Soy uno de los que se ha alegrado por la candidatura a diputado de Hotuiti Teao Drago. En verdad, al punto de defenderlo públicamente del bulliyng despiadado que ha sufrido en estos días en las redes sociales. A unos les molesta que haya sido modelo, a otros que se trate de una figura televisiva, a no pocos su cercanía con la centroderecha. Y a la mayoría, para ser sincero, les carga por todas las anteriores y quizás qué otro conflicto freudiano no resuelto. Es raro Chile. Y raros son los chilenos. Por un lado, que haya sido modelo o figura televisiva en nada le impide aspirar a una carrera política y destacar a futuro en ello. Ejemplos en el mundo existen y por montones. También en Chile, por cierto. Es obvio que no maneja muchos temas –en entrevista con CNN Chile solo faltó le preguntaran por la crisis en Siria- pero ello se aprende en el camino. Incluso a ratos ni se aprende; un buen batallón de asesores, couching comunicacional y santo remedio. No es lo ideal, pero así funcionan y hace rato los ilustres honorables que componen la clase política chilena. Y quien esté libre de pecado que arroje el primer moái.

En lo personal, encuentro notable que Hotuiti, pudiendo estar tranquilo como empresario –es ingeniero comercial y ha fundado una exitosa empresa de joyas inspiradas en la cultura rapa nui- haya aceptado el desafío de ser candidato y, por consiguiente, material pal’ webeo en la arena pública. He aquí mi primera sacada de sombrero. ¿La segunda? Que lo haga además reivindicando la identidad de su gente, de su pueblo, de su isla. Y es que contrario a lo que muchos pudieran pensar –es increíble la patudez de algunos para medir que tan indígena es o no es una persona- Hotuiti es un orgulloso Rapa Nui. Y respetado por su gente, me consta. Puede que él ni se acuerde, pero lo conocí a fines de los 90, cuando Hotuiti, junto a un pequeño pero ruidoso grupo de isleños, vivía en un Hogar de Estudiantes Indígenas de calle Suecia, en Providencia.

Hasta allí llegaba yo, por entonces dirigente universitario mapuche, a revolotear el ambiente. Y allí estaba Hotuiti, con su ukelele y su lengua nativa, manejada a la perfección para envidia de muchos que de niños nunca pudimos aprender la propia. Atento, participativo y curioso. Es la imagen suya que tengo. Y un luchador. Trabajaba y estudiaba. Y aun así, tiempo se daba para estar en las asambleas.

Si en lo personal no tengo razones para criticar su candidatura, en lo político todavía menos. El mismo lo ha dicho; la suya es la candidatura que buscará romper con la exclusión de las minorías, pueblos indígenas entre ellos. Y es que ojo; Hotuiti podría ser el primer diputado Rapa Nui en la historia de Chile. O mejor dicho, en la historia de la nación Rapa Nui anexada al Estado chileno. Ello seria histórico. Y una señal de que algo está cambiando. Más lejos aún; Hotuiti podría ser el primer diputado indígena en casi 40 años de apartheid político. Si, es cierto, Huenchumilla lo fue en los 90′ y Alinco lo es en la actualidad.

Pero ninguno de ellos levantó en su minuto las banderas de la diversidad étnica. Huenchumilla, de brillante carrera en la DC, no lo hizo sino en el final de su vida como parlamentario. Proveniente de una tradicional tienda de centro y alejado del mundo indígena, tampoco era esperable lo hiciera. Y Alinco, él llegó al Congreso precedido de una historia como dirigente sindical aysenino. Lo suyo jamás fue o ha sido reivindicar su origen mapuche-williche. Las cosas como son.

Hotuiti, con su defensa de la diversidad étnica y un Chile Pluricultural, podría ser el primer diputado indígena con discurso pro-indígena en 40 años. Ya en la citada entrevista con CNN Chile se mostró partidario de la autonomía a los pueblos indígenas. Y habló del “conti” al referirse a Chile. Esto es, aquel país vecino a Rapa Nui (y a Wallmapu) que urgente necesita mirarse al espejo y reconciliarse con su presente y con su historia. ¿Y por qué cifro este apartheid político en 40 años? Pocos saben, pero entre los años 1925 y 1973 hubo siete diputados mapuche en el Congreso chileno.

