Las teleseries fueron un producto cultural fundamental en el Chile de la transición. Por un lado, los canales de televisión concentraban toda su atención en el éxito de sus telenovelas para sustentar la economía anual; y por otro, la sociedad que aprendía a vivir en democracia se formaba una idea de lo que estaba pasando en Chile identificándose con personajes tan variados como “El Cereza” (José Soza, el chileno promedio de La Fiera que se endeudó de por vida para ir al Mundial de Francia ’98) o “Mauricio del Sol” (la doble personalidad de Jorge Zabaleta; un porteño pillo que quiso derrotar el clasismo para hacer triunfar al amor en “Cerro Alegre”, de Canal 13).

Pero en esos tiempos embriagados en entretención y apertura al conocimiento del mundo, no daba lo mismo ser del 7 o el 13. Ver las teleseries del canal estatal -presidido por René Cortázar y emblema del arcoiris concertacionista- o las de la señal católica; significaba -inconscientemente- estar comprometido con una u otra identidad. Porque claro, no daba lo mismo creerse Juan del Burro (Pablo Schwarz en Sucupira, TVN, 1996) que DJ Billy (Juan Pablo Sáez en Adrenalina, Canal 13, 1996); los niños símbolos del área dramática de ambas estaciones en aquel año.

Oh mijitas ricas

Según encuestas del Consejo Nacional de Televisión de finales de siglo, el público de las telenovelas de Canal 13 era más fuerte en el segmento ABC1, mientras que las de TVN arrasaban en los sectores populares.

¿Pero, eran cuicos y/o conservadores los que en los ’90 se la jugaban por el 13? Eduardo Santa Cruz, autor del libro “Las telenovelas puertas adentro; el discurso social de las telenovelas chilenas” -el “ladrillo” del análisis del género-, responde.

“La gente se abaderizaba, porque eran teleseries de distinto tipo, pero eso se acabó hace rato. Además cambiaron los canales, el 13 ya no es de la Católica y TVN ya no es de la Concertación. En los ’90 las telenovelas las veían gente de todas las edades, hasta a los niños les gustaban y era parejo entre hombres y mujeres. No era el mito que había en la época de que las teleseries eran para dueñas de casa medias tontas. Y ese público era pluriclasista y efectivamente había diferencias entre los que veían el 7 o el 13. Eso se notaba en el rating; TVN normalmente le sacaba la cresta a la Católica”, parte diciendo el sociólogo y académico de la Universidad de Chile.

“El público de TVN era un poquito el público de la Concertación, un poquito más suelto. En Estúpido Cupido metieron a la monja que se enamora o el cura que se enamora en Romané; aunque ninguno de los dos se sale de cura o de monja para vivir su amor. Tampoco te aparece la homosexualidad, que recién aparece en 2003 con Machos. Es curioso, porque TVN era un poquito más liberal, pero en verdad eran bastante conservadoras las dos si las miras con el criterio de hoy; pero el público de TVN era más ligado a la Concertación, que era el que seguía el discurso oficial de la transición, de la democracia de los acuerdos y los consensos”, añade Santa Cruz.

¿Guerra ideológica?

Pero más bacán que ser hincha del 13 o el 7, era estar abanderizado con UN ELENCO. En ese tiempo, en TVN había dos equipos. El del primer semestre, dirigido por Vicente Sabatini -padre del discurso de transición- era una especie de “los mejores jugadores del mundo”. Pancho Reyes, Claudia Di Girólamo -pareja eterna-, Pancho Melo, Alfredo Castro, José Soza, Luis Alarcón y Néstor Cantillana, entre otros, recorrieron Chile entero para enseñarnos cómo estaba nuestro país en la ruta al nuevo milenio.

En el libro de Santa Cruz, aparecen detalles exquisitos de la apuesta estatal de Sabatini, como que en el final de “Pampa Ilusión”, el malvado dictador Mister Clark (Héctor Noguera) no cayera preso ni fuera ajusticiado; sino que saliera impune, desprestigiado y solitario. Una metáfora perfecta del ocaso de Pinochet que “aseguró la paz social”. Otro ejemplo del proyecto sabatinista es la compatibilidad que debía darse entre tecnología-santiaguinos y etnias como los pascuenses (“Iorana”, 1998); o grandes empresas forestales y pesqueras con localidades del interior (“Oro Verde” y “La Fiera”).

El segundo semestre, en tanto, estaba a cargo de María Eugenia Rencoret. Siempre fue el hermano chico de la fiesta, perdiendo en tres ocasiones con Canal 13. Pero todo sacrificio tuvo su recompensa, cuando “Amores de Mercado” en 2001 se convirtió en la teleserie más vista en la historia desde que existe el people meter: 46,7 puntos ¡PROMEDIO! #TodosSomosPeyuco

Para Santa Cruz, “el discurso de las teleseries de TVN era el que te decía que el país se encaminaba a la modernización y su plena inclusión dentro del mundo global, y eso se podía hacer sin generar conflictos de base, por ejemplo de identidad. El público del 13 era más ligado a la telenovela tradicional, mientras TVN estaba ligado al modelo brasileño. En esa época o veiai una o veiai la otra. Las del 13 trabajaban historias más universales, en cambio las del 7 trataban historias más referenciales a Chile”.

Las excepciones del 13

En los 22 súperclásicos que protagonizaron el 13 y el 7 -algunos con la intromisión de Mega y otros sin la presencia del canal del angelito-, el de Don Francisco ganó en apenas seis.

Marrón Glacé, Amor a Domicilio, Playa Salvaje, Adrenalina, Marparaíso y Machos fueron excepciones a la regla del arrastre estatal. Y entre todas esas, la juvenil historia de Katy Winter, Alexis Opazo y Dj Billy fue un azote de modernidad -escrito por Pablo Illanes- que supo interpretar mejor que cualquier otro guión del canal católico lo que el pueblo quería ver. Colores fluor, dj, noche, fiesta, latex y satélites. Las “reinas de la noche impusieron” una verdadera moda estética, donde lo que más marcó a las niñas del país fue el delantal abierto, los cachitos de la Kathy Winter, la ropa de colores fuertes y el visionario bullying de Alexis.

Pese a estas excepciones, Mario Arredondo, investigador en postgrado de comunicación política, cree que ver las del 13 era casi ser de derecha. “Ver las teleseries del 7 era como estar contra Pinochet. En los ’90 el qué teleserie veías era el Sí y el No; ver el 13 era apoyar al cura Hasbún. TVN tuvo la gracia de impulsar con Sabatini el rescate -aunque despolitizado, como buenos ’90- del bajo pueblo y sus tradiciones. Mientras que el 13 recurría a melodramas vacíos que casi siempre se contextualizaban en personajes de medio o buen pasar. Podríamos decir que con Machos finalmente el 13 gana la guerra ideológica e inaugura una era en la cual todos los canales adoptan el melodrama facilista y siempre inserto en un mundo de buen pasar”.

VIDEOS QUE NO PUEDES DEJAR DE VER

1- Cuando el cura Juan declara su amor a Jovanka, en Romané.

2- La muerte del payaso Lindorfo, en “El circo de las Montini”.