlas y usando el sarcasmo. Y, bueno, esa vez la muni mandó a un tipo para que nos vigilara y viera que no nos fuéramos a sobrepasar. Pero nada. Fue entretenido.

¿Te han dicho algo las feministas? Deben odiar tus performances…
-Las feministas muchas veces caen en el papel de víctima y yo no me siento víctima de nada. A veces son muy cerradas. Pero es raro, igual me han invitado a sus cosas.

Me decías que todos te discriminan por ser Irina, La Loca..
-A la gente le cuesta entender que lo mío es un personaje. No ando por la vida con la pichula colgando en la casa. Cuando busco pega en la U, se meten a google y se quedan con la imagen de que ando con los bigotes todo el día. Es absurdo.

Los travestis ni los gays te pasan mucho tampoco…
-No me miran. No me hablan. No me saludan. Las trabas (travestis) me odian, porque no saben qué chucha soy, porque uso zapatos drag, bigotes y tengo tetas naturales. Me gritan hueás.

¿Cómo qué?
-El otro día una guatona más guatona que yo me gritó “Guatona Candy”. Y era una guatona asquerosa con un plumero metido en la raja. Me sentí súper humillada porque no soy tan fea como ese hueón.

¿Y tu familia qué opina de lo que haces?
-Le carga. No son como los padres de Hija de Perra que lo apoyan y que están hasta las seis de la mañana en los shows. Ellos quisieran que yo trabajara en algún canal de TV, en las telenovelas o como panelista en el matinal o SQP. Les encantaría. O que hubiese sido una Camila Vallejo. Y les resultó una loca que se toma el pichí y anda con la pichula colgando.

¿A tu papá le gustaban tus performances?
-Cuando le di el discurso, el viejo me entendió. Y se cagaba de la risa de los videos que veía. Entendió que lo mío era una protesta.

¿Cuál es el sueño de Irina, la loca?
-Protagonizar una película erótica en un camaro en la cárcel. Jaja.