En tiempos que no existía discriminación positiva, leyes indígenas, cuotas parlamentarias (aun no existen) o grandilocuentes discursos de “nuevo trato”, siete hombres públicos mapuche, destacados dirigentes de base además, representaron los intereses de la “raza araucana” en la ruca legislativa. El primer diputado fue Francisco Melivilu en 1924; Manuel Manquilef en 1926; Arturo Huenchullan en 1933; Venancio Coñuepan en 1945, 1949 y 1968. José Cayupi y Esteban Romero en 1953. Y, por lejos mi preferido ya que lo conozco y entrevistado largamente, don Rosendo Huenuman en 1973.

Aliados a diversos partidos, desde el Conservador al Partido Comunista, todos ellos legislaron a favor de las reivindicaciones mapuche de su tiempo. Todos, de una u otra forma, estaban vinculados además a la Corporación Araucana, calificada por el historiador Víctor Naguil como “la más importante organización mapuche contemporánea”. Es verdad. Poco se sabe de esta organización. El conflicto y la contingencia, sumados a un pobre ejercicio de memoria histórica, la han relegado a un plano secundario a la hora de analizar la relación entre el Estado y el Pueblo Mapuche. Poco se sabe también de sus diputados, en su mayoría “letrados”, comerciantes y destacados hombres públicos. Y de Venancio Coñuepan, su principal líder, priman sobre todo las caricaturas. Diputado reelecto en varios periodos y ex ministro de Estado, sobre él se tejen numerosas historias. Y acusaciones. La principal de todas; que era “de derecha” por su alianza con los conservadores. José Ancan, historiador que ha escrito sobre Coñuepan, aclara que lo que en verdad caracterizaba tanto a éste como a su grupo era una “formidable capacidad negociadora”. Gracias a ello, señala, “lograron filtrarse en las esquinas más recónditas de los poderes establecidos de su tiempo, consiguiendo hacer política, ejercer derechos y conquistar cargos públicos”. Ningún referente mapuche ha logrado desde entonces tal nivel de incidencia pública, concluye.

¿Podría transitar Hotuiti aquella huella olvidada de nuestros abuelos? ¿Por qué no? El escenario, créanme, no está para regodearse. Solo un dato al respecto. En las parlamentarias de noviembre, ningún candidato mapuche podrá encontrar usted en la papeleta de votación. No al menos en las listas del duopolio político. Todos y cada uno de los precandidatos mapuches que luchaban por un cupo al Congreso, al sur del Biobio, se estrellaron tarde o temprano contra un muro. Sucedió en la Alianza y también en la Concertación, hoy llamada Nueva Mayoría. Ninguno. Cero. Nialay. A la mayoría los bajaron desde Santiago y a los menos los sometieron a primarias imposibles de ganar. Este fue el caso de Hilario Huirilef frente a la todopoderosa familia Tuma en La Araucania. Un David frente a Goliat. Es la política chilena. Aquella de “el que tiene mantiene” y otras perlas propias de democracias no precisamente decentes.

Por ello y mucho más, bien por la candidatura de Hotuiti. Y bien por RN, que –vaya a saber uno la razón exacta- se atrevió a postularlo al Parlamento por la región de Valparaíso. Ya lo dije; podría ser el primer diputado de origen Rapa Nui de la historia. Tiene mucho que aprender, es cierto, pero ya decía mi madre que nadie nace sabiendo. El primer diputado Rapa Nui. Yo al menos me alegraría. Ser colonia de ultramar en pleno siglo XXI ya es terrible. Serlo sin tener voz y voto en el Congreso de la metrópolis, mucho peor. Iorana pu peñi, pu lamngen. Fentren newen peñi Hotuiti.