Vía BBC Mundo

A simple vista, Volgogrado pareciera no sonar como una ciudad muy conocida. Sin embargo, al mencionar su antiguo nombre, Stalingrado, a pocas personas les resulta indiferente.

La famosa ciudad Rusa conmemora este sábado los 70 años del fin de la batalla homónima contra la Alemania nazi. La BBC recogió los testimonios de algunos de sus sobrevivientes.

En el centro de las conmemoraciones está la colina –y tumba– llamado Mamayev Kurgan, el punto más alto de la ciudad que una vez llevaba el nombre del líder soviético José Stalin.

Con una espectacular vista sobre el río Volga, fue uno de los puntos estratégicos más importantes durante la batalla, amargamente disputado. Decenas de miles de cuerpos aún están enterrados en la colina.
En la cima se encuentra una estatua enorme dedicada a la Madre Patria, que lleva una espada y la cual habría instado al Ejército Rojo a la victoria. Sin embargo, 50 metros más abajo está la solemne Sala de los Héroes.

Durante todo el día, cuatro soldados rusos hacen guardia sobre una llama eterna gigante en una cámara redonda, con los nombres de muchos de los muertos soviéticos escritos en brillantes mosaicos en la pared.
Cuerpos provenientes de la batalla pueden ser encontrados hasta el día de hoy por toda la ciudad y hay quienes todavía esperan descubrir dónde fueron enterrados sus padres, hermanos, madres y hermanas.

Padre ausente

Valentina Savelyeva tiene 75 años, 67 de los cuales se los pasó buscando el lugar donde está el cuerpo de su padre. Había sido un artillero antiaéreo durante la Batalla de Stalingrado y desapareció en acción.
Su cuerpo fue encontrado en 1961 y vuelto a enterrar en Mamayev Kurgan. Pero por incompetencia o negligencia, las autoridades soviéticas nunca le informaron a su madre.

Después de la muerte de su madre, ella continuó su búsqueda a través de la intendencia militar y el museo local. Finalmente encontró lo que estaba buscando en un registro informático en Mamayev Kurgan, a sólo tres kilómetros de su casa.

Ahora el nombre de su padre, TT Ponomarev, ha sido inscrito junto con otros 17.000 nuevos nombres en una sección añadida para el septuagésimo aniversario.

“Recién comenzaron a instalar estas placas ahora”, se queja ella, mientras las lágrimas corren por sus mejillas.

“Setenta años después de la batalla, con mi generación desapareciendo y mi madre ya muerta, recién nos enteramos que vivimos todo el tiempo tan cerca de esta montaña, sin saber que mi padre fue enterrado aquí”.

“Nadie parece preocuparse por nuestros padres y eso siempre me ha enervado. Y todavía estoy enojada. Me siento como si hubiera estado viajando durante mucho tiempo, pero llegué tarde a su funeral. No hay alegría o satisfacción. Es bueno que esté aquí, saber dónde ir, pero tengo la sensación interior de que me perdí algo, que me llegó demasiado tarde”.

Los primeros recuerdos de Valentina Savelyeva son algunos de los más terribles que un niño puede experimentar.

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