La ex directora del Instituto de Salud Pública (ISP), Ingrid Heitmann, reveló que desde 1980 el dictador Augusto Pinochet dispuso de un arsenal de armas químicas “suficientes para matar a la mitad de Santiago”.

Los químicos, que correspondían a toxinas botulínicas, estuvieron por 27 años en secreto en las instalaciones del ISP. Cuando en el 2008 fueron descubiertos e incinerados, no se le comunicó nada ni al Gobierno de Michelle Bachelet ni a la Justicia.

“No pensé que pudieran ser importantes para un proceso judicial, no se sabía lo de Frei”, dijo Heitmann en una entrevista con la agencia DPA, consignada por Cooperativa, para explicar la decisión de no informar a las autoridades.

La doctora, quien durante la dictadura fue detenida y torturada, puntualizó que en las cajas encontradas faltaban un par de ampollas, lo que hace pensar que fueron usadas por los organismos represores.

En el marco de la investigación por la muerte del ex Presidente Eduardo Frei, se descubrió que el régimen de Pinochet ingresó al país armas químicas de destrucción masiva desde Brasil.

Sólo 0,15 picogramos inyectados de la toxina, prohibida para fines bélicos por las Convenciones de Ginebra y la Convención sobre Armas Químicas, puede matar a un adulto de 70 kilos provocando parálisis muscular progresiva.