*Fotos Alejandro Olivares

Viviste 13 años en Barcelona. ¿Cómo era tu vida en comparación a la de ahora?
-Distinta, pero igual de entretenida. A Barcelona, llegué con 18 años, 700 dólares y una maleta. Me quedé en Barcelona, porque me enamoré súper joven y estudié teatro. Hice muchas obras de teatro en compañías muy distintas, también performances para discotecas. Eran bien choras.

¿Qué tan choras?
-Hacía harta performance bien acrobáticas. Bueno, me pasaba todo el día haciendo ejercicios. Era puro músculo y hacía hartas performances en discotecas, en raves, en fiestas electrónicas. Era bien entretenido, lo pasaba muy bien. En Barcelona fui muy feliz, lo pasé muy bien. Me dedicaba a lo que me gustaba en ese momento que era actuar. Armé un centro cultural, que fue la movida de los 90 en Barcelona, que se llamaba Banana Factory, donde se hacían festivales de performance, de cine, fiestas muuuy entretenidas, donde decorábamos todo y después lo cambiábamos todo, como un Matucana 19 o un Trole, pero en Barcelona. Y era como el comienzo de la movida electrónica. Entonces, estaba todo el mundo descubriendo toda esta…

Debe haber sido una época intensísima…
-Intensísima. Yo no sé cómo no parezco más vieja y parezco tan joven, ja, ja, ja. Estaba todo pasando en España. Llegaba gente de todo el mundo, jóvenes, artistas. Ya había ocurrido el destape y España había ingresado a la Comunidad Económica y era más barata y tiene un clima increíble, la gente vive muy bien allá, entonces, iban muchos estudiantes de Europa y se iban para allá, porque claro se iban a estudiar pero lo pasaban regio. Había una mezcla de culturas interesante. Y, como estaban, además, modificando la ciudad, estaban derrumbando parte de la ciudad, para hacer la nueva Barcelona, habían de repente en un año cuadras de edificios vacíos. Entonces, llegaba un colectivo y se lo tomaba para hacer exposiciones y fiestas temporales. Fue una época muy creativa en mi vida y para Barcelona. Muy estimulante. Yo soy quien soy, porque viví 13 años en Barcelona y viví muchas cosas, y tuve la posibilidad de vivir con gente muy distinta, con historias muy distintas a la mía, y con gente que estimulaba la creatividad todo el rato.

¿Y experimentaban con drogas?
-Sí. Hice de todo y lo pasé muy bien. Y probé todas las cosas que quise probar.

¿Qué probaste?
-Una larga lista que a nadie le interesa más que a mí.

No lo creas… ¿Y recomendarías alguna en especial?
-Podría recomendar miles de cosas, pero yo creo que la gente tiene que probar las cosas que tiene que probar y que siente que tiene que hacer. Yo creo que no hay nada que uno le pueda recomendar en materia de experimentación mental a la gente. Todo lo que he experimentado en mi vida, con mi cuerpo y mi cabeza, han sido cosas para las que me he sentido preparada y por eso lo he hecho. Pero nadie me ha recomendado ni jamás me he sentido presionada para probar o no probar algo. Y siento que finalmente eso es lo que importa; que la gente adulta tenga la libertad de decidir si quiere tomar éxtasis, tomar ácido, fumar marihuana o tomar pastillas que venden libremente en la farmacia.

En ese tiempo, contabas en una entrevista en The Clinic, que te habías liberado de tu historia política.
-O sea, más que liberarme de la cosa política, lo que viví siendo niña y adolescente fue tan fuerte que sentía como un peso, como una responsabilidad tan fuerte, que me hizo que cuando chica fuera responsable. Cachaba que mi mamá lo había pasado mal, pésimo, tenía su papá desaparecido, le habían matado a su compañero, que me hizo que fuera bien responsable hasta que salí del colegio. Yo me sacaba súper buenas notas, era súper buena estudiante, mi mamá me decía que llegara a una hora y yo llegaba a esa hora. Sentía que era injusto hacerla pasar por miedos. Entonces, cuando me fui a Barcelona, me acuerdo que me subí al avión, miré por la ventana y vi la cordillera y dije “ya está, ya cumplí con todo el mundo, me ha ido bien en la vida y ahora voy a cumplir conmigo, voy a vivir las cosas que quiero vivir y voy a tomar los riesgos sin preocuparme de que va a estar todo el mundo asustado de que me vaya a pasar algo”.

Y en ese tiempo que estuviste en Barcelona, ¿venías a Chile?
-Cada cuatro años y lo pasaba pésimo.

