Hay inolvidables de la abyección, verdaderos clásicos del mal chilensis. Cómo olvidar a Pinochet diciendo “¡Qué economía más grande!” cuando le preguntaron por unos fusilados encontrados en el norte y que compartían una urna clandestina; inolvidable es el guatón Romo diciendo que había que haberlos matado a todos tirándolos a un volcán, de modo que no quedara huella. Y no exageramos al poner en la lista a este ministro (¿o ex?) de Justicia diciendo que si quieren funcionarios impolutos a nivel de relaciones comerciales o de conflictos de intereses, mejor ir directamente al Hogar de Cristo. Se refería, obviamente, a la hospedería como lugar para buscar desposeídos de verdad.

Si hubiera que elegir imágenes o situaciones clave para definir este periodo, creo que lejos la más significativa es la de este sujeto haciendo esa metáfora con la institución que fundara el padre Hurtado y justificando lo injustificable. El Hogar de Cristo es la versión más doméstica de la casa de Dios, porque hasta donde sé Jesucristo es Dios, al menos en el contexto de los católicos. Esto resume lo que es el gobierno de los mejores, de los empresarios, de los ricos y de la concha de su madre. Lo peor de todo es que los estudiantes no sólo tenían razón con los enunciados de sus protestas, peor aún, había certeza absoluta de la perversión empresarial en relación con el tema educativo y otros. Un joven encapuchado destrozando el mobiliario público termina justificándose como símbolo de una ira que tiene mucho sentido, pero también es un niño de pecho al lado del daño que hacen estos malditos; hace falta más que un peñascazo o una molotov para terminar con esta basura.

En otro registro político, otro funcionario del régimen, que trabajaba en el área social, Felipe Kast, optaba por una salida más acogedora, asumiendo el tema con algo más de caridad cristiana. Lo paradojal es que en este gobierno comparecen tipos como el citado Ribera, al más puro estilo fascista, prepotente y desafiante (a lo Labbé) y está este otro, humilde y más humano, confesional.

Siempre recuerdo que en teoría o estrategia de la tortura debía haber un torturador bueno y otro malo, complementándose. ¿Y cuál es la solución a todo esto? Lo conversábamos con el Cosme Caracciolo y ambos creemos que a pesar de que los movimientos sociales han propuesto lo suyo, todavía no se abren los espacios políticos para otros actores, porque la Concertación y la derecha trancan la pelota.

SOLUCIÓN, REVOLUCIÓN. Porque no podimos permitir que vuelva el cerderío concertacionista, con la delincuencia decé y socialista (y las otras) haciendo movidas de acaparamiento que los caracteriza. En mi pueblo ya se andan frotando las manos los gatos de campo; el cara de viático y el cara de farándula, más el pickle Quiroga, después de venderse a Codelco por unos combinados con ácido sulfúrico, andan en el previo de las repartijas (la de codazos y mariconadas los muy chulos). De hecho el compañero Gerónimo, que remplazó al Caco (QEPD) en el sindicato de la construcción, les tuvo que arrendar local a los perros socialistas, porque la sede que tenían se la comieron, y la única que hay en pie es la de los compañeros de la construcción, porque la sede sindical Luciano Claude, que era la otra sede utilizada por la comunidad, la quemaron los fachos, igual que el DAEM.

Se comenta en el barrio que la misma muni está a punto de quemarse enterita. Porque la disyuntiva binominal, compañeros, no da para más. Y concluíamos con el Cosme que si tiene que volver esta señora, la hada madrina, que mande a todos los rancios que la rodean de embajadores; tenimos al embajador Escalona, al embajador Girardi, al embajador Vidal, etc, y que arme otro equipo más transversal que asuma la pauta que ya está hecha, la de la educación, la de la pesca, la del tema energético y otros.

En resumen, que la comadre se pegue una golpeá de mesa, una toma decisional que rompa y redefina la situación, de lo contrario el orden social se descompone y le tenimos fascismo a la puerta, léase militarismo. También lo discutí con mi contador, porque en mi barrio están pasando cosas que podrían ser la base mínima de lo que tendría que ocurrir a nivel nacional, como ya empezó a acontecer años atrás en el sur y en ciertos lugares del norte, la ciudadanía protagonizando el acontecer político, pero falta que la institucionalidad política se ponga a la altura de las circunstancias y permita que ciertas dinámicas propias de la democracia tengan lugar, pensando en el hogar de los desposeídos, sobre todo de los que no están en directorios ni tienen acciones en empresas ni son dueños de universidades, de pesqueras, de constructoras, de bancos, todo ese país que es objeto de tanto desprecio por parte de funcionarios como Ribera. ¿Será posible? La ficción nos hará libres.