Columna de la Comisión de Salud de Revolución Democrática

Han pasado casi cuatro años, y el Presidente y su equipo no entendieron nada de lo que se trata este asunto de empatizar con las personas y gobernar para todos. Es inaceptable que, en su último discurso, el Ejecutivo siga describiendo un país inexistente para el 90% de la población. Es un acto de violencia hacia todos los que terminan cada mes con gran angustia, el que se les diga que Chile está ad-portas del desarrollo, con un PIB de US$20.000, y que no haya una sola mención a cómo enfrentar la pésima distribución de esa riqueza.

Es posible que en la lógica del modelo actual, que consagra el éxito de unos pocos -construido sobre el esfuerzo y dolor de muchos-, los logros de esta administración den para celebrar. Nosotros creemos que el “éxito” fundado en la desesperanza de muchos es inaceptable e inmoral.

Este 21 de mayo, los anuncios en materia de salud fueron extraordinariamente magros. Esto no debiera sorprender. Es, a fin de cuentas, un síntoma de que hemos perdido 4 años sin avanzar en la construcción un sistema de salud inclusivo y digno.

Las autoridades piensan que el modelo de salud imperante en Chile -basado en la segregación, con una salud para ricos con altos estándares,y otra para pobres, con estándares inferiores a la mayor parte de los países de la región- es el adecuado, ya que no hubo una sola propuesta orientada a ponerle término. En Revolución Democrática creemos que el modelo padece de una enfermedad terminal, y que requiere cirugía mayor, no cirugías plásticas. Esta es la primera y más urgente tarea a enfrentar.

El anuncio del proyecto del Plan garantizado de salud -en trámite en el Congreso- insiste en la línea de maquillar el actual sistema, más que superarlo. Es una solución parche, totalmente insuficiente, ya que sólo incluye las Garantías Explícitas en Salud (GES) y la cobertura para gastos catastróficos y eventos de emergencia vital, así como un examen de medicina preventiva ya contenido en el AUGE.

En segundo lugar, y tal vez como nueva demostración de complacencia con el modelo, el discurso no hace alusión alguna a la paupérrima situación de la salud pública. Para hablar de un sistema de calidad, se requeriría de (al menos): atención oportuna, trato digno, diagnósticos adecuados y tratamientos eficaces. Tenemos, sin dudas, un problema de recursos. La OMS sugiere un gasto público en salud cercano al 6% del PIB para países como Chile; estamos en menos del 4%. Uno de los instrumentos creados para mejorar paulatinamente la calidad de la salud es el régimen de garantías GES. En este ámbito el Presidente señaló que se agregarían 11 nuevas patologías al término de su mandato. Si consideramos que la Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-10 codifica varios miles de diagnósticos, a ese ritmo llegaremos a un plan garantizado razonable en el lapso de algunos siglos.

Una de las garantías del sistema Auge es la calidad de la atención. Para ello, se estableció un mecanismo de acreditación de los prestadores. Por ley, todos los hospitales debiesen estar ya acreditados; sin embargo, la gran mayoría de ellos hoy no lo está y, por ende, no hay garantías de su calidad.

En cuanto a infraestructura hospitalaria, los anuncios vienen con letra chica. De los 62 hospitales en construcción que menciona el Presidente, muchos vienen del período anterior y otros corresponden a reparaciones de hospitales dañados; no hay uno sólo nuevo. Los dos hospitales concesionados antes del 2009 (Maipú y La Florida) se encuentran muy atrasados en su construcción y probablemente no se terminarán en esta administración. Por otra parte, el Presidente anunció la concesión de 11 hospitales durante su período. Sólo se ha concesionado uno (Hospital de Antofagasta), lo que es un enorme fracaso de esta política. En Revolución Democrática pensamos que la construcción de infraestructura sanitaria tiene que ser planificada en función de la demanda actual y futura. La evidencia arroja que en Chile existe un déficit de centros de atención primaria de alta resolutividad, mucho más que de hospitales. En ese sentido, el anuncio de 48 nuevos consultorios es una buena noticia; siempre que ellos estén ubicados en los lugares que corresponde, de acuerdo a los modelos de demanda, y no sean la moneda de cambio de favores políticos. Finalmente, es importante enfatizar que, si no hay un cambio en la gestión –infraestructura aparte-, no se conseguirán los objetivos de cobertura y oportunidad de atención, claves para el funcionamiento óptimo de cualquier sistema de salud.

La Ley de Derechos y Deberes de los pacientes es una buena iniciativa, aunque insuficientesi no se acompaña de mejoras reales y exigibles en la relación de los ciudadanos con un sistema de salud en crisis. El papel aguanta mucho.

En esta oportunidad, el Presidente casi no hizo referencia a la eliminación de las listas de espera, lo que es un tácito reconocimiento al error cometido con anterioridad. Hacerlo habría sido volver a poner el dedo en la llaga de miles de compatriotas que han esperadouna atención por tiempos inaceptables. Más aún después del fallo de la Contraloría que demostró que, de una muestra de seis hospitales representativos, el 44,45% de estos casos “pendientes” fueron eliminados de las listas de espera por razones administrativas, y en realidad nunca recibieron la atención garantizada por la ley. Vale decir, su “mejoría” fue sencillamente por secretaría.

Interesante anuncio el de la salud dental, un buen comienzo para entender que la salud incluye también la boca y la mente, pero muy insuficiente en cobertura.

Otro aspecto positivo es que haya comenzado su discurso señalando que “es mejor prevenir que curar”, y destacando el programa “Elige vivir sano”, la ley de tabaco y ley de etiquetado de alimentos (aún débil). Creemos que van en la dirección correcta de la prevención; sin embargo,el programa que lidera la Primera Dama es elitista, de muy limitado acceso para el chileno común. Para cultivar el autocuidado, es fundamental dar herramientas educativas a la población, esfuerzo aún no abordado aún en nuestro país de forma cabal. Además, en Chile es caro comer sano (aunque el Ministro Lavín nos trate de convencer de lo contrario).

Por último, es enervante la reiteración que hace Piñera del concepto de “libertad de elegir”, sabiendo que depende de un gasto del propio bolsillo que muy pocos pueden afrontar. Estamos seguros de que los chilenos prefieren sacrificar parte de esa falsa “libertad” con tal de acceder a una salud pública de calidad. Cuesta entender que un Presidente no se atreva a hablar de “derechos”, y reemplace ese concepto tan importante por el ambiguo y débil concepto de “seguridades”. Esto sólo reafirma la idea de un Estado subsidiario y no garante, que ha transformado sistemáticamente los derechos en simples “beneficios” frente a la mirada cada vez más recelosa de la ciudadanía.