Aventurero, místico y curandero siberiano. En su juventud ingresó a Los flagelantes, secta herética que buscaba la redención mediante orgías, encantamientos y copulaciones indiscriminadas que duraban toda la noche.

Dejó a su esposa, sus dos pequeñas hijas y sus tierras, y salió a difundir su evangelio sexual. Se le veía a menudo en los baños públicos, exhibiendo su fornido cuerpo, ante la admiración de las mujeres.

Las seguidoras de Rasputín bailaban danzas demoníacas en torno a su cuerpo desnudo, adorando su falo y otorgándole cualidades místicas y sexuales, pues, en efecto, poseía un miembro extraordinario, que medía, en plena erección, alrededor de treinta y tres centímetros. Al empezar el rito, el suyo no era en absoluto un enfoque lujurioso sino más bien un culto a Dios, y las discípulas, en un sentido religioso, le practicaban la felación. Por lo demás, podía permanecer en erección durante un par de horas.

Su comedor estaba abarrotado de mujeres ansiosas, que competían por sus favores, los que concedía a las escogidas en un dormitorio adyacente. Las instaba a envilecerse y a «probar la carne». Su voz adquiría un tono de dulzura seductora mientras se acercaba a las chicas más bonitas para acariciarles los pechos hasta que confundían el fervor religioso con la excitación sexual. Prefería las bellezas aristocráticas a las campesinas, porque olían mejor, aunque él nunca mejoró sus propios olores campesinos, y continuaba cogiendo la comida con las manos. Muchas, en los nudosos brazos del «sátiro santo», encontraban una felicidad casi idílica, que nunca antes habían conocido.

Los rumores acerca de su personalidad hipnótica y de sus poderes curativos llegaron al palacio real. Allí, Alexis, único hijo varón del emperador, padecía de hemofilia, y los médicos de la corte no eran capaces de curarlo.

Convocado por el zar Nicolás II y la zarina Alejandra, Rasputín logró que los dolores e hinchazones se calmaran. La zarina creía que era un enviado del cielo, y no tardó en convertirlo en «un miembro» de la familia real. Muchos de sus acólitos veían en él la reencarnación de Jesucristo.
Hubo varios intentos de matar a Rasputín. A la nobleza le asustaba el poder de este hombre sobre el zar. Al fin, un grupo de conspiradores, encabezados por el príncipe Félix Yusupov, lo asesinó. Antes, uno de ellos le cortó su legendario pene, que una de las sirvientas recogió, y después se lo llevó a París, transportándolo embalado en una caja de madera. Ahí acabó exhibiéndose al público.

Más tarde llegó a manos de un anticuario francés, quien, a su vez, se lo vendió al urólogo ruso Igor Kniazkin en ocho mil dólares. El 14 de junio de 2004, Kniazkin inauguró el primer Museo del Erotismo de San Petersburgo. Allí, el pene de Rasputín descansa en paz, conservado en una solución de alcohol dentro de una vasija de vidrio. Constituye el centro de atracción del museo, aunque su tamaño se ha reducido a 28,5 centímetros.

El día del orgasmo en Brasil

En el pueblo de Esperantina —estado de Piauí, en el noreste del Brasil—, los ediles, preocupados por el resultado de una encuesta que señalaba que más del 70 por ciento de las mujeres del pueblo no conseguía llegar al orgasmo, acordaron que, a partir del año 2000, el día 9 de mayo sería el día de Debate del Orgasmo Femenino. En esa fecha instalan carteles y distribuyen folletos que explican cómo enfrentar la impotencia y la eyaculación prematura, y, por otro lado, enseñan a las mujeres a dominar las técnicas de las que se deben servir para alcanzar el clímax. Las calles de Esperantina amanecen con letreros tales como «El orgasmo es un don divino»; «Basta de silencio: el orgasmo necesita hablar».

El concejal Arimatea Dantas, promotor de la idea, explicó: «Al ayudar a las mujeres a conseguirlo, el pueblo entero se beneficia. El político debe buscar soluciones a los problemas que van más allá de los salarios o de las viviendas. Si las frustraciones sexuales se acumulan, se genera estrés, que acaba manifestándose con violencia, y la tarea de los funcionarios electos es fomentar el bienestar. Este es nuestro medio de vencer la depresión. Va a temblar la tierra».

EL SEXO ES MÁS FUERTE
Isidoro Loi
Grijalbo
2012, 230 páginas