Natalia Guerra, la madre del bebé asesinado en la secta liderada por Ramón Castillo (Antares de la Luz), dio su testimonio en el contexto de la investigación que busca establecer las diversas responsabilidades en la muerte del lactante en Colliguay. 

El texto, al que tuvo acceso Canal 13 y publicó ayer por la noche, narra cómo la mujer conoció a Antares y describe todo el preocupado procedimiento que establecieron los miembros de la secta cuando se enteraron que Guerra estaba embarazada.

Natalia Guerra conoció a Ramón Castillo -quien se ahorcó en una casa en Cusco, Perú- a través de Pablo Undurraga, también miembro del grupo, quien invitó a la mujer a un seminario de sanación. “Una vez que asistí por primera vez al seminario, evalué que lo que se me había enseñado y lo que yo buscaba en la vida, sobre todo la exploración de mi ser interior, concordaba perfectamente”. Posteriormente, Guerra, Castillo y Undurraga se fueron a vivir juntos en 2009 para trasladarse el año siguiente a Olmué donde conocieron a David Pastén y María del Pilar Álvarez, otros dos involucrados en la muerte del bebé, según publica Cooperativa.

Y allí fue donde comenzó la idolatría por Ramón Castillo, alias Antares de la Luz. “Dios”. Eso era para el grupo, que según el testimonio de Guerra, todos los miembros creían con fe ciega la divinidad de Antares. “En ese momento María del Pilar Alvarez, David Pastén y yo sabíamos que ‘Antares’ era Dios, dado que él mismo nos dijo eso y, por lo tanto, nosotros éramos sus discípulos, le debíamos obediencia y una actitud de humildad, verdad que todos acatábamos estrictamente” dijo en una declaración del 18 de abril.

Ya instalados en Colliguay y en el contexto de unas “tomas” de ayahuasca -planta alucinógena- Guerra cuenta cómo Antares le dijo que estaba destinada a ser su mujer y tener sexo con él. “Yo me negué. En esa oportunidad se me hizo consumir ayahuasca durante tres noches. Las dos primeras noche me negué a ser su pareja, pero la tercera ‘Antares’ me dijo que si no cumplía su orden, me quemaría viva”. Así fue como Guerra accedió y terminó teniendo una relación de pareja con él a pesar de estar enamorada de otra persona.

El embarazo 

Tras varios meses manteniendo una relación de pareja con Ramón Castillo, Natalia Guerra se dio cuenta que estaba embarazada. Se lo comunicó a Antares y éste le negó la posibilidad de abortar al bebé en gestación. En cambio -y digno de una película de ficción- ordenó trasladarla a una cabaña en Los Andes que arrendó Carolina Vargas, otra de las implicadas.

“Carolina Vargas era la encargada de visitarme en Los Andes. Ella me traía alimentos, nunca dinero. Portaba mi teléfono, pero solo podía usarlo para hablar con ella, con nadie más” declaró Guerra.

El 20 de noviembre de 2012 Guerra comienza con su trabajo de parto. Es trasladada a Colliguay junto a la secta y a pesar que intenta parir al bebé, el grupo decide llevarla a la Clínica Reñaca donde tuvo a su guagua a eso de las cinco de la mañana. Horas después se le dio la alta y se le entregó el bebé. La secta la mantuvo durante unos días en la cabaña de Los Andes -desde donde pudo enviarle un mail a su hermana- y el 23 de noviembre fue llevada a Colliguay para realizar el escabroso ritual que dio muerte a su bebé.

El ritual

Al llegar a las cercanías de Quilpué, Guerra fue llevada a una cabaña de adobe donde en principio intentó parir al bebé antes de ir a la clínica. Según su relato, Antares estaba a un lado de “una excavación rectangular de un metro por un metro de ancho y un metro y medio de profundidad. Había encendido una especie de hoguera, salían llamas desde su interior”.

Luego de eso, Castillo le dijo que trajera a su bebé “pero antes debía colocarle una cinta de embalaje en su boca para que no se escuchara su llanto. Le puse la cinta en la boca” dice Guerra.

Castillo le ordenó que pusiera al lactante en una tabla. “Cuando puse a mi hijo sobre la tabla se encontraba llorando, no me di cuenta cuándo paró de llorar. Yo también estaba llorando”, declaró.

Tras el sacrificio del bebé que Antares consideraba el Anticristo, el líder obligó a sus discípulos a acampar durante un mes en el sitio. Según Guerra no se hablaba del tema, entre otras cosas, porque Antares le dijo que esto era parte de su “karma”.