¿Por qué pésimo?
-Me cargaba Chile en los 90. Vine el 95 y 98 y lo pasé muy mal. Me dolió mucho, sentí muy gris Chile. Sentí que no había pasado nada, que nada había cambiado. Sentía que todo lo que habíamos hecho para terminar con la dictadura, había sido en vano. Y me enojaba, peleaba con todo el mundo. Y nada. Me molestaba que todo el mundo era igual, que no había diversidad. Pero, bueno, ya como que pasaron de moda los pokemones, pero cuando uno los veía en las plazas, no sé, la gente que puede vivir su amor sin importarle… bueno, no, falta mucho, pero todos los temas de la diversidad sexual, eran temas que no se hablaban y que hoy sí….

Esta juventud de ahora, ¿es más progresista en esos temas?
-No sé si lo son, pero creo que la sociedad se ha ido abriendo y que hoy ver dos mujeres de la mano no causa tanto escándalo como hace 20 años. Pero yo cuando era joven mis compañeros eran bastante progresistas, ja, ja, ja.

¿Qué tan progresistas?
-ja, ja, ja. No sé. Yo vengo de una familia ultra liberal. Mis papás no estaban casados, hemos andado piluchos toda la vida, siempre se han respetado las decisiones personales de cada uno. Vengo de un entorno que cree en la libertad individual del ser humano, en el que tú puedes hacer lo que quieres con tu cuerpo, con tu cabeza, mientras no estés afectando al de al lado. Y, efectivamente, la sociedad se está abriendo y se está discutiendo el tema del matrimonio igualitario. Pero en este país sigue habiendo un sector conservador con mucho poder, que ha ido bloqueando cosas, pero la gente igual hace las cosas. La gente siempre ha abortado aunque no exista ley de aborto.

Y la gente siempre ha fumado pitos sea legal o no.
-Claro. Pueden estar más reprimidos por el entorno, pero lo hacen igual.

Este tipo de temas, ¿los conversan en Revolución Democrática?
-Sí, pero a mí no me ha tocado. No he estado en discusiones sobre ese tema. Pero me imagino que son temas que se tocan en comisiones. No te podría decir si hay una postura al respecto, pero por pura ignorancia mía nomás. Pero, yo, personalmente, Javiera Parada, creo que cualquier persona debería poder fumar lo que se le dé la gana. Y lo mismo con el aborto. Estoy a favor de la legalización absolutamente. Creo que la mujer debe poder hacer con su cuerpo lo que crea necesario. Chile es un país que le encanta el tema de la doble moral. Te aseguro que la mayoría de la gente que legisla en contra del aborto, el 80% de ellos, tienen hijas o mujeres o conoce gente que ha abortado. Entonces, no entiendo si es que hay una evidencia empírica de que la gente aborta, ¿para qué tenemos que tener eso de manera ilegal? ¿Por qué no regularlo? También con el tema de la marihuana si es una evidencia que la gente fuma marihuana, ¿por qué no tener un mercado que controle lo que la gente fuma? Yo no fumo pitos, porque me da paranoia, pero encuentro que el que fuma pitos tiene todo el derecho a fumar pitos.

¿Y eres partidaria de legalizar todo tipo de drogas?
-Yo, Javiera Parada, creo que uno debiera poder acceder a todas las sustancias que uno quiera y que uno pueda poder consumirlas. Los adultos deben poder decidir sobre sus vidas, con quién se acuestan, con quién no, qué se meten en el cuerpo y que no.

