En “The Visitor”, el último disco del músico chileno radicado en Alemania Matías Aguayo, escuchamos muchas cosas y muy buenas: una de ellas es un spanglish generoso y móvil que da cuenta del habla de varias zonas de este lado del continente.

Modismos de la chilenidad como “caleta de miles de ritmos”, “Las Cruces, playa fría full”, o títulos como “Aonde”, conviven con argentinidades como las del primer track, “Rrrr”, “Tenés que cir errrr”. Otras son los raros ruidos vocales, que logran una identidad como selvática, una omnipresencia animal (“Dear Inspector”), aparición frecuente de platillos de todo tipo (“By The Graveyard”), timbres y sonidos post-espaciales con bajos y ritmos al callo (“Las Cruces”), pero sobre todo, escuchamos cómo Aguayo ha tomado, integrado y escuchado de sus giras y viajes, toda clase de músicas, particularmente la sabrosura de los ritmos y claves que constituyen la música de América Central, ese sabor a la americana (“Llegó el Don”, “Aonde”, “El Camarón”).

Dicho de otro modo, Aguayo nos traslada a una suerte de caribe de sonido eléctrico y algo industrial, aunque siempre sincopado y polirítmico. Por otro lado, en “The Visitor” Aguayo hace un importante guiño al sentido comunitario con el que piensa el ejercicio musical, cuando en “El Sucu Tucu” nombra a buena parte de los integrantes de la escudería Cómeme: sello discográfico y radioemisora que esta vez acoge el trabajo larga duración de Aguayo y que se destaca precisamente por el sentido de comunidad con el que se ha ido consolidando en el mundo. Y digo en el mundo no para exagerar, sino porque sus programas y festivales reúnen gente de países, continentes, creencias y peinados tan diferentes como distantes. Con “The visitor”, Aguayo vuelve a demostrar que está siempre escuchando y atento a lo que pasa y que su curiosidad musical no pretende apaciguarse.

Matías Aguayo

The Visitor

Comeme

2013