Vía Semana

Es paradójico. Mientras ochocientos setenta millones de personas sufren de hambre, es decir uno de cada ocho habitantes del mundo no tienen nada en su plato, las alacenas y los supermercados están repletas de comida. Tanta que la mitad de alimentos que se producen inevitablemente terminan en el cesto de basura.

Entre 1.200 y 2.000 toneladas se pierden por el camino, antes de llegar al estómago de uno de los 7.000 millones de humanos. Así lo aseguró un informe del Instituto británico de Ingenieros Mecánicos que atribuye este fenómeno al mal almacenamiento, las fechas muy estrictas sobre vencimiento en el empaquetado y a los consumidores exigentes que pretenden que las frutas y los vegetales tengan una apariencia propia de un comercial, sin magulladuras ni imperfecciones.

En Europa, se despilfarran 179 kilos de comida por habitante al año. En el Reino Unido, por ejemplo, un 30 por ciento de los vegetales no se cosechan porque el aspecto que tienen haría más difícil su venta en los mercados.

En los países desarrollados la mayor parte de las pérdidas se producen en los hogares y en el proceso de comercialización mientras que en los países del tercer mundo, los problemas se centran en la ineficiencia de las técnicas agrícolas, fallas en el almacenaje y transporte de las cosechas.

Por si esto fuera poco, los supermercados fomentan que los consumidores compren más comida de la que necesitan, aunque la acaben tirando.

De acuerdo a Tim Fox, director de energía y medioambiente del instituto, “la cantidad de comida desperdiciada en todo el mundo es asombrosa. Esta es comida que podría ser utilizada para alimentar a una creciente población mundial, así como a los que hoy pasan hambre”.

Además, semejante despilfarro supone un innecesario desperdicio de tierra, agua y recursos energéticos utilizados en la producción, proceso y distribución de los alimentos.

El informe señala que aproximadamente 500.000 millones de metros cúbicos de agua se gastan en cultivos que nunca llegan a consumirse.

La ONU estima que para el 2075 habrá 3.000 millones de personas más que alimentar en el mundo debido a que la población llegará a los 9.500 millones. Por eso es necesario asegurarse de que la comida esté en las alacenas y no en los cestos de basura, desperdiciándose.