DE VUELTA

Si estabas decepcionada del país, ¿qué te trajo finalmente de vuelta?
-Cuando vine el 2002 sentí que algo estaba pasando y me quedé seis meses. Estuve haciendo fiestas electrónicas y organizando eventos. Y regresé a Barcelona como “oh, sería bueno volver a Chile”, pero llegué allá y se me olvidó Chile, porque Barcelona me encantaba. Y, después, volví el 2005 al matrimonio de un hermano mío y ahí dije “wow, acá están pasando muchas cosas”. Estaba de candidata la Michelle Bachelet, la Soledad Alvear y como que se sentía que había pasado cosas, que el país había cambiado, que había aire fresco. Y volví a Barcelona y todos mis amigos me dijeron “anda a Chile, porque no parai de hablar de Chile”. Y cerré mis cosas, dejé mi casa armada, guardé mis libros, mi música, y me vine con una maleta. Llegué en agosto, de 2005, y a las dos semanas estaba trabajando. Y nunca más paré de trabajar hasta ahora. Ahora, no sé cómo han pasado ocho años. Encuentro que Chile está en un momento emocionante, súper interesante, con mucha mística. Siento que es un año que tiene muchas similitudes con lo que ocurrió el año 88. Por supuesto, de otra manera, porque no estamos saliendo de una dictadura sangrienta, pero sí hay un punto de inflexión súper grande que por fin siento que está terminando la transición. Y creo que la irrupción de los movimientos sociales, en el 2011, hicieron que todo se tambaleara, no en el mal sentido de la palabra, pero fue un sacudón que hizo que a mucha gente nos remeciera…Creo que la apatía que reinó durante muchos años de la transición, intencionada de alguna manera, está en retirada. A mí me ha tocado estar con pescadores, con gente en Punta Arenas que vivió el aluvión, con pobladoras y la gente se quiere juntar, quiere volver a participar del diseño de este país. Y encuentro que eso es… te hablo y me emociono… me conmueve profundamente que queramos de nuevo mirarnos como país a los ojos y construir juntos el país que queremos ser. Siento que nos estamos sanando de lo que ocurrió en Chile, sanando en el sentido que volvimos a creer que era posible aspirar al país que queremos.

Por eso te metiste en la política…
-Siempre me ha atraído desde chica la política. Vengo de una familia en que todos los domingos las conversaciones son sobre política. Y a mí, básicamente, me interesa la vida colectiva, lo que nos pasa a todos juntos. Me interesa pasarlo bien en mi vida y por eso me gusta la música y bailar, pero también me interesa vivir en una comunidad que sea lo más feliz posible. Y yo el 2011 me sentí interpelada por lo que estaba ocurriendo con el movimiento estudiantil. Sentí que mi aporte ya no podía seguir siendo desde el ámbito cultural, que tenía que involucrarme de otra manera, que el llamado que nos estaba haciendo esa generación que estaba en la calle era hacernos cargo de nuestro presente y futuro. Entonces, comencé a averiguar y llegué a Revolución Democrática y ahí me he sentido muy cómoda. Admiro a la gente con la que trabajo. Siento que es un espacio de libertad, de discusión de ideas, sin dogmas pre establecidos. Y mi trabajo en Revolución Democrática fue lo que me entusiasmó a participar y después recibí el llamado a participar en el comando de Michelle Bachelet, que no me lo esperaba, y luego cuando me salí justo estaba saliendo la campaña de Marca tu Voto…. Y la verdad es que se fue dando que me metiera en política.

Estuviste en el comando de Bachelet, luego renunciaste, ahora has dicho que votarás por ella. ¿No fue un error el renunciar?
-No, para nada. Estoy muy tranquila. La gente me para en la calle, día por medio, para decirme que se sienten súper interpretados por lo que hice y que más allá que apoyen a Bachelet o no, como yo lo hago, porque yo voy a votar por ella. Más allá de eso, creo que los gestos donde la ética se pone al servicio de la política son importantes y para mí era importante cumplir con lo que le había dicho a mis compañeros de Revolución Democrática que era que yo estaba en ese comando porque iban a ver primarias parlamentarias.

Te debe haber costado mucho tomar esa decisión…
-Sí, mucho. Ha sido uno de los procesos más difíciles que me ha tocado vivir en mi vida. Pero hice lo que tenía que hacer. Yo, de verdad, creía que las primarias parlamentarias eran muy importantes para volver a encantar a mucha gente que se ha desencantado con la política. Y creo que había una enorme posibilidad con las primarias parlamentarias de reencantar a la gente. Por lo tanto, no podía quedarme. Y me costó. No fue fácil.

Y tú mamá ¿que te dijo? ¿Se molestó?
-Mi mamá siempre ha apoyado lo que he hecho y lo ha respetado, aunque no esté de acuerdo. Y esta no fue la excepción. Para ella fue difícil.

Y Bachelet cómo lo tomó. ¿Lo hablaste con ella?
-Por supuesto. Tuve una conversación con ella, una conversación privada, y creo que eso tiene que mantenerse así en lo privado.

EL PC
Tu primera incursión en la política fue siendo chica, a los 13 años, en el PC.
-Sí. En Chile, en esa época, era como obligatorio participar de la lucha contra la dictadura.

Militaste hasta los 16. ¿Por qué renunciaste?
-Porque empezaron a caer los socialismos reales en Europa y empecé a darme cuenta de cómo vivía la gente en esos países. Y empecé a hacer preguntas y se las planteé al interior de la juventudes comunistas y nadie pudo responderme en ese momento.

