Una crisis silenciosa, contaminante y que no resiste más en la zona. Esa es la conclusión a la que llega un estudio de la Fundación Pumalín a la industria salmonera de las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes, la que hoy mantiene cifras alarmantes de plagas y epidemias en los salmones chilenos y que afecta a otros productos que habitan en el mar patagónico.

Así lo dice una publicación del programa marino de la fundación liderada por Douglas Tompkins sobre salmonicultura, donde se plantea que las malas prácticas sanitarias y ambientales de la industri y la incapacidad de regulación estatal, tienen hoy en una nueva agonía a la industria rescatada en 2009 por el Estado chileno tras la crisis del virus ISA.

Una situación que comienza a afectar a otras especies marinas que conviven en el mar austral, que tiene tambaleando a la industria que genera miles de empleos en las regiones australes endeudada por una cifra similar a la que tuvieron cuando se desató la crisis: más de 1.700 millones de dólares; y que mantiene dos tercios de los centros de cultivos afectados por enfermedades parasitarias, bacterianas y virales.

Crisis sanitaria

En abril de este año, el ex ministro Longueira se refirió a los problemas que comenzaba a tener nuevamente el sector salmonero. El ahora presidenciable UDI señaló hace dos meses que “no es chacota” la aplicación de 325 toneladas de antibióticos al año vertidos en los 2 mil 200 kilómetros de mar entre las regiones de Los Lagos y Magallanes.

Eso, aún cuando el “rebrote” del virus estaría siendo controlado. “Vamos a actuar con todas las herramientas que tiene la nueva Ley y los reglamentos que hemos dictado para que al primer brote de ISA actuemos con la claridad y rapidez con la que hemos actuado aquí”, dijo el 20 de abril pasado.

Sin embargo, el estudio de Pumalín detalla la escasa fiscalización por parte del Estado -a través del Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca)- que permitieron a la Industria Salmonera hacer de los ambientes acuáticos un campo libre para las peores prácticas ambientales posibles.

Solo este año se han presentado más de 19 denuncias de infracciones al reglamento sanitario por parte de empresas como Los Fiordos, Salmones FrioAysén, AquaChile, Salmones Friosur, Salmoconcesiones, Ventisqueros, Camanchaca, Cultivos Marinos Chiloé, Salmones Maullín, Trusal y Aguas Claras.

Eso, además de la situación detallada en el informe de Pumalín que sostiene que la industria nunca superó la crisis del virus ISA y que su resurrección no fue más que una respuesta mediática a la crisis de 2009 para liberar al mercado salmonero chileno del estigma de plagas, pecados ambientales y sanitarios provocados por el virus ISA. Estigma que de todas formas no ha perdido.

Según el estudio, son diversas las maneras en que la industria salmonera no ha cumplido con el reglamento y ha insistido en la producción de un producto que no se debería dar en la zona donde se explota.
El documento explica casos como el no cumplimiento de separar los salmones muertos de las unidades de crianza (balsas-jaulas), detectado en numerosas ocasiones en los cultivos de, por ejemplo, la empresa Los Fiordos, propiedad de Agrosuper.

El informe de Pumalín desmitifica los reportes de buenos resultados sanitarios revelados por la Subsecretaría de Pesca y revela cómo continuó la presencia de Caligidosis en 140 centros de engorda de Salmónidos en la región de Los Lagos y entre 130 y 165 centros en la región de Aysén entre 2010 y mayo de 2012 (fecha de término de la primera parte del estudio).

Además, se revela que todos los intentos gubernamentales han fracasado porque además de la resistencia a los pesticidas los parásitos son parte del ecosistema que soporta los centros de producción.

Según Héctor Kol, biólogo marino autor del estudio encargado por la Fundación Pumalín, señala que el error más grande es dejar funcionando una industria sobre un ambiente que tiene una capacidad de respuesta desconocida, ya que no hay ningún estudio que demuestre que en Chile se pueden cultivar salmones.

Para Kol, los resultados están a la vista. Hoy en día “por cada kilo de alimento para salmones se liberan entre 600 y 700 gramos de materia orgánica, como desechos. Y todo eso está cayendo a un sistema que tiene capacidad desconocida. En ninguna parte se han hecho estudios sobre capacidad de carga”.

A eso suma el nivel de antibióticos que los salmones chilenos reciben para sobrevivir. “El ambiente marítimo chileno no es apto para cultivar salmones. Marine Harvest ocupa 36 mil más antibióticos en Chile para producir salmón que lo que ocupa para lo mismo en Noruega”, señala.

Merluzas naranjas y el poder de los bancos

Según detalla el informe, la presencia del Síndrome Rickettsial del salmón (SRS) desde Los Lagos hacia el sur, combatido con el uso irracional de antibióticos, pone en riesgo la salud pública con el consumo de productos del mar extraídos desde esos sectores. A decir, 1.400 kilómetros lineales de mar patagónico con presencia de la bacteria en centros de las X, XI y XII.

Además, el informe alerta sobre las consecuencias del uso de pesticidas suministrados a los peces con Caligidosis, los que al no ser digeridos por los salmones quedan a disposición de la fauna acuática silvestre.

Por esta y otras razones, ya es un hecho la depreciación del precio del salmón y el rechazo de varias cadenas de supermercados internacionales -estadounidenses y de la unión europea- que han cancelado el expendio del salmón chileno por la alta presencia de antibióticos.

Además, se ha detectado pigmentación de la merluza austral por el consumo de alimentos para salmones. Sin embargo, Kol señala que de haber estudios o análisis sobre estos casos se podrían detectar algo más que coloración naranja en las merluzas, las que además son el sustento principal de la pesca artesanal austral. Eso sumado a diversos varamientos de langostinos y otras especies.


*Merluza capturada en Las Güaitecas Sur, en la Región de Aysén, en junio de 2012.

Para el descalabro final de la industria, según el diagnóstico de Pumalín, solo falta que los bancos que “salvaron” la industria en 2009 sepan del nivel de infraccionalidad a las nuevas normativas ambientales y sanitarias que ellos mismos exigieron para regular a la industria y garantizar la viabilidad de los pagos a nuevos créditos.

A principios de este año, José Ramón Gutiérrez, vicepresidente ejecutivo y accionista de Multiexport -una de las firmas más grandes del sector- reconoció que “la industria de salmones está en crisis”, pero al mismo tiempo que “la consolidación es la única salida”.

Sin embargo, Kol señala que hoy la industria está dedicada a la compra y venta de concesiones acuícolas. “Ya no ganan plata vendiendo salmones. Es una especie de subprime acuático que armaron acá para dedicarse a eso: vender y comprar acciones y mantener el flujo financiero de esa manera.

El biólogo relata que hace unos meses la propia industria reconoció que el año pasado había perdido un dólar por kilo de salmón que produjo de un total de 720 mil toneladas. “Eso quiere decir que solo en el año 2012 perdieron 720 millones de dólares. Así se puede asegurar que lo único que justifica desde la perspectiva del Estado la existencia de la industria salmonera es que si se liquidan las salmoneras se te cae la banca privada. Si tú eliminas a la industria salmonera la banca tiene que asumir esa pérdida por una cantidad de plata que no tiene. Por eso no tiene respuesta. Esta es una industria que fracasó”, dice.