1- Que ALGUIEN robe ALGO

Son las tres y media de la mañana en la casa del amigo de tu amigo, la pista está onfire danzando “La Diosa de los corazones”; el perreo se apresta a alcanzar la gloria; las luces se apagan y los cuneteados asoman. La coquetería ya casi es lujuria. Es el mejor momento de la noche y el copete sobra. Pero todo el fenesí se acaba de golpe. La música se extingue, la dueña de casa prende las luces e increpa a los asistentes al azar: “SE ROBARON UN CELULAR!!!”. La tragedia es mayor si el teléfono móvil es el que estaba haciendo las veces de Dj.

Tras media hora de infructífera búsqueda y un par de touch and go abortados, comienza el desalojo entre las lágrimas de la nueva víctima de la delincuencia. Murió el carrete.

Dos semanas después, se descubre que el ladrón había sido el weón mas insospechado: tu ex compañero de curso de la básica.

2- Que el dueño de casa WITREE

La segunda causa de término de fiesta más común en nuestro país es que el anfitrión se cure raja, pero raja-raja. Suele ocurrir en los cumpleaños de jóvenes de entre los 18 y los 25 años. El festejado, que convocó “desde temprano” -para aprovechar el día- en un parque tipo O’Higgins-Intercomunal-Ermitaño está tomando desde las 4 de la tarde. Sus invitados, que llegan a las 8, lo encuentran en pleno estado de ebriedad. Cuando el evento se traslada a la casa del convocante, éste ya está en estado de bulto, cual bolsa de leche. Entre las 12 y la 1 el witreo escandaloso impide la extensión del carrete. ¡QUE ASCO CUANDO SE TAPA EL BAÑO!

3- Que se ROMPA UN OBJETO de vital valor para el hogar

En toda familia hay elementos de decoración cuyo valor estético sólo aprecian quienes llevan la misma sangre. Es así como en una biblioteca o bifé, una loza roñosa que fue furor en los 70 se convierte en el elemento más importante de la casa. Lo mismo se repite con chiches que pueden ir desde mariposas de goma eva a conchas-ceniceros. Pasarlos a llevar en medio de una fiesta y dañarlos en lo más mínimo significa repudio colérico de la descendiente y expulsión inmediata del inmueble.

4- Que la MAMÁ SE SUME

A eso de las 5 de la mañana, el living comedor de la casa-sede es una cantina. La mesa de centro no resiste más vasos y los sillones no dan abasto. Los más prendidos osan llamar al delivery de copete con la firme intención de ver el amanecer. Los planes se van a la chucha cuando suena el motor de un auto. Llegaron los viejos. El papá saluda, se va a acostar raja. La mamá ídem, pero se prende a un ritmo inusitado. Se instala donde pueda y empieza a echar la talla en una frecuencia totalmente distinta a la hasta esa hora vigente. No se verá el sol.

5- Que el dueño del celular SE ACABRONE con la MÚSICA

Con la extinción del equipo de música como fuente de entretención, el smatphone pasó a ser la estrella del dragón del carrete. El dueño del aparato es amo y señor y, de su voluntad, depende qué tan bien lo pasemos. Criminal es su decisión de ponerse sentimental, folclórico o irse en cualquier volá personal que incluya Reik, Bacilos o Tito Fernández. Casi tan “se les acabó la fiesta” como que el primo con guitarra pida palmas para entonar “Paramar” de Los Prisioneros. (¿Ya pasó de moda gozar “Amor violento” de Los Tres?).

6- Que una PAREJA PELEE

Probablemente porque a una mina le tocaron el poto -o pensó que le tocaron el poto, o algo relacionado con el poto-, se desata una trifulca que puede terminar en cualquier Sapu o Clínica, dependiendo de la geolocalización del jolgorio. El elemento celos es de especial cuidado para evitar la muerte de un carrete. Tan mierda como que dos hombres/minas peleen por una mina/hombre es la discusión eterna entre enamorados lateros; quienes se roban toda la atención del plató. La ropa sucia se lava en casa (?)

7- Que JUNTAR GRUPOS no funcione

Al llegar a cierta edad, son múltiples los grupos donde uno tiene amigos: desde los compañeros del colegio hasta los de la pega, pasando por los del barrio y los de la U. Hacer un carrete que los mezcle es meterse en camisa de once varas. Hay dos posibilidades: que resulte un éxito (incluso con pololeos de por medio) o un completo fracaso. Casi siempre pasa esto último: naciendo disputas entre tus mejores amigos que intentar defender su trono o un superclásico bullying debido a la disparidad de estilos.

8- Servir CONSOMÉ

En la versión familiar de las celebraciones chilenas, hay todo un ritual donde el ítem alimentación es hasta más importante que el copete. Entrada, fondo y sobremesa son el “todo pasando” juvenil; y tirar las carnes el mayor cortejo posible. Luego de la comilona y la decena de tecitos que las señoras han consumido cual cocaína, la conversa y risotadas se extienden por horas; hasta que la dueña de casa se para, va a la cocina con paño al hombro y empieza a servir el maravilloso consomé del adiós. Si usted no se va tras ingerirlo, tómese un ubicatex.

9- KARAOKE forzoso

Carretiar con karaoke en una casa, sin saber que te encontrarías con ello, es una mierda total. Casi siempre es el capricho de un par de adultos jóvenes que fueron a un pub y lo pasaron la raja doblando a Juan Gabriel. Sin embargo, la casa es un espacio reducido y no todo el mundo escogió ir a escuchar a -a veces- desconocidos haciéndose los chistosos. Lo peor es que se está obligado a integrarse a la dinámica, con toda la vergüenza y paja que da. Los curaos se apoderan del micrófono y eligen canciones que sólo les gustan a ellos. Si no hay más tema o actividad para pasarlo bien que depender de un CD, está todo dicho: se acabó la fiesta.

CONSEJO: Si vas a hacer un karaoke, avisa.

10- Que el tema de conversación SEA LA PEGA

Desde Odlanier Mena hasta la última imitación de Kramer. Temas para conversar en Chile, hay. Sólo se necesita interés y un poco de empatía entre los participantes de la tertulia. Pero si la junta partió comentando el frío que ha hecho en las últimas mañanas, lo que viene no es difícil de adivinar: se terminará hablando por horas sobre cómo te ha ido en la pega, las dificultades que has tenido con tu jefe o las posibilidades de ascenso. UNA LATA QUE NO LE IMPORTA A NADIE. Señal clara y certera de que la diversión se acabó y que hay que irse pa la casa.