¿Qué preguntas te hacías en ese momento?
-Por qué la gente estaba protestando en la calle, por qué la gente no quería vivir en esos sistemas. Y nadie pudo responderme. Y, como te he dicho, para mí la libertad es un valor supremo. Y en eso momentos en que nosotros estábamos luchando por la libertad, en otros lugares del mundo no existía libertad y en eso el PC no fue lo suficientemente claro y me fui. Como no había debate, eso no me siguió invitando a militar.

¿Y ahora cómo ves el partido?
-Como uno viene de familia comunista, queda un gran cariño y respeto hacia el partido… uno se queda con algo del alma comunista para siempre.

¿Cuál es tu alma comunista que te va quedando?
-No sé qué tengo de comunista, pero tengo un gran respeto por su historia. Y tengo algunas diferencias, pero que son bastante menores en comparación al respeto que le tengo.

¿Cuáles son tus diferencias con el PC?
-Tengo algunas opiniones diversas sobre algunas cosas con ellos. Por ejemplo, sobre Cuba. Para mí allá no existe libertad y para mí eso un derecho fundamental, al igual que tomar leche cuando uno es niño… Entonces, lo que pasa allá para mí es fragante…

Camila Vallejo fue a Cuba y quedó maravillada
-Camila Vallejo tiene todo el derecho de opinar lo que quiera. Lo que es claro para mí es que el PC ha sido un férreo defensor de la democracia en Chile y que hay partidos aquí en Chile que no hicieron nada para defender la democracia mientras se violaban los derechos humanos. Para mí, eso es lo importante. Y que hoy esos se hagan como si fueran los adalides de la democracia, me parece que para decir eso hay que ser fresco de raja.

Pese que la Nueva Mayoría bloqueó la posibilidad de que participara Revolución Democrática de ese pacto, votarás por Bachelet.
-Yo creo que es algo que ocurrió y no podemos cambiarlo. Pero ha habido gestos súper potentes como la omisión en Santiago centro que hablan de un convencimiento de la fuerza de la Nueva Mayoría de que es necesario de que entren nuevas figuras al congreso nacional y que puedan impulsar la fuerza de cambio que hoy están impulsando… Y, votaré por ella. Ella es la persona que tiene la capacidad de liderar el proceso de transformaciones profundas que Chile está exigiendo. Ella es convocante y tiene la capacidad de generar las mayorías que impulsen los cambios estructurales que Chile hoy está pidiendo. Por eso votaré por ella.

Qué te parece Claude. Esta semana llamó a no marcar AC, después se anduvo desdiciendo…
-Me parece confuso y raro que alguien que dice que tiene en su proyecto la asamblea constituyente salga en un video llamando a no marcar el voto, como si la asamblea constituyente fuera de él…y me parece que tiene un uso totalmente electoral. No creo que tenga un comportamiento profundo porque un día dice una cosa y otro día dice otra cosa. Esta demanda de participación es una demanda transversal y no es dueño un sector político de este país. No es un botín.

¿Y se está transformando en un botín?
-No, pero creo que dirigencias que un día dicen una cosa y otro día otra, y que creen que sólo ellos pueden hablar de algo, de alguna manera lo utilizan como botín.

Marcel Claude decía que uno no sacaba nada con marcar AC si salía Bachelet o Parisi porque con ellos las cosas no iban a cambiar…
-Es lo que cree él. Yo tengo otra opinión. O sea, por Parisi no voy a votar, pero tengo otra opinión.

A propósito, ¿qué te parece lo de Parisi?
-Terrible. No entiendo cómo todavía la derecha no entiende que ser funcionario público y dedicarse a la función pública, lleva consigo una ética ciudadana y de responsabilidad enorme. Entonces, tienen candidatos que evaden impuestos, que tienen dineros en las Islas Caimán. O sea, la derecha aún no ha entendido que Chile no es una empresa que pueden administrar y que por lo tanto da igual a quien pongan de candidato y que se haya saltado las reglas.

La Segunda este lunes publicó un editorial en contra de la AC.
-Como una campaña del terror. Aquí siguen habiendo defensores de la institucionalidad y del legado de Pinochet. Y que están en La Segunda y en El Mercurio. Ese editorial tiene premisas falsas. Parte con una mentira al decir que estamos eludiendo la normativa vigente. Eso es mentira. Estamos haciendo un acto que es legal, que es parte de la ley, así lo ha ratificado el Servel innumerables veces. Por lo tanto, nosotros no estamos intentando saltarnos la ilegalidad para nada. No estamos llamando a tomarnos el Congreso y el palacio de invierno, no, estamos llamando a hacer uso de lo que dice la ley.