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Patricio Walker (en La Tercera, 13 de julio) tiene razón, aunque no se ha dado cuenta. Preguntado sobre el reciente acuerdo al que ha llegado con Renovación Nacional para cambiar el sistema binominal, respondió que el hecho de que “38 senadores se mantengan con el binominal no me gusta, pero si nos poníamos maximalistas no había acuerdo”. Es decir, que simplemente no es posible, dadas las exigencias de la disposición 13ª transitoria (insertada en el texto constitucional en el 2005), cambiar el sistema binominal. Él cree que con este acuerdo están aprovechando “la última oportunidad de demostrar que en la democracia representativa podemos hacer cambios”, pero por qué piensa esto es incomprensible: lo que él acaba de demostrar es que no es posible eliminar el sistema binominal, porque eso es “maximalismo”. Esto implica que él mismo ha “dado la razón [a quienes] dicen que es imposible hacer cambios dentro de la institucionalidad”.

Porque no podría estar más claro: ni esa propuesta, ni la del gobierno, implican terminar con el sistema binominal. El sistema binominal es, como dijo otro Walker (en El Mercurio, 4 de mayo) , “una bomba de tiempo en el seno de nuestra democracia”. Y si es una “bomba de tiempo”, ¿cómo es que no puede ser modificado? En el caso de la derecha, la respuesta es simple: al defenderlo no están defendiendo lo que es bueno para el país, sino lo que les conviene a ellos. Es una de sus trampas, después de todo. Hoy están dispuestos a introducirle algunos “perfeccionamientos” porque mantenerlo ya les resulta incómodo; como también lo dijo Patricio Walker, si se aferran a esta trampa, corren el riesgo de perder todas sus trampas. Dejemos hablar a Patricio Walker, porque él entiende todo salvo las conclusiones que se siguen de lo que dice: es solo “el creciente apoyo en la ciudadanía a una asamblea constituyente” el que ha logrado, en algunos meses, modificar su oposición de más de dos décadas a una reforma a ese sistema.

Ya que el senador no puede entender las conclusiones de lo que él mismo dice, hagámoslo nosotros por él: mantener el sistema binominal es “una seria amenaza para nuestra democracia” (Ignacio Walker en El Mercurio); pero no hay cómo lograr, mediante las negociaciones en el Congreso Nacional, los quórums que se requieren para acabar con él (Patricio Walker dixit: es “maximalismo”). Si se pudo llegar a un acuerdo para corregirlo en la Cámara de Diputados, es sólo por el “creciente apoyo” a la demanda de nueva Constitución, es decir, de una Constitución sin trampas. Que se trate de apoyo “creciente” implica que la presión que ese “apoyo” generará será cada día más grande (eso quiere decir “creciente”). Hoy esa presión no es suficiente para que la derecha acceda a concurrir con sus votos para eliminar el sistema binominal. ¿Qué es lo que haría un senador responsable, consciente de que estamos tratando con una “bomba de tiempo”? La respuesta es tan obvia que ruboriza tener que decirla: dejaría que ese apoyo continuara creciendo, hasta que llegara el punto en que la demanda de abolición del sistema binominal dejara de ser “maximalista” y pasara a ser realista. ¿Qué hace el senador Walker? Concurre con sus votos a un acuerdo que implica mantener la bomba de tiempo. Como dijo su hermano, “que cada cual asuma su responsabilidad”.

*Abogado constitucionalista