Fue en enero de 1998, en un cumpleaños celebrado en Maipú. Figuras descritas como “humanas” fueron vistas en el cielo. Según los testigos, éstas flotaron en el aire durante más de 30 minutos hasta que se confundieron con las nubes. El fenómeno fue conocido como “los paracaidistas de Maipú” y nunca se le pudo encontrar explicación. Es para muchos, uno de los avistamientos de objetos voladores no identificados más emblemáticos de los últimos veinte años y fuente principal de la cultura ufológica en el país.

A raíz de este fenómeno es que se organizó el año pasado el I Encuentro Ufológico de Maipú, el que este viernes y sábado tendrá su segunda versión. Una mezcla entre ciencia ficción, ufólogos y sus detractores, tratando de dar un marco teórico  a aquellos objetos que de vez en cuando aparecen en el cielo y desaparecen sin explicación.

El fenómeno OVNI marca su fecha de inicio en los años ’50, posterior a la II Guerra Mundial. Lo que para algunos fue parte de la paranoia provocada por la Guerra Fría, para otros alimentó una cultura que tiene seguidores hasta el día de hoy. Fue en 1947 cuando se registró por primera vez un avistamiento de platillos voladores en Roswell, Nuevo México. Se les llamó así ya que los objetos descritos por el testigo parecían tazas de café. “Las fuerzas aéreas capturan un platillo volante en un rancho de la región de Roswell” informó la prensa. Pese a las versiones que favorecían la tesis extraterrestre y aquellas que la refutaban, el hecho fue suficiente para generar la cultura OVNI que cree que nuestro planeta es visitado por extraterrestres desde 1947 a la fecha, e incluso antes.

“En 1875 y 1878 hay registros de avistamientos masivos, una época donde no había aviones” dice Alberto Urquízar, investigador de fenómenos anómalos que estará presente en el encuentro de Maipú. Urquízar hablará sobre contactados y contactistas. Es decir, personas que han tenido encuentro del primer, segundo o tercer tipo con seres extratrerrestres.

El contactismo para muchos más que un fenómeno es una filosofía. Para Urquízar, los distintos mensajes entregados siempre apuntan a lo mismo: “tenemos que amarnos y cuidar el planeta”.

Chile vivió su propio caso emblemático de contactismo el 25 de abril de 1977. El cabo Armando Valdés declaró ser abducido por una luz que apareció ante él y su patrulla en la Pampa de Lluscuma, en la zona de Putre. Valdés desapareció por quince minutos y volvió con una barba de días y el reloj adelantado cinco días después. Aunque el 2009 el mismo cabo descreditó la historia argumentando que había sido una broma que se le fue de las manos, muchos siguieron creyendo en él. Incluso, Urquízar explica que aunque el cabo no recuerda lo que vio, el encuentro sí marcó un cambio en su vida: Luego de su abducción, se metió a la Iglesia Evangélica y se volvió pastor.


El mismo Urquízar declara haber tenido contactos con seres que no denomina como extraterrestres, sino como seres con forma humana pero luminosos. “Fue el 21 de febrero del 2010, una semana antes del terremoto. En la plaza de Miraflores se me acercaron dos personas y posaron sus manos sobre mi cuerpo sin tocarme. Al final uno me abraza y me dice “bienvenido a la hermandad”. No sé si fueron extraterrestres, pero fue maravilloso” dice el ufólogo.

Los escépticos
Chile es el tercer país que cuenta con mayor cantidad de avistamientos de OVNIs, detrás de México y Estados Unidos. Además del encuentro de Maipú, en los últimos años se han realizado encuentros en La Serena, Viña del Mar, en la Usach y en San Clemente, zona conocida por su ruta ufológica.

Ahí fue que hace poco Rodrigo Fuenzalida, de la Agrupación de Investigaciones Ovniológicas (AION), avistó a un objeto volador. El ufólogo vio una bola que cambiaba color de rojo a blanco y dibujaba formas en el aire. El registro se hizo para un matinal, el que probablemente se mostrará durante el encuentro en Maipú. Pero para Fuenzalida no se trata de creer ciegamente en todo lo que se ve.

En AION se dedican a investigar la evidencia audiovisual para tratar de determinar el origen de las imágenes, de manera de poder responder si en realidad corresponden a OVNIs o no. “Investigamos con una metodología científica tratando de responder en qué medida las cosas que se observen están condicionadas por la ciencia ficción, o por la información de los medios de comunicación. Así tratamos de determinar si lo que la gente ve son auténticos Fenómenos Aéreos No Identificados, los FANI” cuenta Fuenzalida.

Esta misma denominación es la preferida en el Comité de Estudios Aéreos Anómalos de la Dirección Aeronáutca (Cefaa). El Cefaa depende de la Escuela Técnica Aeronáutica (ETA),y se dedica al estudio de reportes de FANI que se perciben desde aviones o torres de control.

“De los reportes que hemos recopilado, no todo lo que se observa es objeto, no necesariamente tiene la consistencia o materia para que rebote una señal electromagnética que lo detecte con un radar. La palabra ‘fenómeno’ queda más amplia y permite un estudio extenso de estas manifestaciones que en estricto rigor no sabemos qué son. Podrían ser fenómenos meteorológicos, magnéticos, astronómicos, u otra cosa” dice el Mayor Rodrigo Bravo, miembro del comité interno del Cefaa y representante del ejército de ese comité que también expondrá en el encuentro de Maipú.

Sin embargo, el Cefaa no busca respaldar las tesis extraterrestres sino dar una explicación a los reportes que reciben para resguardar la seguridad espacial. El Mayor Bravo cita dos casos emblemáticos investigados por Cefaa, el primero ocurrido el 27 de marzo del 2000. A la altura de Angostura de Paine se observó un fenómeno alargado que en un momento voló paralelo a una aeronave durante dos minutos, muy próximo a ella.

El segundo ocurrió en Punta arenas, el 3 de marzo de 2011. En dos oportunidades dos aeronaves distintas reportaron la observación de un fenómeno. Uno sobre Punta Arenas y otro sobre el Estrecho de Magallanes. “La segunda tuvo un eco en el radar, por tanto tiene no solo el testimonio de pilotos sino que quedó registrada la imagen en el radar del centro de control de Punta Arenas” cuenta el mayor Bravo.

Sin embargo, Cefaa no investiga las causas, sino los efectos. En ese sentido, consideran inapropiado englobar los fenómenos en uno por su irregularidad.

Sergio Sánchez, un ufólogo “crítico” como se describe a sí mismo, también comparte esta visión pero desde otra perspectiva. Según explica, los OVNIs se explican bajo muchas teorías, la más popular de ellas la extraterrestre. Ante eso, Sánchez propone una teoría psicosocial que postula que los OVNIs se hacen comprensibles bajo dos vertientes: el rumor y el mito.

“Se enarbola idea de que existe una abrumadora cantidad de evidencia de actividad anómala. Si uno analiza la evidencia, se da cuenta que es endeble y anecdótica, que es una evidencia que gira en torno a sistema de creencias. Los miles de casos a veces no están investigados. Los ufólogos han difundido el estereotipo OVNI y han difundido la creencia” opina el autor de “Pasaporte a Ovnilandia”.

La creencia, al final, es alimentada por la duda que queda en muchos de los casos analizados. Incluso desde Cefaa reconocen que hay casos que no encuentran explicación. Y la distancia da paso para tergiversaciones del tema, dice el mayor Bravo. Y como opinan los mismos ufólogos, los OVNIs son un tema de fé, de creer o no creer. “Al final, en la ufología, todo es especulación” reflexiona el mayor de Cefaa.