Los exiliados chilenos en el Reino Unido, aunque críticos con el presente de su país, miran hacia el futuro con esperanza cuarenta años después de un golpe militar que casi destruyó sus vidas y sus sueños.

Cuatro décadas después de la caída del gobierno socialista de Salvador Allende y su muerte, el 11 de septiembre de 1973, muchas de estas personas, que tras ser detenidas y torturadas lograron escapar de la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-90), ponen su fe en una nueva generación de jóvenes capaz de recuperar los valores por los que ellos lucharon.

Luis Muñoz, de 65 años, refugiado político cuya compañera embarazada -Diana, una periodista que denunció a la oligarquía chilena- fue asesinada por el régimen militar, siente “profunda tristeza” al ver la desigualdad social que, ya en democracia, aún impera en Chile.

“Lo que me da más esperanza y optimismo -matiza, en una entrevista con Efe- son los jóvenes, que tienen al Gobierno en jaque, pidiendo educación gratis, que se acabe con la Constitución aún vigente de Pinochet”.

Muñoz, a quien las torturas dejaron graves secuelas físicas y psicológicas, lo pasó mal cuando llegó al Reino Unido -traumatizado, solo y sin hablar el idioma-, pero, tras mucho esfuerzo, ha logrado volver a “humanizarse” y rehacer su vida.

Al igual que él, que trabaja de psicólogo y colabora con refugiados en el sur de Inglaterra, otros chilenos expulsados de su país por sus ideas izquierdistas miran con desolación el consumismo y neoliberalismo que, en su opinión, se ha apoderado del Chile democrático.

“Yo no sé si se puede considerar democracia que haya una minoría obscenamente rica y una mayoría muy pobre, no poder estudiar o no tener una casa digna”, declara a Efe Carlos Reyes, fotógrafo y activista de los derechos humanos.

Reyes, de 69 años y exfuncionario del Gobierno de Allende, fue expulsado en 1975 de Chile a Panamá, donde trabajó como fotógrafo de la Agencia Efe, y de ahí fue secuestrado en 1979 para ser trasladado de nuevo a Chile vía el Reino Unido (para que se perdiera su pista).

En el aeropuerto londinense de Heathrow, con los guardas que le custodiaban dormidos en el avión por efecto del whisky, este chileno logró escabullirse y solicitó asilo en Inmigración, lo que consiguió con la ayuda de Amnistía Internacional (AI).

Hoy en día es un reportero gráfico de éxito que ha documentado el sufrimiento humano por todo el mundo y que estuvo muy vinculado a la campaña en Londres por la detención de Pinochet, a quien el Reino Unido finalmente devolvió a Chile en el 2000.

Mirando atrás, Reyes siente tristeza por el presente de Chile y “la familia colectiva y la patria que perdimos”, si bien considera que la lucha valió la pena aunque “tomará años y generaciones para que lo que perdimos en un día se pueda recuperar”.

Mientras que este chileno -que, pese a lo que Gran Bretaña le ha dado, será un exiliado “hasta el día que muera”- tiene esperanza en el cambio que promete la candidata presidencial Michelle Bachelet, otros refugiados no confían en los actuales políticos.

Es el caso de Cristina Navarrete, de 60 años e inmunóloga en el Servicio Nacional de Salud (NHS) británico, que se desilusionó con Bachelet y piensa que los próximos líderes saldrán de la nueva generación de jóvenes.

“Ha tenido que nacer una generación que no sufrió la dictadura para atreverse a cuestionar las cosas, jóvenes que no tienen miedo, que cuestionan todo y se dan cuenta de que la falta de acceso a la educación refleja un problema más amplio”, declara a Efe.

Con todo, Navarrete mantiene la esperanza “no solo en que las cosas vayan cambiando” socialmente sino también “para que en algún momento se haga justicia con las víctimas de la dictadura, para que se sepa qué sucedió con tantos compañeros desaparecidos”.

“Sin ese trabajo de reparación no puede haber reconciliación”, afirma.

Precisamente, Amnistía Internacional tiene previsto marcar los 40 años del golpe con una campaña de recogida de firmas para pedir al Gobierno chileno que aborde “los asuntos pendientes en cuanto a verdad, justicia y reparación para las víctimas”, explica la portavoz Mònica Costa.

“Aunque ha habido progresos, como el procesamiento o condena de unas 800 personas en los últimos años, preocupa, entre otras cosas, que siga vigente la ley de amnistía” de 1978, que concede impunidad a los autores de crímenes políticos del régimen, señala Costa.

El próximo miércoles, cuando se cumple el cuarenta aniversario, AI inaugurará en Londres una exposición con fotos de Julio Etchart sobre la resistencia a Pinochet, mientras que la comunidad chilena se congregará pacíficamente ante la embajada de Chile.